viernes, 30 de diciembre de 2011

Los pequeños detalles

Lo que da sentido a la vida no son los grandes acontecimientos, ni las trascendentales obras, sino las cosas pequeñas, que casi no tienen importancia. Son los pequeños sucesos diarios los que nos llenan –o nos deberían llenar-, los que nos “fabrican” y hacen que seamos como somos. Lo que sucede es que por ser tan pequeños, tan “casis” no les damos importancia alguna... hasta que nos faltan.

Una vida repleta de hechos importantes no tiene por qué ser una vida magnífica; fiestas, heroicidades, creaciones geniales, amores inmortales... son sólo accidentes que acaecen. Hay que dar más importancia a los detalles; el beso de una persona amada, el olor de una flor, un amanecer en primavera, o el canto de un pájaro.

El problema es que no le damos importancia a lo que vivimos todos los días que es, precisamente, lo que hace que seamos y sigamos siendo, con nuestros adorables defectos y nuestras detestables virtudes.

FELIZ AÑO NUEVO

viernes, 23 de diciembre de 2011

Los cuatro jinetes

Muerte, hambre, terror, injusticia... Los cuatro jinetes del Apocalipsis cabalgan por todos los rincones de la Tierra. Millones de seres humanos mueren cada año víctimas de ellos.

El Hambre acaba en el Tercer Mundo con un niño cada 20 segundos. En el tiempo que dura un partido de fútbol fallecen 270 niños de hambre en el mundo. Empresas como NIKE o ADIDAS explotan el hambre pagando salarios míseros. En el mundo “civilizado” se destruyen alimentos porque sale más caro sacarlos al mercado que regalarlos a los más necesitados.

La Peste, las enfermedades, como el SIDA, la Lepra, el cólera, o un simple resfriado, acaban también con millones de seres humanos en el planeta. África terminará convirtiéndose en un enorme erial, vacío de hombres y mujeres, azotado por todas las plagas habidas y por haber. Una simple vacuna, de coste mínimo, salvaría muchas vidas, pero tampoco parece existir dinero para subvencionarla. Un fusil de asalto vale tanto como miles de esas vacunas y, en cambio, abundan en muchos de esos países necesitados de medicinas.

La Guerra, eterna compañera del ser humano, sigue destruyendo vidas y haciendas en países de los que nadie se acuerda salvo para emitir imágenes de los sucesos bélicos. Todos los contendientes son armados por no se sabe quién o qué interesados. Armas que proceden de muchos países de Europa o EE.UU. Armas que se venden en circuitos ilegales o, peor aún, directamente por los gobiernos que favorecen su fabricación. Pero nadie dice nunca de dónde proceden esas armas “legales”.

La Muerte, como reina de los cuatro jinetes, sonríe, muestra sus blancos dientes envueltos en el negro ropaje que siempre la ha caracterizado, y sigue cabalgando, invencible, sobre los campos de la Tierra.

viernes, 16 de diciembre de 2011

Los ríos de Heráclito

La vida transcurre siempre de forma parsimoniosa, como un río, bien lo dijo ya Jorge Manrique. Como un río, tiene momentos en que está tumultuosa, en otras ocasiones, transcurre suavemente, formando suaves meandros. A veces se precipita en rápidas cascadas o transita entre abruptos desfiladeros sin atisbar cielos u horizontes. Finalmente siempre acaba en el mismo lugar. Y como un río la vida hay que verla en conjunto, contemplando todo el trayecto recorrido.

Difícilmente la comprenderemos si sólo vemos las cascadas, o el riachuelo inicial, o su desembocadura en el mar eterno. Lo que es el río al final, o a mitad de su trayecto no surge por encantamiento, ni de forma espontánea: a lo largo de su discurrir ha sufrido modificaciones, alteraciones en su curso, aportaciones de afluentes, precipitaciones... y no es el mismo río de unos instantes atrás, de hecho nunca es el mismo río, como diría Parménides.

