sábado, 24 de septiembre de 2011

El silencio de la imagen

Estamos ante la sociedad del silencio. La imagen, la gran despreciadora, la engañadora de los sentidos, se convierte en la caverna donde nos refugiamos. Platón se revuelve en la tumba, y san Agustín, aristotélico y plantador de semillas que no son sino incompletos actos de lo que pudieron ser en potencia, se ríe desde el nuevo sitial de donde surge la palabra del dios moderno y tecnológico.

Todos los sentidos se desengañan, se dejan arrebatar el sitio y se convierten en vacío, en terrible vacío donde las esferas que nos muestran los magos del despiste, los nuevos Prometeos pagados por los dioses del mercado, bailan, cambian de colores, se desdibujan en mil y una formas, diferentes cada vez, y las mismas siempre.

Somos silencios que se llaman a gritos. Somos vacíos que no saben que no hay que llenarse con objetos sino con ideas. Mas ellos, los de siempre, los profetas de la palabra divina, saben vender la realidad del sentido más falso y más dañino. Y no podemos gritar porque a, instalados en la resignación, se nos ha olvidado.

sábado, 17 de septiembre de 2011

A los que quieran escuchar

¡Oh, amigos de la moral, decidme dónde he de buscar mi alma! Indicadme cuántos rezos he de hacer, en qué dirección, a qué dios o a que demonio. Vosotros que sois los intermediarios de los dioses, adoradores de todos los infiernos que se purgan en la tierra, seguid merodeando en busca de vuestras pútridas almas anhelantes.

Defenestro, desde aquí, los ídolos. Todos los ídolos. Atravieso con mi lanza, que no martillo de herejes, las agrietadas maderas donde habéis pintado las frases más falsas y, sin embargo, más cautivadoras y embriagantes. Confieso que sois capaces de engañar al mayor de los sabios e, incluso, que vosotros sois los mayores de los sabios. Pero vuestra sabiduría es la de la corrupción y el engaño.

¡Oh, dejad a los dioses morid en los templos donde los adoráis! Recoged vuestros bártulos y marchaos lejos, muy lejos, hacia atrás en la historia: hasta el origen del engaño, junto al fuego donde una chispa brotó más alta o más fuerte que las demás, y arañó la capa de razón que podía haber hecho a los hombres dioses, y no a los dioses cúmulo de despropósitos.

sábado, 10 de septiembre de 2011

El síndrome de Midas

El helado es un pene erecto y deseable, y el calor, una excitación sexual. Las bebidas alcohólicas son magníficos escaparates de cuerpos perfectos y alegres, nada panzudos ni amorfos. Las otras, las bebidas “light”, colas, naranjadas, y demás horteradas, son trasuntos de drogas que, son tomadas sin ningún efecto colateral.

 
Los detergentes son científicamente perfectos; inteligentes seres que devoran las manchas (y parece que hasta el color, porque siempre lavan “más blanco”). Un coche es una casa, o una mujer, o una dimensión desconocida y siempre, indefectiblemente, navega por paisajes idílicos donde el arrullo de las mariposas es su única compañía. Un coche siempre es conducido por un atractivo hombre, o una bella mujer, o un matrimonio feliz que sonríe viajando por carreteras inmaculadas y vacías de tráfico. Las colonias son atractivos frascos llenos de poderosas feromonas que atraen, irremisiblemente, al sexo opuesto -¡ay, Jack, ¿dónde te metes?!- Los desodorantes, tres cuartas de lo mismo. El champú y los jabones simulan nuestros labios, que besan cuerpos que se bañan desnudos para demostrar la perfecta sincronía de cuerpos y productos de higiene.

Los juguetes son seres vivos, que juegan con los niños. Toda la música, todas las colecciones de libros, todos los productos “culturales”, son imprescindibles. La posesión es poder. El poder es prestigio. El consumo desaforado ha convertido lo accesorio en necesario, lo vulgar en sublime, lo ridículo en obra de arte. El Mercado se ha transformado en un nuevo Midas, transformando todo lo que se puede vender en “oro”. Pero Midas murió de hambre al no poder comer ni beber porque todo lo que tocaba se transformaba en el dorado metal: en su propia obsesión encontró su trágico fin.

sábado, 3 de septiembre de 2011

La mentira sistemática

La mentira, camuflada de información objetiva por parte de los medios de comunicación, se está convirtiendo en la verdad de una época donde la hipocresía y la ruindad campan por sus respetos. Como decía Goebbels, el ministro de propaganda del III Reich: “Una mentira, a fuerza de ser repetida, se convierte en verdad”.

La burguesía capitalista, decadente en sus planteamientos ideológicos, obsoleta en sus morales y éticas trasnochadas, necesita convencer a sus adversarios, tanto internos –otras clases sociales- como externos –gobiernos y habitantes de otros estados- de que su verdad es la única que importa, el sumun de las apetencias sociales, el fin del género humano y el objetivo último de cualquier civilización que se precie como tal.

Mensaje falso, como es esencialmente falsa la cara dulce y bonachona, complaciente y solidaria de unas élites que basan su poder y riqueza, su prestigio y dominio cultural e ideológico en las desigualdades sociales, tanto nacionales como internacionales, y en la profundización de las mismas.

Viven de la mentira, flotan en ella, como las heces sobre las aguas.