sábado, 29 de diciembre de 2012

El sexto sentido

Mis ojos no saben distinguir olores, ni mis manos palpar sensaciones, ni mi pecho cobijar tempestades, ni mi conciencia asumir visiones. Es imposible para todo el mundo sentir con sentidos diferentes particularidades propias de cada uno de ellos. Pero existe un “sexto sentido”, nada esotérico, ningún “resplandor” que nos ilumine en los momentos tenebrosos de la existencia, que avisa, proclama, grita en algún segundo muy determinado: “esto es, esto no es”. No hay explicación, es imposible definirlo científicamente. Podríamos llamarlo ¿intuición? o ¿empatía?, sin por ello restringirlo al ámbito de lo femenino o de lo mágico o mistérico.

Ese sentido particular es el que hace que podamos ver el olor de la rosa en primavera, o palpar el llanto de un hambriento, o saborear la promesa de un cuerpo prometido repleto de deseos y concavidades para explorar. Es todo eso y mucho más. Inmersos en la cotidianidad, en el absurdo vivir arrastrándose por los caminos ya trazados, sólo vemos con los ojos, escuchamos con los oídos, besamos el canto frío de las monedas y la árida superficie de los billetes de banco. Empantanamos los sentidos, ocultamos los instintos que son los que, en última y primera instancia, estimulan la ¿intuición? o la ¿empatía?, y morimos.

No todo está perdido, nunca, en ninguna circunstancia –salvo en la suprema oscuridad de la noche eterna- y, en esa lucha porque el instinto supere a una razón ofuscada y atascada a la vez en una vía muerta, debemos estar, sino siempre –imposible, imposible... – al menos, un instante supremo de cada día.

viernes, 21 de diciembre de 2012

Auto de fe

Hay que ser muy hipócrita, o muy estúpido, para condenar la sexualidad cuando se ha renunciado a ella de forma voluntaria. Los eunucos mentales que todavía habitan por estos lares -¿será un castigo infernal consecuencia de algún pecado primitivo?- son capaces de hablar de lo que no saben, con el valor que da la ignorancia o el fanatismo, y condenar a los que no obedecen sus dictados. La espada flamígera ondea en sus manos, siempre dispuestas a tajar miembros y cabezas para imponer de forma clara el concepto divino de lo que deben ser el hombre y la mujer.

¡Ah, la Ley Divina! ¡Ah, las normas no escritas dibujadas en los genes por la mano de Dios! Las tiaras se alzan en loor de multitudes trashumantes que suben a la montaña de san Pedro a pastar de las palabras del césar en la tierra.

El Pecado, el crimen de la conciencia, gravita sobre la Humanidad. La civilización occidental, de viejas raíces greco judías, tiene cimientos compuestos de osamentas de comedores de peces y habitantes de catacumbas. Los palios ya no cobijan sangrientos dictadores, ni cuervos negros como la noche eterna bendicen cuadros de Goya en amaneceres sangrientos, pero quieren seguir fustigando con el látigo de siete colas de la conciencia e incinerar visionados demonios en hogueras imaginarias, anclados en pasados que ya saben perdidos y enterrados.

sábado, 15 de diciembre de 2012

La verde Irlanda

Irlanda, la bella y verde Irlanda. Siento debilidad por Irlanda y los irlandeses, no sé si es por esa tendencia natural de simpatizar con los débiles y los oprimidos, o tal vez por el encanto que emanan sus tierras y sus gentes, o por ambas cosas al mismo tiempo.

La tierra de Tara, el mítico lugar venerado por los habitantes de siempre de Eire. ¡Juro que jamás volveré a pasar hambre!, gritó Escarlata en “Lo que el viento se llevó”. La terrible hambruna tras la escasez de la cosecha de la patata obligó a miles de irlandeses a emigrar, mientras otros miles morían literalmente de hambre. John Ford y el irlandés impasible, amigo de sus amigos y enemigo de una pelea hasta que tiene que enfrentarse en brutal pero amigable lid –cosas del espíritu irlandés- al padre de su mujer. Catolicismo irónico sin los aspavientos del barroco hispano. La lucha contra el imperialismo inglés, contra el sempiterno enemigo invasor, tan parecido a la lucha por la supervivencia del pueblo portugués contra los intentos anexionistas españoles. San Patricio, un extraño monje, patrón del más genuino pueblo celta. Dublín, bellísima ciudad, acogedora donde las haya. James Joyce. La brigada irlandesa peleando en primera línea en la Gran Guerra en las trincheras del Marne y Verdún. Eugene O´Neill y Yeats. ¡Canta una canción de taberna, en gaélico, a ser posible, amigo! Samuel Beckett sonríe. Irlanda es una gran sonrisa verde.

viernes, 7 de diciembre de 2012

La voluntad irracional

Sin razones no hay voluntad. Donde faltan los fundamentos el edificio está construido sobre cimientos de barro y terminará por hundirse a la más ligera brisa de aire. La intuición puede valer en determinadas –y excepcionales- situaciones, muy particulares. Ampliarla a todas y cada una de las facetas de la vida humana es un error, salvo que se esté seguro de poseer un sexto sentido, un don divino o adivínese el qué.

Otra cosa, claro –siempre hay un pero, o un claro- es que las razones sean válidas para todo el mundo, o sólo sean útiles al que las esgrime. Realmente, eso no tiene ninguna importancia, salvo la cuantitativa. También puede suceder que se confunda razón con intuición, lo que es bastante usual. Los grandes profetas siempre han confundido sus apariciones y revelaciones con fundamentaciones, tal vez de ahí el término “fundamentalista”, aunque eso de “probar” existencias etéreas tiene su miga.

La voluntad puede transformarse, por sí misma, en razón. La voluntad de poder, el triunfo de la misma, no es otra cosa que la imposición sobre uno mismo, primero, sobre el resto del mundo, después (entendiendo “resto del mundo” como las personas o cosas del entorno más o menos próximo) de una razón inmanente a la voluntad: nace en el interior del individuo y se expande, como una gran explosión, conformando todo un mundo de vivencias, objetivos y locuras propios y difícilmente compartibles.

viernes, 30 de noviembre de 2012

Tres películas, tres

Si me preguntaran que tres películas son mis favoritas, o cuáles han influido o influyen más en mi vida diría, sin duda alguna, que son: “Ciudadano Kane”, de Orson Welles; “El Acorazado Potemkin”, de Eisenstein; y “2001, Odisea Espacial”, de Stanley Kubrick.

Por supuesto, tengo otras películas que me encantan, me llenan, por decirlo en lenguaje muy llano, pero estas tres son fundamentales en mi ciclo vital. ¿Extraño, confuso? “Rosebud”, “las escaleras”, “el monolito”: tres mensajes; tres ideas básicas si se lee entre líneas.