Cada uno de nosotros y nosotras es un río particularísimo, diferente, único... no pueden pretender igualarnos a todos en la monotonía de un trayecto. No somos corderos a los que se puede decir por dónde ir, ni ríos a los que se pueda contener con embalses de palabras y de normas.

viernes, 9 de diciembre de 2011

Perder el Tiempo

“Perder el tiempo”. ¿Qué es perder el tiempo? ¿Ver pasar, tumbado sobre el sofá, o sobre la yerba, los minutos, las horas, sin hacer absolutamente nada? ¿Y qué es “hacer algo”? ¡Reivindiquemos el derecho a no hacer nada!, a “perder el tiempo” de una forma inmadura, infantil, adolescente, sin vernos en la obligación de practicar alguna afición como una forma de “matar” a ese tiempo omnipresente.

El tiempo no es enemigo de nadie... tampoco es amigo de cualquiera: es una dimensión más; un lugar donde estamos a cada momento, pero que va transformándose continuamente. No se pierde lo que no se tiene, y el tiempo, por inmaterial, no se puede poseer. Nadie es dueño más que del segundo en que nota latir su corazón; ni lo es del segundo anterior, que ya pasó, ni lo es del siguiente, que está por venir y nunca es seguro que llegue.

¿Es todo esto un cúmulo de contradicciones? No creo que sea así porque, realmente, cuando uno piensa que, haga lo que haga, el final será el mismo -y esto no es un alegato al nihilismo-, necesita tumbarse sobre el sofá, o sobre la yerba, los minutos, las horas, sin hacer absolutamente nada… al menos hasta que el estómago pida de comer, la boca se quede seca, o la siempre persistente conciencia -que se carga de remordimientos- despierte el deseo de hacer algo.

sábado, 3 de diciembre de 2011

Esopo y las circunstancias

Una fábula de Esopo: “Un hombre con canas tenía dos amantes, una joven y otra vieja. La de más edad, avergonzada de tener trato con uno más joven que ella, no dejaba, cuando venía a estar junto a sí, de arrancarle los pelos negros. La más joven, tratando de disimular que tenía un amante viejo, le arrancaba los blancos. Y así, depilado por turno a manos de una y otra, llegó a quedarse calvo.”

Y así, al igual que el cuentecillo español del hombre y el niño que van con el burro, nos encontramos en la vida: todo el mundo tiene su opinión y no podemos dejarnos llevar por el oleaje, porque nos llevaría de un lado para otro, sin rumbo fijo.

Hay que hacer lo que hay que hacer. Quizá, el auténtico ser humano libre sea el que va contra las circunstancias de su tiempo y contra la opinión de la mayoría, como dijo Nietzsche, y todo lo demás no sea sino vivir al ritmo que marcan otros. Dejarse llevar puede significar quedarse calvo –vacío- de esperanzas y de memoria.

El camino. Eso es lo único que importa. El camino que nos marquemos. Lo demás es superfluo, como la vida misma.

viernes, 25 de noviembre de 2011

La vida es sueño

¡Cuánta razón hay en esa frase tan famosa que dice que la vida es sueño! Nos pasamos un tercio de nuestras vidas durmiendo, soñando… o teniendo pesadillas. Cuando uno piensa que, de cada tres horas, una la pasa en el “limbo”, se tiene la sensación de que es mucho tiempo perdido.

Leonardo da Vinci, dicen, tenía una costumbre muy “especial”. No dormía casi nada, y descansaba diez minutos, media hora a lo sumo, cada cuatro o cinco horas de vigilia. Si esto es cierto –y no una mera anécdota inventada- sería una explicación plausible a la gran obra que dejó.

Algo así le pesaba también al militar francés Napoleón. Aunque este parece que no lo llevaba bien porque, de vez en cuando, daba cabezadas por culpa de la somnolencia que le embargaba a su pesar...

Y no voy a hablar ahora de qué sueños son los que se tienen, y menos aún de las pesadillas que nos sorprenden importunamente. Aunque irreales, forman también parte de nuestras vivencias y, a veces, son difíciles de distinguir de la realidad...

viernes, 18 de noviembre de 2011

Marcianos hasta en la sopa


Hay una ley, denominada “la navaja de Ockam”, que afirma que, ante cualquier problema o enigma, la solución más sencilla será la más acertada casi siempre.

