viernes, 28 de octubre de 2011

Mercados de letras

¿Qué se escribe en realidad? Nada interesante, a no ser que nos situemos en el campo de la historia o las ciencias en general. En el ámbito tanto teatral, en el prosístico y en el poético, el aburrimiento ataca a la memoria de quien tiene la osadía de leer alguna de esas “joyas contemporáneas de la literatura”.

No nos engañemos. La literatura, como aportación novedosa al espíritu humano, se ha mercantilizado sobremanera, y no nos enseña otra cosa que variantes de lo ya escrito; metáforas de vacío, espejismos de ruptura, sin que logre lo que antes se conseguía en cada generación: ver con nuevos ojos, abiertos e inteligentes, historias pasadas.

Si hay que poner “de moda” (palabra horrible y que debería prohibirse por ley) alguna cuestión, tesis elucubrada por alguno de esos “filósofos” de la nueva hornada (ya hablaremos de estos mentecatos vendidos al sistema establecido), personajes históricos harto conocidos ya, versiones “light” de obras shespirianas o beckerianas, o cuentecillos de navidad escritos para bienpensantes, pues las editoriales lanzan su campaña editorial, y venden todo lo vendible, aunque el producto sea, en definitiva, la basura que los lectores sin escrúpulos ni criterio necesitan leer.

sábado, 22 de octubre de 2011

¿Leer? No, matar el tiempo

Los famosos “best sellers” se podrían traducir por algo así como “tochos bestias”. El mercado del consumo y tiraje a la basura no perdona ni a la literatura, o pseudoliteratura, que para la cuestión es lo mismo.

En uno de esos “best sellers”, han de aparecer, en dosis más o menos abundantes, un poco de argumento (no mucho, para no cansar al lector), mucha acción y, sobre todo, bastante sexo o escenas escabrosas, que eso vende y las grandes editoriales lo saben. Tras unos meses de estar el “número uno”, estos libros, éxitos en ventas, desaparecen, y sus autores, salvo honrosas excepciones, pasan al paraíso de lo olvidable, afortunadamente, por lo demás.

Hay aún casos de escritores que se mantienen firmes en su manejo de la lengua, pulcros, auténticos, que saben escribir y contar historias: García Márquez, Gunter Grass, Roa Bastos... pero cada vez quedan menos, y son como dinosaurios, en vísperas de su extinción y sustitución por esas cosas miserables, ruines y nocturnas como eran las musarañas, antepasados del homínido, y jamás capaces de superar la altura intelectual de sus predecesores.

¿Leer? ¿Pensar? Dormir, tal vez…

sábado, 15 de octubre de 2011

Escultura como deformidad

Miguel Ángel se tiraría por algún precipicio si viera lo que es el arte hoy en día, por no hablar de lo que dirían los clásicos griegos. La escultura no es escupir por esculpir, ni engañar ocultando las formas bajo la apariencia de la experimentación. Provocar no es mentir sino ir más allá de lo hecho hasta el momento, y crear dinámica de creación. Mas eso no existe en la escultura actual, que se limita a replantearse continuamente las formas sin introducirse en los fondos.

El absurdo del arte escultórico actual es que se manifiesta como fondo lo que no es sino una forma degenerada. El uso y abuso de los materiales modernos, como el cristal, el aluminio, el acero, o de los materiales clásicos, como bronces y mármoles, no puede ocultar la carencia absoluta de ideas, de técnicas de modelación, o de la sapiencia en el arte de esculpir.

Porque la escultura no es el vaciado del molde, ni una piedra oblonga en mitad de un parque perdido en cualquier ciudad del orbe. La escultura es la manifestación externa y eterna del espíritu humano; es la fuerza de la tierra sobre la transfiguración del aire y el fuego, es el triunfo de la materia espiritual sobre el espíritu material. Pero este mensaje, este fin, se han perdido en los entresijos de un mercantilismo insatisfecho de sí mismo.

sábado, 8 de octubre de 2011

Ladrillo y cristal versus humanidad

Si hoy mismo me preguntasen qué rama del arte es la que está más viva, confieso que tendría serias dudas para responder. Haciendo un somero análisis de la triste realidad de la creatividad artística no puedo menos que suspirar, recordando viejos y pasados buenos tiempos, donde cada nueva tendencia suponía una ruptura, sí, pero también una aportación novedosa a la estética humana. Hoy ya no sucede así.

La arquitectura, sinónimo de civilización y distintivo de sociedades, se ha convertido en enfrentamientos antinaturales, que plantean alternativas tan ilógicas como la elevación de torres babélicas, o la inmersión en los infiernos. Las ciudades se vuelven tan inhabitables como despropósitos cometen los llamados “artistas urbanos”. Los edificios empiezan a parecerse en todos los lugares del mundo, lo que conlleva la sensación de monotonía, hastío y conciencia de pérdida de identidad propia.

Los grandes avances técnicos, paradójicamente, han matado el espíritu aventurero del arquitecto primigenio; aquél que basaba sus proyectos en la propia naturaleza del ser humano que le rodeaba, y utilizaba la ciencia como apoyo, por supuesto, pero no como fin en sí misma.

sábado, 1 de octubre de 2011

Donde se encuentre el arte

¿Dónde está el arte? ¿Dónde la cultura? Ya no existen los genios, si es posible que esa definición sea la más correcta para adjetivar a esos creadores mágicos que nos sorprenden con cada una de sus obras. El arte ha muerto ¡larga vida al mercado! Lo que no vende no es bueno, lo que no rompe con los esquemas establecidos apenas una década antes, un año antes, un mes antes incluso, no es original. ¡Larga vida a la originalidad, muerte al arte que se perpetúa!

El nuevo artista supone que su obra en nada ha de asemejarse al pasado. Craso error. La ruptura o la innovación no son bellas o buenas de por sí si no van acompañadas de unos cánones, normas o líneas claras que puedan manifestar una nueva idea o concepto de arte. El Renacimiento fue una recuperación de la antigüedad matizada con experiencias nuevas generadas por el judeocristianismo y los modernos estados. El Barroco fue una revuelta mágica que cargó el arte con la estética más sofisticada. El ultraísmo impuso la ruptura con todo lo anterior pero manteniendo la norma de la libertad absoluta dentro de unos rígidos cánones, creando una coherente incoherencia entre lo predicado y lo creado. Pero todos los movimientos, en definitiva, tenían un sentido. Hoy ya no pasa esto.

No existe el arte moderno. Si alguien dice lo contrario está mintiendo. Lo que existe actualmente es el mercado del arte, que no es otra cosa que un prostíbulo donde se compran y venden ideas sin sentido, sentimientos falsos, frases incoherentes. El arte burgués moderno es la decadencia de todos los artes y la imposición de la ley del más fuerte monetariamente hablando. No son los mecenas o los Médicis de siglos atrás: estos, al menos, sabían de qué hablaban cuando pedían arte. Son los avarientos especuladores del consumo más absurdo.