“Rosebud”, “Ciudadano Kane”, es la amargura por la pérdida de la infancia, pero entendiendo infancia como ilusión, utopía, ganas de cambiar el mundo. El trineo no es otra cosa que los sueños de la infancia, de la adolescencia.

“El Acorazado Potemkin”, la lucha por la justicia, es la faceta “madura”, intermedia, es la trabazón que da razón al espíritu humano. Sin justicia no puede haber paz, tanto externa como interna. La película, a pesar de su crudeza, es un canto al alma humana. Rebelarse es sinónimo de estar vivo.

“2001, Odisea Espacial”, es un futuro. Es el cambio “mental” (y escribo “mental” entre comillas con toda la intención). No es una película de ciencia-ficción, a pesar de que tenga todos los atributos para que se la califique así: es una película sobre el futuro del espíritu humano, sobre el superhombre (y supermujer). El monolito no es otra cosa que la superación de los vicios de las sociedades actuales, la unidad en un objetivo común: la humanidad. No hay resurrección tras la muerte, pero hay continuidad en la obra realizada.

Tres películas, tres, como se hacían antes y, desgraciadamente, ahora no se realizan: con inteligencia y con corazón.

viernes, 23 de noviembre de 2012

Los hechiceros de la tribu

Los hechiceros de la tribu siguen teniendo un inmenso poder, aún hoy. Siguen decidiendo lo que es moralmente “correcto” e “incorrecto”, y pueden permitirse expulsar de su ámbito a cualquier trabajador o trabajadora simplemente por el hecho de no compartir esa “moral” que defienden, a capa y espada, a hoguera y dictadura, en todos lados, en cualquier momento.

Los hechiceros de la tribu, con sus grandes jefes a la cabeza, siguen sin asumir los gravísimos errores que han cometido a lo largo de su historia. Niegan los crímenes que han manchado sus manos, siguen medrando a costa de los erarios públicos, se enriquecen, pretenden mantener un tipo determinado de enseñanza, vetusta, rancia, obsoleta, y son todavía lo suficientemente hipócritas para acusar al resto del mundo de idolatría, inmoralidad o cualquier otro “pecado” que sean capaces de definir en sus “libros” de “moral”.

Una de las razones por la que la humanidad sigue anclada, en muchos aspectos, en la edad de piedra, es la existencia de estos hechiceros. Son como una inmensa losa, una piedra de molino que impide avanzar firmemente a la raza humana. Sin ellos, sin lo que ellos representan, seguramente el Universo –el físico y el psíquico- estarían abiertos enteramente al optimismo y a la conquista por parte de todos los hombres y mujeres. Sobran, y lo saben, y por ello luchan con más ahínco, como el animal que se nota acorralado.

sábado, 17 de noviembre de 2012

Caos y cosmos

Se puede ser tan dulce como la miel o tan duro como el granito, y besar con amor de padre y matar con ansia criminal, o descender hasta los infiernos en busca de la amada o crear un infierno particular donde quemar todos los amores. Se puede todo y se puede nada.

Somos lo que somos, como somos, como podemos ser. Somos un cosmos de ideas y particularidades, y un caos en donde se enfrentan, algunas veces, muchas veces, esas ideas y particularidades; somos dados arrojados al azar, pero dados que pueden intentar cambiar su propia suerte.

En la eternidad de esa cosa que nosotros llamamos “Tiempo”, estamos suspendidos como leves partículas, conscientes de nuestra propia insignificancia pero sabedores de que el futuro, aún sin ser nuestro de una forma definitiva, hay que ir moldeándolo día a día, porque no hay futuro ni pasado, sólo presente, y es éste, solo, el que importa realmente dentro del eterno caos de nuestro propio cosmos.

viernes, 9 de noviembre de 2012

El gran juego

Continuamente, los que ostentan el poder, los que se benefician de que el Sistema funcione como a ellos interesa, hablan de “respetar las reglas del juego”. Ante cualquier atisbo de revolución, de rebeldía, de negativa a entrar dentro de los vericuetos del “Gran Juego de la Política” - un trasunto del gran juego de Kypling -, los políticos de la “corrección” echan mano de la tan traída frase.

Las reglas del juego son simples: las que ellos han decidido, elaborado e impuesto, y son inamovibles, casi más que el orden de los libros que componen la Biblia, o la duración de los días y las noches. Un juego donde ellos siempre ganan, aunque digan que pueden perder.

Se considera válido utilizar dados cargados, o bolas magnetizadas. Se pueden marcar las cartas de la baraja, mover las piezas del ajedrez cuando el rival no mira... pero dentro de las normas del “gran juego”, la principal de las cuales es: que no se den cuenta de que esto es una farsa.

No se quieren los cambios por dos motivos básicamente: por inmovilismo neuronal, y por egoísmo. Los cambios son peligrosos, pueden repercutir negativamente en los “privilegios” de los que los impulsan. El pueblo, en cambio, convertido en mera estatua que asume ese juego de unos pocos, nunca levantará la mano contra su amo-creador.

viernes, 2 de noviembre de 2012

De lo que no sabemos

¿No es cierto, ángel oscuro, que atravesamos el tiempo al igual que las estrellas fugaces rasgan el velo del firmamento, sin dejar nada a nuestro paso salvo una estela leve que desaparece rápidamente? ¡Ah, demonios de la conciencia que herís sin pausa al pobre mortal que se pregunta, cuando cesa en sus espasmódicos movimientos y, en la quietud de la meditación, siente un vacío interior que debe rechazar porque implicaría su condena!

Hay más cosas en la tierra de las que podemos conocer, Horacio, y más cosas dentro de nosotros de las que queremos reconocer. El tiempo las va desmadejando, como parca infinitamente paciente que no se aparta de la rueca donde se tejen todos los sueños y las pesadillas, las realidades y las metamorfosis, los pasados y los futuros en ciernes. El Tiempo, la palabra indefinida a la que pretendemos imponer unos límites, marcar unos números en donde se contenga... medir lo imposible, lo que carece de mesura.

Araño el cristal del espejo del reflejo de una sombra, floto sobre mí mismo, contemplando un cadáver de un viejo roble hendido por el rayo, y Ella, ángel oscuro, toma mi mano y la aprieta con firmeza. Lo viejo yace sobre un camastro, y una luz brillante rodea el nacimiento, lo nuevo que surge, cual ave Fénix, de las cenizas y el aprendizaje llameante del pasado fenecido.

viernes, 26 de octubre de 2012

Soy legión

Soy un soldado alemán, o uno soviético, o uno rumano, o italiano, o húngaro, luchando en mitad de ninguna parte, combatiendo en las ruinas de Stalingrado, muriendo sin saber bien por qué motivo. Soy un judío errante, encerrado entre alambres de espino de un campo de exterminio en cuya puerta un letrero anuncia, irónicamente: “El trabajo os hará libres”. Las chimeneas arrojan humo negro...