Ese parece ser el principio que aplican algunos “expertos” en arqueología y cultura de las civilizaciones antiguas –preferiblemente, desaparecidas-. Así, estos “expertos”, que nunca han visitado los lugares en cuestión, o sólo han leído las revistas pseudo científicas de paranormalidad y ciencia fantástica, afirman, sin que se les caigan los anillos, que las estatuas de la isla de Pascua, las pirámides de Egipto, o los antiguos mayas, no son sino producto de civilizaciones extraterrestres.

Absurdo. Sobre todo si ponemos algunos ejemplos.

En Tihahuanaco, ciudad antiquísima, de la que se ha llegado a afirmar por parte de estos “especialistas” que tiene millones de años de antigüedad, se ha dicho que fue construida y habitada por gigantes. Una de sus puertas es denominada “Puerta del Sol”. Bien: a través de dicha “puerta” de una ciudad de gigantes, apenas cabe un occidental europeo normal. En otras palabras: la puerta se adapta perfectamente a las dimensiones de un indio de la zona, pero no de un hombre blanco medio y, mucho menos, de un gigante.

Otro más, para terminar, por ahora. Se afirma que era imposible con los medios de la época transportar bloques de dos toneladas de peso por el Nilo para construir las pirámides, que hacían falta medios técnicos desconocidos hasta ahora. Evidentemente no leer los nuevos descubrimientos arqueológicos implica meter la pata hasta el fondo en estas cuestiones. Hasta el momento se han descubierto restos de embarcaciones egipcias de la época piramidal de más de 50 metros de eslora, capaces, según los últimos cálculos, de transportar piedras de ese peso y superior.

En fin, mientras sea más fácil imaginar que leer los estudios –hay que confesar que, muchas veces, son espesos y demasiado técnicos- seguirán medrando estos “técnicos” en civilizaciones desaparecidas”.

viernes, 11 de noviembre de 2011

Imagen en negativo


El cine, denominado “séptimo arte”, alcanzó su cumbre, tal vez, en los años cuarenta y cincuenta, cuando la experimentación y el desarrollo del medio permitieron crear auténticas obras de arte. El blanco y negro, la falta de efectos especiales perfectos y una gran pléyade de directores, actores, actrices, guionistas, músicos... hicieron posible el milagro en las pantallas. Después vino la monotonía, la repetición y la búsqueda del “algo más”, que sólo significó aburrimiento y decadencia.

Los años sesenta tuvieron algunas meritorias obras maestras, lo setenta fueron un tropel de desastres cinematográficos. No hablemos de los ochenta y los noventa, y menos de la nueva hornada del siglo XXI. El cine ha dejado paso a la técnica: ya no priman buenos guiones, o magníficas interpretaciones, o bandas sonoras pegadizas pero elaboradas y dignas de figurar en los programas de las mejores orquestas y músicos del mundo. No, ahora vende el mercado, como en todas las demás facetas del arte. El mundo burgués absorbe y destruye todo lo que toca, incluidas las mejores cualidades de la creatividad humana.

viernes, 4 de noviembre de 2011

Sirenas de estridentes aullidos

La música ¿Qué es la música hoy, sino un compendio de obras pasadas, de grandes momentos y de repetición continua de los mismos acordes? El sonido del tambor de la selva retumba cada día en todas las ondas de la radio. Es casi imposible distinguir un griterío de otro, y más difícil aún determinar a qué imitador de cantante o músico corresponde determinado ruido.

Los movimientos musicales, y no hablo de la música llamada “culta”, han perdido vigor, innovación y ruptura desde hace varias décadas. No hay nuevas tendencias. Todos esos músicos jóvenes, amantes de la “revolución individual” (luego, cuando son nombrados lores o sir, cambian su traje hippie por la chaqueta y corbata), se venden a las multinacionales del disco. No hay más.

