viernes, 25 de noviembre de 2011

La vida es sueño

¡Cuánta razón hay en esa frase tan famosa que dice que la vida es sueño! Nos pasamos un tercio de nuestras vidas durmiendo, soñando… o teniendo pesadillas. Cuando uno piensa que, de cada tres horas, una la pasa en el “limbo”, se tiene la sensación de que es mucho tiempo perdido.

Leonardo da Vinci, dicen, tenía una costumbre muy “especial”. No dormía casi nada, y descansaba diez minutos, media hora a lo sumo, cada cuatro o cinco horas de vigilia. Si esto es cierto –y no una mera anécdota inventada- sería una explicación plausible a la gran obra que dejó.

Algo así le pesaba también al militar francés Napoleón. Aunque este parece que no lo llevaba bien porque, de vez en cuando, daba cabezadas por culpa de la somnolencia que le embargaba a su pesar...

Y no voy a hablar ahora de qué sueños son los que se tienen, y menos aún de las pesadillas que nos sorprenden importunamente. Aunque irreales, forman también parte de nuestras vivencias y, a veces, son difíciles de distinguir de la realidad...

viernes, 18 de noviembre de 2011

Marcianos hasta en la sopa


Hay una ley, denominada “la navaja de Ockam”, que afirma que, ante cualquier problema o enigma, la solución más sencilla será la más acertada casi siempre.

Ese parece ser el principio que aplican algunos “expertos” en arqueología y cultura de las civilizaciones antiguas –preferiblemente, desaparecidas-. Así, estos “expertos”, que nunca han visitado los lugares en cuestión, o sólo han leído las revistas pseudo científicas de paranormalidad y ciencia fantástica, afirman, sin que se les caigan los anillos, que las estatuas de la isla de Pascua, las pirámides de Egipto, o los antiguos mayas, no son sino producto de civilizaciones extraterrestres.

Absurdo. Sobre todo si ponemos algunos ejemplos.

En Tihahuanaco, ciudad antiquísima, de la que se ha llegado a afirmar por parte de estos “especialistas” que tiene millones de años de antigüedad, se ha dicho que fue construida y habitada por gigantes. Una de sus puertas es denominada “Puerta del Sol”. Bien: a través de dicha “puerta” de una ciudad de gigantes, apenas cabe un occidental europeo normal. En otras palabras: la puerta se adapta perfectamente a las dimensiones de un indio de la zona, pero no de un hombre blanco medio y, mucho menos, de un gigante.

Otro más, para terminar, por ahora. Se afirma que era imposible con los medios de la época transportar bloques de dos toneladas de peso por el Nilo para construir las pirámides, que hacían falta medios técnicos desconocidos hasta ahora. Evidentemente no leer los nuevos descubrimientos arqueológicos implica meter la pata hasta el fondo en estas cuestiones. Hasta el momento se han descubierto restos de embarcaciones egipcias de la época piramidal de más de 50 metros de eslora, capaces, según los últimos cálculos, de transportar piedras de ese peso y superior.

En fin, mientras sea más fácil imaginar que leer los estudios –hay que confesar que, muchas veces, son espesos y demasiado técnicos- seguirán medrando estos “técnicos” en civilizaciones desaparecidas”.

viernes, 11 de noviembre de 2011

Imagen en negativo


El cine, denominado “séptimo arte”, alcanzó su cumbre, tal vez, en los años cuarenta y cincuenta, cuando la experimentación y el desarrollo del medio permitieron crear auténticas obras de arte. El blanco y negro, la falta de efectos especiales perfectos y una gran pléyade de directores, actores, actrices, guionistas, músicos... hicieron posible el milagro en las pantallas. Después vino la monotonía, la repetición y la búsqueda del “algo más”, que sólo significó aburrimiento y decadencia.

Los años sesenta tuvieron algunas meritorias obras maestras, lo setenta fueron un tropel de desastres cinematográficos. No hablemos de los ochenta y los noventa, y menos de la nueva hornada del siglo XXI. El cine ha dejado paso a la técnica: ya no priman buenos guiones, o magníficas interpretaciones, o bandas sonoras pegadizas pero elaboradas y dignas de figurar en los programas de las mejores orquestas y músicos del mundo. No, ahora vende el mercado, como en todas las demás facetas del arte. El mundo burgués absorbe y destruye todo lo que toca, incluidas las mejores cualidades de la creatividad humana.

viernes, 4 de noviembre de 2011

Sirenas de estridentes aullidos

La música ¿Qué es la música hoy, sino un compendio de obras pasadas, de grandes momentos y de repetición continua de los mismos acordes? El sonido del tambor de la selva retumba cada día en todas las ondas de la radio. Es casi imposible distinguir un griterío de otro, y más difícil aún determinar a qué imitador de cantante o músico corresponde determinado ruido.

Los movimientos musicales, y no hablo de la música llamada “culta”, han perdido vigor, innovación y ruptura desde hace varias décadas. No hay nuevas tendencias. Todos esos músicos jóvenes, amantes de la “revolución individual” (luego, cuando son nombrados lores o sir, cambian su traje hippie por la chaqueta y corbata), se venden a las multinacionales del disco. No hay más.

Comercialmente, la música está en auge. Artísticamente, es una basura. Esto ya raya en el absurdo subido al pedestal y adorado por partidas miserables de patanes, insensibles a la buena música y proclives a ser hipnotizados por las drogas de diseño musical.