Camino descalzo bajo un sol de justicia, buscando refugio donde ampararme, beber agua y calmar esta sed que me abrasa, comer... lo que sea. Quiero alimentar a mi hijo, pero mi pecho no da más que aire... y él, o ella, muere entre mis brazos marchitos sin haber siquiera vivido.

¿Quién incendió Samarkanda? ¿Quién destruyo Nínive? ¿Acaso Bagdad no es ya más que una ruina? Nueva York tiene una cicatriz que aún sangra. A mil millones de millas mil muertos inocentes pagan los platos rotos. Una mina olvidada destruye un camión repleto de civiles. Soy un trabajador de Mahattan, y una mujer condenada dos veces, por mujer y por pobre.

Somos nuestro propio dios, y nuestro propio infierno, o acaso, ¡ah, terrible duda! tal vez dios, el demonio, luz y oscuridad sean la misma cosa y estén dentro de todos y cada uno de nosotros y nosotras.

viernes, 19 de octubre de 2012

No al silencio

El día en el que uno se calle, o deje que lo silencien, ese día habrá muerto. Será un cadáver que ande, coma, duerma y respire, pero sin alma, o sin espíritu. Una sombra de un viajero a ninguna parte. Hay que gritar con toda la fuerza cada vez que haga falta, criticar cuando se necesite, poner el dedo en la llaga... y clamar una y otra vez contra las injusticias. El silencio nunca, a no ser que no haya algo mejor que decir.

El día en el que yo me calle, o deje que me silencien, habré muerto, y ya no seré yo, el que quise, o el que pretendí ser, sino lo que los demás, o el Sistema, hayan querido que sea. Entonces, seguramente, balearé como las ovejas, o seguiré el sendero ya trazado y, cuando llegue mi óbito, mi conciencia me martirizará y repetirá hasta el silencio definitivo: “dejaste que te dijeran”.

El día en que me callen, os callen, nos callen, estaremos muertos, enterrados en vida, vacíos de esperanzas, contenidos, futuros e ideales. No hay que dejar que ese día acontezca; ni por abandono, ni por la derrota continua, ni por los fraudes ajenos, ni por los fracasos propios... nunca. Sólo cuando la dama de la última cita venga a recogernos en su regazo podremos decir, sólo entonces, sólo así, que ya debemos callarnos, pero nuestra conciencia nos dirá, con susurros benevolentes: “hiciste lo que pensaste”.

jueves, 11 de octubre de 2012

Así funciona el cortijo


Siempre ha de ser lo que Ellos quieren que sean. Nadie es inocente hasta que no demuestre lo contrario. Si no hay pruebas, se intuyen, o se inventan. Se acusa sin fundamento, y luego se busca el mismo: que se encuentre da igual, lo importante es que se ha arrojado ya la sombra de la duda sobre el objeto de la acusación. Las imágenes pueden ser utilizadas según interese, los sentimientos son hábilmente dirigidos. El control es casi total.

A las minorías se las desprecia, silencia o insulta: de todas formas son “grupúsculos” de nostálgicos. El Mundo va bien, dicen Ellos, y hay que creérselo, porque son más sabios, más ricos, más capaces, a pesar de que veamos que a nuestro alrededor no es así. Ellos dirigen, y el mundo va detrás. El señor es nuestro pastor y nosotros somos sus borregos. ¿Qué “señor” es ese que mueve los hilos?

Si hay beneficios, unos pocos de los amigos de Ellos se enriquecen; cuando hay pérdidas las palabras “solidaridad” y “esfuerzo común” son de general aplicación al colectivo social. Sólo se aprietan el cinturón aquellos que no pueden permitirse engordar más de la cuenta.

Así funciona el cortijo, y así quieren que siga funcionando.

viernes, 5 de octubre de 2012

Enfrentarse a la mayoría

Quien se enfrenta a la mayoría, a cualquier mayoría, sea cual sea el motivo que alegue, por muy fútil que pueda parecer, es más digno de respeto que el que desprecia a la minoría, refugiado en la seguridad y el anonimato –o en el apoyo unánime o borreguil- de la masa.

Digo que es más digno porque el hecho concreto del enfrentamiento contra un estado de opinión dominante significa ya de por sí un gesto de rebeldía, y la rebeldía es uno de los aspectos de la personalidad humana que más hay que valorar, respetar y admirar. Donde no existe la rebeldía, el inconformismo y la lucha contra el Sistema –cualquier sistema-, se asienta el demonio del nihilismo, el mono tema, la desidia o el amorfismo político y humano.

Decía Nietzsche (tan denostado y tan desconocido), que el hombre (yo añadiría, y la mujer) auténticamente libre era aquél, o aquella, que se enfrentaba a las circunstancias dominantes de su época. No quiso decir –yo tampoco lo afirmo, ni mucho menos- que esto signifique llevar la razón, pero sí que hay una voluntad –voluntad de poder- de existir como ente diferente, como persona distinta a una entidad “cósmica” y “general” en la que buscar el refugio cómodo y el anonimato son unas tentaciones demasiado fuertes.

Luchar contra la corriente puede terminar agotando, pero sólo los salmones más fuertes, los que persisten en su intento, logran llegar a su destino y procrear nuevas generaciones. Los débiles viven –y mueren- en las pantanosas aguas de la dejadez y la impotencia camufladas de “seguridad”.

viernes, 28 de septiembre de 2012

Ríos de Heráclito

Invento una extraña nave, digna de una mente que se retuerce en sus propios intersticios, y remonto con ella la corriente fluvial que siempre permanece y nunca es la misma. Las orillas se me parecen espejismos, tan difuminadas como la línea de sombra que es la vida transcurrida. ¡Tanto tiempo y tan escaso parece!

Atisbo, entrecerrando los ojos, en lontananza figuras que el recuerdo trae a colación en estos instantes; incluso imágenes completas, como fotografías tomadas en los instantes que reflejan. Tomadas por un dios que es la propia memoria; un dios que se transforma en demonio y continuamente me recuerda: “sólo eres un hombre”.

Allí veo un par de figuras infantiles jugando a la pelota, o reflejando sus sombras contra muros que guardaban misterios que nunca se resolvieron y que siempre fueron causas y finales de cuentos de miedo. Alrededor de una fogata que rompe la oscuridad del pasado, varias figuras danzan una extraña y sobrecogedora música. Una de ellas, tal vez yo mismo hace veinte años, me mira y sonríe enigmáticamente, y yo, Edipo que sabe que no hay enigma irresoluble, tiemblo y me recojo en mi mismo, otra vez, intentando volver al principio.