Comercialmente, la música está en auge. Artísticamente, es una basura. Esto ya raya en el absurdo subido al pedestal y adorado por partidas miserables de patanes, insensibles a la buena música y proclives a ser hipnotizados por las drogas de diseño musical.

viernes, 28 de octubre de 2011

Mercados de letras

¿Qué se escribe en realidad? Nada interesante, a no ser que nos situemos en el campo de la historia o las ciencias en general. En el ámbito tanto teatral, en el prosístico y en el poético, el aburrimiento ataca a la memoria de quien tiene la osadía de leer alguna de esas “joyas contemporáneas de la literatura”.

No nos engañemos. La literatura, como aportación novedosa al espíritu humano, se ha mercantilizado sobremanera, y no nos enseña otra cosa que variantes de lo ya escrito; metáforas de vacío, espejismos de ruptura, sin que logre lo que antes se conseguía en cada generación: ver con nuevos ojos, abiertos e inteligentes, historias pasadas.

Si hay que poner “de moda” (palabra horrible y que debería prohibirse por ley) alguna cuestión, tesis elucubrada por alguno de esos “filósofos” de la nueva hornada (ya hablaremos de estos mentecatos vendidos al sistema establecido), personajes históricos harto conocidos ya, versiones “light” de obras shespirianas o beckerianas, o cuentecillos de navidad escritos para bienpensantes, pues las editoriales lanzan su campaña editorial, y venden todo lo vendible, aunque el producto sea, en definitiva, la basura que los lectores sin escrúpulos ni criterio necesitan leer.

sábado, 22 de octubre de 2011

¿Leer? No, matar el tiempo

Los famosos “best sellers” se podrían traducir por algo así como “tochos bestias”. El mercado del consumo y tiraje a la basura no perdona ni a la literatura, o pseudoliteratura, que para la cuestión es lo mismo.

En uno de esos “best sellers”, han de aparecer, en dosis más o menos abundantes, un poco de argumento (no mucho, para no cansar al lector), mucha acción y, sobre todo, bastante sexo o escenas escabrosas, que eso vende y las grandes editoriales lo saben. Tras unos meses de estar el “número uno”, estos libros, éxitos en ventas, desaparecen, y sus autores, salvo honrosas excepciones, pasan al paraíso de lo olvidable, afortunadamente, por lo demás.

Hay aún casos de escritores que se mantienen firmes en su manejo de la lengua, pulcros, auténticos, que saben escribir y contar historias: García Márquez, Gunter Grass, Roa Bastos... pero cada vez quedan menos, y son como dinosaurios, en vísperas de su extinción y sustitución por esas cosas miserables, ruines y nocturnas como eran las musarañas, antepasados del homínido, y jamás capaces de superar la altura intelectual de sus predecesores.

¿Leer? ¿Pensar? Dormir, tal vez…

sábado, 15 de octubre de 2011

Escultura como deformidad

Miguel Ángel se tiraría por algún precipicio si viera lo que es el arte hoy en día, por no hablar de lo que dirían los clásicos griegos. La escultura no es escupir por esculpir, ni engañar ocultando las formas bajo la apariencia de la experimentación. Provocar no es mentir sino ir más allá de lo hecho hasta el momento, y crear dinámica de creación. Mas eso no existe en la escultura actual, que se limita a replantearse continuamente las formas sin introducirse en los fondos.

El absurdo del arte escultórico actual es que se manifiesta como fondo lo que no es sino una forma degenerada. El uso y abuso de los materiales modernos, como el cristal, el aluminio, el acero, o de los materiales clásicos, como bronces y mármoles, no puede ocultar la carencia absoluta de ideas, de técnicas de modelación, o de la sapiencia en el arte de esculpir.

Porque la escultura no es el vaciado del molde, ni una piedra oblonga en mitad de un parque perdido en cualquier ciudad del orbe. La escultura es la manifestación externa y eterna del espíritu humano; es la fuerza de la tierra sobre la transfiguración del aire y el fuego, es el triunfo de la materia espiritual sobre el espíritu material. Pero este mensaje, este fin, se han perdido en los entresijos de un mercantilismo insatisfecho de sí mismo.

sábado, 8 de octubre de 2011

Ladrillo y cristal versus humanidad

Si hoy mismo me preguntasen qué rama del arte es la que está más viva, confieso que tendría serias dudas para responder. Haciendo un somero análisis de la triste realidad de la creatividad artística no puedo menos que suspirar, recordando viejos y pasados buenos tiempos, donde cada nueva tendencia suponía una ruptura, sí, pero también una aportación novedosa a la estética humana. Hoy ya no sucede así.

