sábado, 19 de junio de 2010

Termópilas


“Oh, extranjero, informa a Esparta que aquí yacemos todavía obedientes a sus órdenes”. Tal frase aparece esculpida en una piedra colocada en el paso de las Termópilas, donde trescientos de mis camaradas murieron luchando por la libertad de Grecia, en lo que actualmente se sitúa en el año 480 antes de Cristo. Simónides, el gran poeta griego, quiso así rendir un tributo a los que lucharon y murieron por unos ideales.

Entonces, el persa atravesó finalmente el paso, aunque fue derrotado en Salamina y Platea y tuvo que volver sobre sus pasos y retornar a su reino de penumbras. Pero ¿acaso ya no ha vuelto a intentarlo? ¿No habrá nuevos persas escudados en las sombras y a la espera del momento adecuado para sumergir a la civilización en el horror del culto a la riqueza y al poder?

Leo el poema de otro griego, mucho más reciente en la historia, Kavafis, que dijo, respecto a los valientes 300:


Honor a aquellos que en sus vidas
custodian y defienden las Termópilas.
Sin apartarse nunca del deber;
justos y rectos en sus actos,
no exentos de piedad y compasión;
generosos cuando son ricos, y también
si son pobres, modestamente generosos,
cada uno según sus medios;
diciendo siempre la verdad,
mas sin guardar rencor a los que mienten.

Y más honor aún les es debido
a quienes prevén (y muchos prevén)
que Efialtes aparecerá finalmente
y pasarán los Persas.


El Persa, disfrazado de modernidad, está atravesando el desfiladero, y no hay nadie que le plante cara, que clave sus lanzas en el suelo y diga: ¡Hasta aquí, y ni un paso más! Nadie. Es cuestión de tiempo, de muy poco tiempo, que los herederos de Jerjes dominen la tierra.