Sigo remontando el cauce del río, viendo como las márgenes se acercan, como si quisiesen ahogarme antes de que descubra el principio –tal vez, el final- y pueda arrepentirme o, vano intento este mío, encontrar dónde estaba el Paraíso original y dónde empieza el infierno. Llueve ahora, fuerte, insistentemente, y mi cuerpo comienza a desvanecerse conforme el principio –el fin- del río se va transformando en una oscuridad aún mayor que la que ya me rodea. Edipo aúlla, Heráclito aún insiste en que ningún río es el mismo río, pero hay ríos que, recorridos, siguen siendo persistencia de la memoria...

viernes, 21 de septiembre de 2012

Caminar, vivir tal vez

Me levanto de la cama con la sensación de que me hubiesen dado una paliza durante la noche. Me incorporo como Drácula en su ataúd. Me miro al espejo –entornando los ojos para no deslumbrarme con la luz y mi propia perdida mirada- para intentar reconocerme. Me restriego los ojos, me lavo la cara, mi mamá me mima.

Hay días en los que uno se siente incapaz siquiera de dar un paso (en todos los sentidos que se le quieran dar al término), pero el paso siempre se da. No hay más remedio, más salida que seguir caminando, porque es así, solamente así, como hacemos camino.

Apartarse a un lado, dejar que otros u otras decidan, es renunciar a caminar o, lo que es lo mismo, renunciar a vivir. No hablo de un aislamiento parcial –siempre oportuno, siempre constructivo del yo interior-, sino de ese aislamiento, de esa auto-reclusión en la Torre de Marfil donde nos sentimos tentados, algunas veces, de buscar refugio y abandonar esta lucha que es la vida.

Pero la Torre de Marfil no es ninguna solución sino una excusa. La Torre de Marfil es, en realidad, una tumba, el lugar donde dejar reposar nuestros huesos en la conveniente seguridad de que estamos a salvo: tan a salvo como la tierra muerta, o como las aguas que fluyen mansas hasta el olvido marino.

Caminar. Vivir, soñar tal vez, pero caminar. Sobre todo, caminar.

viernes, 14 de septiembre de 2012

La vida de cada cual

Realmente, nos debe importar muy poco lo que opinen los demás de nuestras convicciones, actitudes, gustos y demás cosas que se nos ocurran. La vida que se vive es la de uno, no la de los demás, y punto.

No hay diarios escritos que sirvan para todos los casos, ni siquiera –si se fuerza un poco esta reflexión- sirven para su propio autor. La vida es un diario en blanco, y cada cual debe escribirla según le parezca: con lápices de sangre, de tinta, de bilis o de dulces de fresa. Dejar que otros u otras los escriban es, no sólo de una vagancia vital excesiva, sino una pérdida completa de tiempo y esperanzas.

¡Adelante, adelante, adelante! No paréis, no os dejéis conducir. Prohibíroslo. No hay más vida que esta; la vuestra, la de cada uno, y en ella hay que hacer lo que se piense que se ha de hacer; con equivocaciones, aciertos, burradas, logros, fracasos a medias, renuncias consentidas, asentimientos por mayoría, desencantos, descubrimientos entre los matojos, besos fugaces y no tan fugaces, amores pasados y por venir, consuelos, juguetes encontrados en viejos baúles, páginas poéticas escritas en la adolescencia, confesiones crueles de adultos desencantados, locuras de viejos, polvo que somos y polvo en el que nos convertimos... nosotros y nosotras, en resumen, si es que se puede hacer un resumen de algo tan complejo como un ser humano.

Si hay algo de lo que se puede estar seguro, firmemente seguro, adecuadamente seguro, es de que se está vivo, y eso, recordarlo no está de más, es lo que vale, que después la noche eterna nos acogerá –con paciencia digna de la mejor madre- en su manto silencioso de eternidades en soledad individual.

viernes, 7 de septiembre de 2012

Humano, demasiado humano

Cada día que pasa soy, si eso es posible, menos “nacionalista” y más ser humano. Cada día las banderas, los himnos, los escudos, las frases rimbombantes y hechas, los símbolos obsoletos y estúpidos, me parecen más absurdos e inútiles. Cada día amo más al ser humano porque sé -en lo más profundo y vital de mi propia existencia - que soy humano, demasiado humano, y que nada que afecte a la humanidad me es ajeno.

Nada me interesan los colores de piel, las idolatrías de cualquier tipo, el sexo deseado o decidido, la frontera que marca y clasifica, el carné que caduca el mes que viene, la lengua materna o paterna. Olvido los antecedentes criminales, morales, éticos o futbolísticos (perdón por el exabrupto) de mi interlocutor o interlocutora. Me río de morales, antimorales, amorales, inmorales, y demás adjetivos calificativos impuestos por la sociedad, la justicia, la ley natural o el derecho divino.

Soy –todos somos, en realidad, si nos miramos profundamente- mi propio Dios. Soy mi propio infierno, mi purgatorio, mi limbo, mi Nou Camp, o mi particular estercolero, pero soy yo, y no el otro. Soy el todo y la nada. Somos el todo y la nada, y no hay alternativa. Como cuando soñamos: nadie manipula el sueño.

sábado, 1 de septiembre de 2012

Querida odiada dualidad

No hay placer sin dolor, ni luz sin oscuridad. Tampoco existiría amor sin soledad, o felicidad sin tristeza. El mundo está compuesto, básicamente, de dualidades. El Ying y el Yang asiáticos, los eternos contrapuestos. Sin ellos la vida sería tal vez más fácil, más sencilla, pero también mucho más aburrida.

Hay quien no siente dolor. Es una extraña enfermedad, reconocida por la ciencia, en la que, por alguna casuística que desconozco, el enfermo o enferma no siente en absoluto el dolor. Puede parecer una ventaja, pero no lo es: de hecho, podrían estar quemándose los pies en el brasero y no darse cuenta de ello hasta estar completamente envueltos en llamas. Lo que ignoro es si, al igual que con el dolor, les sucede con el placer. Si fuese así, la enfermedad sería doblemente grave.

Siempre la dualidad. ¿Somos los seres humanos, el mundo material en su totalidad, ying y yang, luz y oscuridad? ¿nos movemos como fantasmas con sustancia entre esos dos límites abstractos?

sábado, 25 de agosto de 2012

Que se pare el mundo

Cada vez los caminos se estrechan más, los horizontes se difuminan, las ideas alternativas no fluyen o no se deja que fluyan, la pendiente se hace más acusada.

El enfermo sigue agonizando, y nadie lo quiere mirar directamente al rostro. Los medicamentos que podrían sacarlo del coma se hallan abajo, en el sótano: encerrados bajo siete llaves, protegidos por un can Cervero vestido de uniforme, de cualquier uniforme. Arriba, en el ático de la gigantesca estructura, un extraño personaje vestido de negro golpea una mesa de caoba –que es símil de féretro- con un martillo de piedra, y un maletín repleto de papel, una cartuchera vacía, y un símbolo endiosado son colocados sobre un extraño sofá donde se halla sentado en reposo, meditando, dubitativo, un engominado directivo de urnas de cristal.