La arquitectura, sinónimo de civilización y distintivo de sociedades, se ha convertido en enfrentamientos antinaturales, que plantean alternativas tan ilógicas como la elevación de torres babélicas, o la inmersión en los infiernos. Las ciudades se vuelven tan inhabitables como despropósitos cometen los llamados “artistas urbanos”. Los edificios empiezan a parecerse en todos los lugares del mundo, lo que conlleva la sensación de monotonía, hastío y conciencia de pérdida de identidad propia.

Los grandes avances técnicos, paradójicamente, han matado el espíritu aventurero del arquitecto primigenio; aquél que basaba sus proyectos en la propia naturaleza del ser humano que le rodeaba, y utilizaba la ciencia como apoyo, por supuesto, pero no como fin en sí misma.

sábado, 1 de octubre de 2011

Donde se encuentre el arte

¿Dónde está el arte? ¿Dónde la cultura? Ya no existen los genios, si es posible que esa definición sea la más correcta para adjetivar a esos creadores mágicos que nos sorprenden con cada una de sus obras. El arte ha muerto ¡larga vida al mercado! Lo que no vende no es bueno, lo que no rompe con los esquemas establecidos apenas una década antes, un año antes, un mes antes incluso, no es original. ¡Larga vida a la originalidad, muerte al arte que se perpetúa!

El nuevo artista supone que su obra en nada ha de asemejarse al pasado. Craso error. La ruptura o la innovación no son bellas o buenas de por sí si no van acompañadas de unos cánones, normas o líneas claras que puedan manifestar una nueva idea o concepto de arte. El Renacimiento fue una recuperación de la antigüedad matizada con experiencias nuevas generadas por el judeocristianismo y los modernos estados. El Barroco fue una revuelta mágica que cargó el arte con la estética más sofisticada. El ultraísmo impuso la ruptura con todo lo anterior pero manteniendo la norma de la libertad absoluta dentro de unos rígidos cánones, creando una coherente incoherencia entre lo predicado y lo creado. Pero todos los movimientos, en definitiva, tenían un sentido. Hoy ya no pasa esto.

No existe el arte moderno. Si alguien dice lo contrario está mintiendo. Lo que existe actualmente es el mercado del arte, que no es otra cosa que un prostíbulo donde se compran y venden ideas sin sentido, sentimientos falsos, frases incoherentes. El arte burgués moderno es la decadencia de todos los artes y la imposición de la ley del más fuerte monetariamente hablando. No son los mecenas o los Médicis de siglos atrás: estos, al menos, sabían de qué hablaban cuando pedían arte. Son los avarientos especuladores del consumo más absurdo.

sábado, 24 de septiembre de 2011

El silencio de la imagen

Estamos ante la sociedad del silencio. La imagen, la gran despreciadora, la engañadora de los sentidos, se convierte en la caverna donde nos refugiamos. Platón se revuelve en la tumba, y san Agustín, aristotélico y plantador de semillas que no son sino incompletos actos de lo que pudieron ser en potencia, se ríe desde el nuevo sitial de donde surge la palabra del dios moderno y tecnológico.

Todos los sentidos se desengañan, se dejan arrebatar el sitio y se convierten en vacío, en terrible vacío donde las esferas que nos muestran los magos del despiste, los nuevos Prometeos pagados por los dioses del mercado, bailan, cambian de colores, se desdibujan en mil y una formas, diferentes cada vez, y las mismas siempre.

Somos silencios que se llaman a gritos. Somos vacíos que no saben que no hay que llenarse con objetos sino con ideas. Mas ellos, los de siempre, los profetas de la palabra divina, saben vender la realidad del sentido más falso y más dañino. Y no podemos gritar porque a, instalados en la resignación, se nos ha olvidado.

sábado, 17 de septiembre de 2011

A los que quieran escuchar

¡Oh, amigos de la moral, decidme dónde he de buscar mi alma! Indicadme cuántos rezos he de hacer, en qué dirección, a qué dios o a que demonio. Vosotros que sois los intermediarios de los dioses, adoradores de todos los infiernos que se purgan en la tierra, seguid merodeando en busca de vuestras pútridas almas anhelantes.