Sobre una fachada cercana alguien –algún miembro de un grupúsculo de inadaptados- ha escrito con su propia sangre: “que se pare el mundo, que quiero apearme”. El viento arrastra basuras ancestrales, las eleva a las alturas y las deja caer, suavemente, sobre el gigantesco edificio, sobre el único edificio, sobre el omnipresente edificio.

sábado, 18 de agosto de 2012

El fracaso de la enseñanza

Giner de los Ríos y otros intelectuales y sociólogos de finales del siglo XIX y principios del XX estudiaron el sistema educativo y hablaron de la “Nueva Escuela”. De hecho la idea se llevó a la práctica como experimento en diversos colegios públicos de España en los años 20 y 30, con un espectacular resultado, aunque sin continuidad en el tiempo debido a las presiones de la iglesia católica (siempre muy defensora de “su derecho” a la enseñanza) y de las clases más reaccionarias de la sociedad.

La enseñanza es la base de cualquier sociedad. La familia, se argumentará, también cuenta, y mucho. De acuerdo, pero es en la enseñanza en común, en la colectividad estudiantil, donde se crean los hombres y mujeres del futuro, los pensamientos de progreso, la nueva mentalidad que ha de tener una sociedad que quiera, de verdad, cambiar el mundo que nos rodea. Desgraciadamente la enseñanza actual sólo mantiene los cánones sociológicos actuales, sin intentar crear hombres y mujeres libres, sólo se buscan técnicos y personal cualificado y “competitivo”.

El sistema educativo sigue siendo el mismo desde hace mucho tiempo. Sólo han cambiado los planes de estudio, la libertad de enseñanza y el sistema de aprendizaje, pero no se educa en valores, en ética, y la “Nueva Escuela” dista aún mucho de ponerse en práctica. No se trata de “comer el coco” a nadie, pero sí de que todo el mundo empiece a razonar y a dudar sobre todo; porque en la duda está el razonamiento, la rebelión, y ésta, lo quieran o no admitir los poderosos, es la primera piedra de la libertad individual y del progreso colectivo.

viernes, 13 de julio de 2012

El ara de los sacrificios

El consejo de Ministros ha aprobado los nuevos recortes, que van a suponer más sacrificios para los de siempre; los más débiles, los trabajadores, los parados, los dependientes. Nada se dice de los bancos, ni de los poderosos. Esos parece ser que no cuentan… o no existen.

No puede haber mayor hipocresía que confesar que se está gobernando haciendo lo contrario de lo que se prometió en campaña. Señor Rajoy, la gente vota un programa político, por lo que, si no se cumple, se la está engañando. Pues eso, que nos engañan, y esto va a reventar en cualquier momento.

Ese consejo de Ministros lo ha presidido el Borbón, que sigue con sus discursos vacíos de contenido, porque no se los cree ni él, buen matador de elefantes, ni el entorno que lo sigue protegiendo (no en vano la Casa Real no ha sufrido ni un recorte nuevo).

Tampoco vale que nos encomendemos a dios, al menos al dios de la Iglesia Católica Apostólica, porque esta también está vendida al poder y disfruta de sus prebendas, sin perder un centavo de la generosa contribución de papá estado.

Así estamos: levantando el país aquellos que soportan el peso de las cargas y de las injusticias, para que los de siempre, la oligarquía política, financiera, religiosa y monárquica responsable de este desastre se mantenga en el poder.

Siguen convencidos de que nos tienen domados… pero el día en que esto estallen van a ponerse a temblar de verdad.

viernes, 29 de junio de 2012

No hay más ciego

No hay más ciego que el que no quiere ver, ni más sordo que el que no escucha, ni más loco que el que se niega a razonar. Niños muertos sobre una mesa deben hacer reflexionar y no provocar airadas respuestas de adolescente consentido. El terror no conoce fronteras, ni banderas, ni países, sólo sabe de irracionalidad, egoísmo y odios.

Por cada niño o mujer muertos en la guerra que aparezcan en nuestras cómodas televisiones o nuestros modernos medios de comunicación, mil imágenes, documentales, noticiarios, películas, dibujos animados, anuncios... se emitirán para “demostrarnos” y hacernos “razonar” de que nadie los mató, que ellos solos se murieron.

El silencio es tan responsable del crimen como la acción cuando su presencia es tan absoluta como se manifiesta continuamente. Tal vez sea el silencio del hastío, tal vez el de la impotencia. Pero, sea lo uno o la otra, el silencio es lo mismo de inútil. Mientras haya voz habrá que gritar: gritar aunque sea en el desierto, gritar hasta que uno reviente, gritar hasta la muerte. Porque no se puede vivir con miedo, y tampoco se puede vivir en silencio.

viernes, 22 de junio de 2012

Piedras de molino

No comulgar con piedras de molino. No dejarse llevar por la marea humana. No convertirse en masa simplemente por el hecho de que la masa es más fuerte o más numerosa. Es difícil hacerlo, porque es mucho más cómodo refugiarse en el nuevo “útero” primigenio, buscar la postura fetal a la que inconscientemente regresamos siempre que dormimos, y creer que nadie nos ve escondidos en la seguridad del anonimato.

Ayer fueron unos, hoy son otros, siempre diferentes a uno mismo, siempre ajenos a los problemas e inquietudes de uno mismo, pero mañana, ¡ay, mañana! puede acontecer que sea ese “uno mismo” el afectado, el señalado como un virus que corroe la “perfecta sociedad” del mañana, y los vientos arreciarán fuertes para intentar acabar con quien una vez se sintió seguro en el silencio.

La palabra está para destruir las piedras de molino, romper las presas que contienen las aguas que quieren correr libres, levantar la arena del desierto y lanzarla a los ojos de los ciegos, para arrancarles las legañas, o limpiarles el opaco cristalino que les impide pensar. La palabra no nos la pueden quitar. No hay silencio que no sea cómplice, ni grito que sea innecesario. Mañana nos puede tocar a cualquiera de nosotros: a mí, a ti, a él o a ella, y entonces, entonces, ¡ay, mañana!, nada podremos hacer.

viernes, 15 de junio de 2012

Occidente versus resto del mundo

El tiempo da o quita la razón. En estos días es mucho más importante para los medios de comunicación y los poderosos lo que piden los mercados, o los intereses occidentales en Siria, que lo que está sufriendo la población por culpa de los recortes. El racismo propio de la cultura eurocéntrica –mejor decir, aunque no sé si el término sería válido, occidentocéntrica- utiliza una balanza donde mide las muertes utilizando diferentes pesas.

Dos muertos por un asesino psicópata en EE.UU. son objeto de más prensa que cien muertos en una aldea cercana a Kabul. Un ministro israelí de la extrema derecha, radical, fanático del integrismo hebreo, tiene más “credibilidad” en occidente que un pueblo, como el palestino, que sigue siendo víctima del imperialismo sionista y el olvido de Europa y Estados Unidos.

La campaña –directa o inconsciente, da igual- que se está realizando contra todo lo que suene a islámico, árabe o antioccidental, está dando sus frutos. ¡Qué fácil es atacar al débil! Las sociedades muestran su verdadera cara en situaciones críticas: la solidaria o la más bestial. Hay una guerra que no se está desarrollando en Afganistán, que se está produciendo dentro de las sociedades que se llaman a sí mismas “democráticas”.

Los mismos países occidentales que fueron los impulsores del imperialismo y el colonialismo depredador desde el siglo XVI, son los que se consideran adalides de las libertades. Lo demás, según su punto de vista, ha de copiar sus modelos. Pero quieren hacernos olvidar que son, precisamente, sus modelos, los que están generando las guerras y las desigualdades.

viernes, 8 de junio de 2012

Lobo estepario

No puedo asegurar si se es más feliz cuanto más se ignoran las cosas, o si el conocimiento conlleva inevitablemente el pesimismo y la tristeza. Por supuesto, es mucho más cómodo abandonarse que intentar tirar del carro; dejar que los demás piensen por ti en vez de intentar razonar por uno mismo. El ser humano, animal de costumbres, parece que gusta de buscarse complicaciones para dar algún sentido a su vida (a su muerte ya le “dan sentido” tantas y tan variadas religiones y credos que en el mundo son), lo que pasa es que la mayoría de las veces tales complicaciones no son más que banalidades (vanidad de vanidades) que, mirándolas detenidamente, son absurdas y carecen de sentido. Pero el ser humano es así.

Tal vez, al fin y al cabo, lo que el ser humano necesite es tener unos símbolos, ideas o razones a los que seguir, atenerse o mantenerse fiel. ¿Complejo de rebaño o naturaleza humana? Las leyes, religiones, patrias, banderas, himnos, culturas... son las fronteras mentales que nos “sitúan” en un lugar determinado; que “evitan” que nos perdamos, que nos convirtamos en apátridas de la humanidad; que seamos lobos esteparios. El problema –grave, común, necesario muchas veces- surge cuando es precisamente lo contrario lo que se busca, buscamos, a lo largo de nuestro quehacer cotidiano que es, simplemente, la libertad de pensamiento.

viernes, 1 de junio de 2012

El más inútil de los inventos

Si existen cosas que embrutecen el cerebro y hacen que nos convirtamos en mentes obtusas, sin lugar a dudas una de ellas, y no la menos importante, es la televisión. Un invento que debería servir para elevar el nivel cultural y ético de una sociedad se ha convertido, debido a las imposiciones de consumo y manipulación ideológica, en un cubo de basura del que se van sacando inmundicias que se muestran como verdades, obras de arte, cultura u ocio, transformando la actividad de contemplación de la imagen en la pasividad del que se deja hacer.

Ya han desaparecido casi completamente los concursos culturales (quedan algunos, perdidos aquí y allá, apenas esbozos de lo que fue, en un primer momento, una programación cultural); los documentales son pocos, dispares, emitidos en horarios imposibles o en competición con grandes eventos deportivos o cinematográficos, o en mitad de los interminables culebrones; los debates no políticos son ahora monotemáticos, sin apenas diferenciación ideológica entre los contertulios, donde predomina lo “políticamente correcto”; los dibujos animados, antaño con contenidos constructivos, son ahora patrimonio de la cultura “manga”, de la violencia sin sentido, de los argumentos absurdos, de la idiotez. Y así, prácticamente todo.

Llevo meses en los que sólo veo los telediarios -porque coinciden con las comidas- y utilizo el televisor para ver películas o documentales con el video. Fuera de eso la televisión es un objeto que se limita a acumular polvo. Si algún día se avería tengo mis dudas, serias dudas, de que comprara otra. Lo más seguro es que me olvidara definitivamente de un trasto que ha devenido en objeto inútil.

viernes, 25 de mayo de 2012

La razón de la fuerza

No es igual la fuerza de la razón que la razón de la fuerza. En este caso el orden de los factores sí que altera –y mucho- el producto.
Vencer, derrotar al enemigo en un campo de batalla, sea cuales sean las circunstancias concretas, no significa necesariamente que se tenga la fuerza de la razón, tan sólo que se es más fuerte. Por supuesto, la Historia la escriben siempre los vencedores, y son ellos los que deciden quién es el bueno y quién es el malo de esa historia.

Estudiando con detenimiento la historia nos encontramos con un continuo enfrentamiento entre Imperios o poderes estatales interesados en mantener su dominio sobre el resto de adversarios. Es una lucha maquiavélica, en donde todo vale con tal de mantener el status quo interesado. Una gran partida de ajedrez donde muchas piezas son prescindibles, donde se puede, incluso, cambiar las normas de juego, pero la base siempre es la misma: derrotar al rival.

Tener más cañones, bombas, aviones, barcos o soldados no da la razón, ni la quita, sólo es una circunstancia más, determinante, eso sí, en las relaciones internacionales de todas las épocas. Es como en las películas: el bueno da una soberana paliza al malo, y eso “demuestra” claramente que tiene razón. A veces, claro, el que recibe la paliza es el bueno (recuérdese “La Ley del Silencio”, con Marlon Brando), lo que tampoco le quita la razón y, al mismo tiempo, demuestra que la fuerza no es sinónimo de justicia.

viernes, 18 de mayo de 2012

Imponiendo cultura

Cuando los conquistadores españoles llegaron hasta las tierras gobernadas por los aztecas, se quedaron sorprendidos, aterrorizados y enfurecidos por las costumbres y prácticas religiosas de los indígenas: sacrificios humanos, canibalismo, rituales fanatizados, templos repletos de calaveras e intestinos... Todo el mundo religioso azteca rezumaba sangre, violencia, idolatría, satanismo... Era todo lo contrario a la “civilizada” cultura europea de donde procedían los “cultos” españoles.

Así que se pusieron manos a la obra: destruyeron templos, ídolos, ciudades, culturas; exterminaron pueblos enteros; los esclavizaron, humillaron, aniquilaron. Convirtieron a las mujeres en concubinas a la fuerza, y a los hombres en esclavos para canteras, minas y granjas. Impusieron su religión católica, superior, civilizada, progresista, y “demostraron” al mundo y a la historia que Occidente, una vez más, era superior ética, económica y militarmente a las demás culturas.

Millones de indios murieron: fue el coste que hubo que pagar para acabar con la “sangrienta y medievalista” religión azteca. Occidente puso sus cruces sobre los antiguos templos. El nivel de vida subió rápidamente, aunque sólo para esos “maravillosos” soldados españoles, y la cultura azteca se murió de golpe, como diría Neruda, arrastrada por la corriente del “progreso”.