Defenestro, desde aquí, los ídolos. Todos los ídolos. Atravieso con mi lanza, que no martillo de herejes, las agrietadas maderas donde habéis pintado las frases más falsas y, sin embargo, más cautivadoras y embriagantes. Confieso que sois capaces de engañar al mayor de los sabios e, incluso, que vosotros sois los mayores de los sabios. Pero vuestra sabiduría es la de la corrupción y el engaño.

¡Oh, dejad a los dioses morid en los templos donde los adoráis! Recoged vuestros bártulos y marchaos lejos, muy lejos, hacia atrás en la historia: hasta el origen del engaño, junto al fuego donde una chispa brotó más alta o más fuerte que las demás, y arañó la capa de razón que podía haber hecho a los hombres dioses, y no a los dioses cúmulo de despropósitos.

sábado, 10 de septiembre de 2011

El síndrome de Midas

El helado es un pene erecto y deseable, y el calor, una excitación sexual. Las bebidas alcohólicas son magníficos escaparates de cuerpos perfectos y alegres, nada panzudos ni amorfos. Las otras, las bebidas “light”, colas, naranjadas, y demás horteradas, son trasuntos de drogas que, son tomadas sin ningún efecto colateral.

 
Los detergentes son científicamente perfectos; inteligentes seres que devoran las manchas (y parece que hasta el color, porque siempre lavan “más blanco”). Un coche es una casa, o una mujer, o una dimensión desconocida y siempre, indefectiblemente, navega por paisajes idílicos donde el arrullo de las mariposas es su única compañía. Un coche siempre es conducido por un atractivo hombre, o una bella mujer, o un matrimonio feliz que sonríe viajando por carreteras inmaculadas y vacías de tráfico. Las colonias son atractivos frascos llenos de poderosas feromonas que atraen, irremisiblemente, al sexo opuesto -¡ay, Jack, ¿dónde te metes?!- Los desodorantes, tres cuartas de lo mismo. El champú y los jabones simulan nuestros labios, que besan cuerpos que se bañan desnudos para demostrar la perfecta sincronía de cuerpos y productos de higiene.

Los juguetes son seres vivos, que juegan con los niños. Toda la música, todas las colecciones de libros, todos los productos “culturales”, son imprescindibles. La posesión es poder. El poder es prestigio. El consumo desaforado ha convertido lo accesorio en necesario, lo vulgar en sublime, lo ridículo en obra de arte. El Mercado se ha transformado en un nuevo Midas, transformando todo lo que se puede vender en “oro”. Pero Midas murió de hambre al no poder comer ni beber porque todo lo que tocaba se transformaba en el dorado metal: en su propia obsesión encontró su trágico fin.

sábado, 3 de septiembre de 2011

La mentira sistemática

La mentira, camuflada de información objetiva por parte de los medios de comunicación, se está convirtiendo en la verdad de una época donde la hipocresía y la ruindad campan por sus respetos. Como decía Goebbels, el ministro de propaganda del III Reich: “Una mentira, a fuerza de ser repetida, se convierte en verdad”.

La burguesía capitalista, decadente en sus planteamientos ideológicos, obsoleta en sus morales y éticas trasnochadas, necesita convencer a sus adversarios, tanto internos –otras clases sociales- como externos –gobiernos y habitantes de otros estados- de que su verdad es la única que importa, el sumun de las apetencias sociales, el fin del género humano y el objetivo último de cualquier civilización que se precie como tal.

Mensaje falso, como es esencialmente falsa la cara dulce y bonachona, complaciente y solidaria de unas élites que basan su poder y riqueza, su prestigio y dominio cultural e ideológico en las desigualdades sociales, tanto nacionales como internacionales, y en la profundización de las mismas.