Esa es la Historia. Nunca se repite exactamente, pero tiende a reciclarse de continuo… incluso hoy en día.

sábado, 12 de mayo de 2012

Abandonad la torre de marfil

Cada día que pasa, después de cada latido del corazón, tras cada nuevo paso por el camino que es la vida, estoy más convencido de que hay que seguir luchando por todo lo que uno crea que merece la pena luchar, sin importar si es una utopía o una pérdida de tiempo, sin valorar su coste o su beneficio; sólo por el simple hecho de saber que se puede hacer algo más tener una actitud contemplativa y pasiva, refugiado en una torre de marfil donde nada ha de suceder y nada interesa que suceda.

Luchar, por lo que uno cree y piensa que es justo. Luchar, no sólo por lo que pueda beneficiarnos –que eso es fácil y lógico- sino también por aquellas cosas que no nos afectan directamente. Caminar, sí, pero sin dejar de mirar a los lados: para ver, para ayudar o para combatir, sin caer en el fatalismo y sin dejarse llevar por la monotonía.

Hay que abandonar la Torre de Marfil, y decir –y decirnos- que las cosas pueden cambiar, y que mover una sola piedra de los cimientos del edificio donde se esconde la injusticia y el caos quizá no sea suficiente, pero por una piedra se empieza...

viernes, 4 de mayo de 2012

La caída de un imperio

Octavio Augusto grita en su trono, aúlla improperios contra su maldito general, Varo, que al frente de varias legiones ha sido derrotado y muerto junto a todas ellas, exterminado por los bárbaros. La Pax Augusta tiembla, los germanos amenazan las fronteras y la civilización romana no puede imponerse a esos hombres altos y rubios, vociferantes y salvajes que sólo conocen la religión de los druidas y el tribalismo.

Octavio Augusto exige con rapidez una venganza. Mira a su alrededor y ve a sus acompañantes: su hijastro Tiberio, de mirada soslayada y fría; a Calígula jugueteando cruelmente con un pobre gato; al estúpido de Claudio babeando de forma harto miserable... Ve a sus posibles sucesores, y a su esposa, Lyvia, flotando sobre todos ellos, con su sonrisa de esfinge.

“Varo, devuélveme a mis legiones”.

El Imperio tiembla en los cimientos. Nada es eterno y los bárbaros, a pesar de todo, tomarán el relevo.

viernes, 27 de abril de 2012

Nunca pasa nada

Nunca pasa nada... cuando a los poderosos interesa que eso sea así. ¿Qué fue del “síndrome de los Balcanes”, o de las “vacas locas”, o de la fiebre aftosa? En África no ha pasado nada y, por consiguiente, no se investigará la actuación del monarca español. Kyoto fue una reunión para jugar a las cartas, nada más, y ni hablar de la cumbre de las Américas, que no es sino una pantomima para que los poderosos sigan controlando las economías y las vidas de los latinoamericanos.

La OTAN se fundó para combatir al “peligro comunista”. Cayó el telón, y la organización militar sigue funcionando a pleno rendimiento, ahora contra el “peligro integrista”… y lejos de su ámbito de actuación. Nada de extrañar.

Las cárceles sólo están llenas de pobres desgraciados porque los ricos, los poderosos, pueden permitirse contratar a los mejores abogados y juristas para seguir en libertad. La policía ayuda en los desahucios, y apenas unos minutos en golpear y disolver una manifestación de estudiantes antiglobalizadores o de trabajadores a los que han despedido... Nada pasa nunca.

viernes, 20 de abril de 2012

Noticias de un mundo descreído

Si las primeras noticias de los informativos de radio y televisión, y las portadas de los periódicos son los fichajes de las estrellas “futboleras”, vamos listos. Va siendo habitual que las noticias deportivas (entiéndase, fútbol) van “comiendo” terreno a todas las demás. Es un claro síntoma de los tiempos: Pan y Circo.

Dar patadas a una pelota es mucho más importante que cualquier clase de huelga, accidente de circulación o crisis hambrunas. Ya no existen Sócrates, Platones o Shopenhauer: han sido sustituídos por los Ronaldos, Messi, Etoo y compañía. El coste de uno sólo de esos jugadores bastaría para solucionar la vida de miles de personas del Tercer Mundo... pero eso no interesa.

Vivimos en un mundo lleno de absurdos. Absurdos que van creciendo, que se van acrecentando. Quizá es que la humanidad ya no sabe hacia dónde camina, ni tan siquiera si está haciéndolo o está parada en alguna encrucijada.

La Idea no ha muerto: ha sido el recipiente el que se ha roto.

viernes, 13 de abril de 2012

El ritmo del silencio

Hemos perdido el disfrute del silencio. No del silencio de los olvidados, o de las penas, sino el de la contemplación: el silencio que nos descubre cosas nuevas está perdido, desaparecido entre el ruido de la vida moderna.

Ayer, abriendo las ventanas para refrescar la casa, sólo pude oír coches, camiones, motos con el tubo de escape "arreglado", voces estridentes, gritos... Realmente, para deprimirse. Estamos tan acostumbrados a ese ruido de fondo que ya casi lo asumimos como algo consustancial a la vida diaria, y es un error. Algunas mañanas de domingo, a temprana hora, a través de esas mismas ventanas abiertas oigo a los pájaros cantar e, incluso, una fuente privada que sigue brotando escondida en un pequeño jardín. Se puede, incluso, oír algunas lejanas pisadas, o los ecos profundos que producen las ramas de los árboles al ser agitadas por el relente de la madrugada.

Hemos perdido el silencio, asesinado por este ritmo asesino que ha convertido a nuestras ciudades en fábricas de estrés (odioso término anglosajón que sería preciso sustituir por "angustia"), agobio y ruidos. Por eso, cuando llegan las vacaciones, o los días de asueto, buscamos el silencio cómplice, aunque muchas veces no lo sepamos ni nosotros mismos, tan profundo lo tenemos clavado en el subconsciente.

viernes, 30 de marzo de 2012

Murmurar en el desierto

Casi nunca es suficiente murmurar en el desierto. Los susurros sólo son efectivos cuando se hacen ante el oído de una persona amada. El desierto no entiende de palabras bellas, ni de gestos, ni siquiera de aspavientos; sólo la arena es dueña y señora de sus espacios. Por eso, no basta murmurar injusticias y desasosiegos, hay que gritarlos: para que la voz agónica reverbere en ecos constantes entre los pedregales y las arenas del erial que nos puedan rodear. Hay que romperse a gritar: dejarse los pulmones y la voz para que, al menos, el aire y la tierra del desierto puedan saber de nuestros desvaríos.

El silencio es cómplice. Decía Lawrence de Arabia que el desierto le gustaba porque estaba limpio... Pero la limpieza no es sinónimo de justicia; como mucho, de asepsia, y ésta, por ajena a la naturaleza, puede ser tan falsa como los cristales de la feria que deforman los reflejos. El desierto produce esos silencios, provoca esa sensación de abandono en la que cualquiera se puede dejar llevar -al más mínimo descuido- y morir en vida, deambulando, finalmente, por esos espacios repletos de vacío.