Viven de la mentira, flotan en ella, como las heces sobre las aguas.

sábado, 27 de agosto de 2011

Neguémonos

Somos, básicamente, perfectas negaciones de lo que pretendemos ser. Cúmulos de errores, pirámides de contradicciones, laberintos de ideas. Pero somos tan ingenuos, o tan falsos con nosotros mismos, que pretendemos llegar a conclusiones válidas cuando apenas sabemos lo que queremos. Realmente, devenimos en auténticos fracasados en la búsqueda de la perfección, ese objetivo del ser humano, tan eterno y tan imposible de conseguir.

Neguémonos la posibilidad del acierto, el éxito falseado, las metas inútiles. Nada merece la pena ser vivido en plenitud porque en la propia plenitud hallamos el vacío más intenso, ya que la plenitud, en su sentido amplio, es la falta de objetivos bajo la excusa de que éstos ya se han alcanzado. Neguémonos hasta morir.

Quizá se pueda decir que Cioram, ese despojo intelectual que fue incapaz de aplicar en sí mismo su propia filosofía –lo que confirma el fracaso colectivo del ser humano- se manifiesta a través de estas líneas. ¡Nada más lejos de la realidad! Cioram, como buen filósofo europeo, o sea, decadente, jugaba con las palabras mientras hacía de su vida un sayo donde podía introducir tantas banalidades como le era posible.

Neguémonos; tal vez ese sea el paso primigenio para llegar a ser auténticos.

sábado, 13 de agosto de 2011

La droga del siglo XXI

La televisión, ese invento que podría haber hecho grande a la humanidad, se ha convertido en el instrumento básico para drogar a la masa. No hay mejor estupefaciente que aquél que evade del mundo real, que engaña a los sentidos sin dañarlos profundamente. Los líderes y consejeros de las televisiones de todo el mundo lo saben, y como buenos médicos, no toman ellos mismos un medicamento que es altamente dañino para la salud mental de las sociedades.

Desgraciadamente, los programación que hoy se estila –que perdurará, y no me equivoco, por los siglos de los siglos- no busca sino profundizar en esa ignorancia, papanatismo y dejadez en que se mueven las sociedades actuales. El Poder sabe lo que necesita para mantener el status quo actual, y utiliza los medios que tiene a su alcance para hacerlo.

La masa, ese extraño cuerpo moviente utilizado por tantos oradores y revolucionarios de todas las tendencias a lo largo de la historia, es un elemento flexible, manejable y fácilmente manipulable. Un ente colectivo, en definitiva, sin cerebro, con unas pautas de conducta que pueden utilizarse hábilmente, y con un poder devastador aunque casi nunca encauzado de forma correcta.

La televisión, en definitiva, sirve de opiáceo para que esa devastación, demoledora y transformadora de las realidades, nunca brote.

sábado, 6 de agosto de 2011

El político animal


El hombre es un animal político, se dice, y con razón. Yo añadiría que el político es un animal, a secas, tan influido está por sus propios ideales, convenciones, normativas internas de partido, intereses y, sobre todo, ese afán absurdo y degenerativo de la inteligencia, que es llevar la contraria al adversario político, aunque éste pueda tener la razón o buena parte de ella.

Este tipo de animal, a mitad de camino entre la alimaña carroñera –pues se vale de los desequilibrios o carencias de la sociedad para medrar- y parásito que chupa la sangre de sus conciudadanos para poder sobrevivir, se perpetúa en su puesto; se traslada de un sitio a otro, como un cometa para, una vez alcanzado el poder o la sombra del mismo, no querer dejar su sitio, y se considera, por motivos que sólo él, tan sabio e incorruptible, sabe, imprescindible para que el proyecto, su proyecto, siga adelante.

Estos seres tan especiales, carentes en el ejercicio de su profesión de una ética coherente y cartesiana, mienten con una soltura que, si no fuese por el daño que causan a los cimientos de una sociedad ya de por si propensa a la corruptela, serían merecedores de un monumento erigido por esas sociedades modernas actuales, esas democracias que han convertido a sus políticos en el centro de la vida social, y que han transformado el voto en la sangre de esa misma sociedad, ignorando, o negando la evidencia, que los virus también utilizan el flujo sanguíneo para infectar el organismo.

Francisco J. Segovia©Todos los derechos