No, no odio al desierto por ser desierto, sino por la soledad que acompaña al caminante, por el silencio que intenta imponer a sus habitantes, por la forma tan cruel que tiene de cubrir las osamentas de sus víctimas con una áspera sábana de arena. No puedo odiar el desierto porque está con nosotros desde siempre; del nacimiento a la muerte. Pero sí hay que procurar no susurrar en el desierto, porque no sirve para nada. Hay que gritar, desahogarse, romper las cortinas de acero que lo limitan por todo su perímetro y, quizá, atisbar a su través algún oasis, o una utopía.

viernes, 23 de marzo de 2012

A impulsos

Nos movemos a impulsos. Caminamos por la vida al ritmo del latir de nuestros corazones –o de corazones ajenos-, a veces de una forma segura, a veces despistados e insensibles. No valoramos lo que tenemos hasta que no lo hemos perdido o hemos estado a punto de perderlo definitivamente: entonces paramos, reflexionamos y nos decimos que hay que dar mayor importancia a las cosas leves, a lo intangible más que a lo material, al beso más que a la intención, al hecho no a la frase. Después, volvemos a caer en ese caminar impulsivo, otra vez despistados, la mayor parte del tiempo.

Conforme más hemos avanzado –o retrocedido, nunca se sabe- ese camino más tendemos a echar miradas hacia atrás, no para ver si nos siguen nuestras sombras sino para intentar atisbar los cadáveres de los que fuimos. Delante de nosotros siempre existe la bruma que nos impide ver el camino, atrás la bruma se va espesando, y el mismo camino empieza a ir difuminándose. Somos como un gran barco, solitario y fantasmal, perdido en la niebla.

Entre los impulsos que nos mueven y el camino que recorremos, somos.¿Qué somos? La eterna pregunta. Somos lo que somos, eso, al menos, es lo que yo pienso, pero es que no hay otra forma de definirnos, porque somos un cúmulo de contradicciones, de incongruencias y de variantes que hacen que, afortunadamente, nunca seamos los mismos y las mismas, que cambiemos a cada instante.

Eso sí, queda la esencia. La esencia quizá sea la brújula que nos indica el camino o, por lo menos, nos orienta un poco.

viernes, 16 de marzo de 2012

Prohibid que os prohiban

¡Prohibid que se os prohíban! Esta pintada la leí, hace ya mucho tiempo, junto a un letrero que ponía: “Prohibido pegar carteles”. Entonces me hizo gracia, hoy me identifico totalmente con esa pintada. Quien prohíbe, teme. Quien gobierna, ocupa el poder, decide e impone, tiene como uno de sus principales hábitos, prohibir.

No hagan esto, no digan eso, no se muevan de allí, no alcen la voz, no griten, no, no, no... Y, al final, tantos noes convierten la vida en una negación, que es el peor atributo que puede tener esto en lo que estamos todos y que dura tan poco.

Hay que estar en contra de las prohibiciones porque sí. Cuando se prohíbe es porque no se ha sido capaz de convencer.

viernes, 9 de marzo de 2012

Pena de muerte

¡Miseria humana! ¡Desprecio por la vida ajena! ¿Acaso la inteligencia es enemiga de la naturaleza? La venganza es producto del odio, y el odio es impotencia.

Sí, ¡bailad, bailad, malditos! Disfrutad viendo por televisión la ejecución del asesino de vuestros familiares y amigos. Recrearos en su agonía. Observad, con una sonrisa en vuestros labios y la saliva chorreando por sus comisuras, cómo le sujetan a la silla con correas de odio y venganza, cómo le cubren el rostro, cómo le inyectan la letal sustancia, cómo se contrae durante un breve momento y os entrega su alma... a vosotros, el diablo mundo.

¡Reíd, reíd, malditos! La venganza es un placer de dioses, la impotencia en su máxima expresión. Ahora, con el asesino muerto, podréis revolcaros en la tumba llena de estiércol en la que habéis convertido vuestra vida sin sentido, porque una vida que busca la muerte de otro no es sino una pérdida de tiempo.
No os llamaré animales, porque sería insultar al reino animal. Ni os llamaré humanidad, porque no merecéis ese nombre. Al final, creo que me dais más lástima vosotros, amigos de la venganza, que el ejecutado.

Y todavía hay algunos que abogan por la pena de muerte. ¡Miseria humana!

sábado, 3 de marzo de 2012

Esto es el paraíso

Una anciana mira con ojos cansados y corazón degastado una mísera pensión que apenas cubre sus necesidades. Un bebé abre sus ojos, escrutando con interés el misterio continuo que le rodea. Una madre reza por su futuro mientras se toca el hinchado vientre y aspira a que su hijo nazca en un mundo mejor. Jóvenes que buscan un lugar bajo el sol donde huir del hambre, se arriesgan en la noche, sobre las aguas revueltas y malditas que quieren cobrarse su cuota de carne.

Hay una patera abandonada en la playa. Un cuerpo desnudo y muerto aparece en la arena. Las cárceles están llenas de desesperados. Hay un explotador con su repugnante red acechando entre fresales e invernaderos. Una chabola se cae a pedazos y, en su oscuridad, veinte hombres se reparten espacio y alimentos. Cinco educados políticos discuten sin cesar el sexo de los ángeles.

Ya no restallan látigos de siete colas, ni hay largas filas de esclavos encadenados por el cuello, pero las condenas siguen siendo las mismas, aunque se vistan con otros ropajes.

Esto es el “paraíso” que nos vende el sistema.

viernes, 24 de febrero de 2012

Como rosas en el jardín

Nos quieren controlar, como si fuésemos rosas en un jardín. Nos quieren ver “crecer” a su manera, que nos movamos, hablemos e, incluso pensemos como ellos digan. No les basta con tenernos callados y medio dormidos: no, pretenden introducirse en nuestras mentes, manipularlas desde allí, silenciar cualquier atisbo de réplica. Nos quieren convertir en máquinas obedientes y bien engrasadas.

Por eso preparan proyectos de ley para controlar los medios cibernéticos de comunicación, y se suben a lo alto de la columna, como Simón del desierto, para predicar sus “triunfos” y despreciar a los que los califica de falsos e insolidarios. Por eso las “noticias” no son sino lo que las diez agencias de comunicación más poderosas del globo quieren que llenen los informativos. No somos sino un rebaño al que tener callado mientras se enriquecen y declaran guerras allí donde necesitan defender sus exclusivos intereses económicos.

Nos quieren alienar para seguir medrando, para seguir echando abono (los cuerpos de todos los que mueren por causa de las desigualdades de “su” sistema) a un árbol que está corrompido hasta sus raíces. Y parece que lo pueden conseguir... a no ser que tomemos las calles.

viernes, 17 de febrero de 2012

El Gran Hermano

¡Ay, el “Gran Hermano! No es un programa de televisión, no, ¡ojalá sólo fuese eso! Entonces sí que podríamos librarnos de él pulsando el interruptor. No, el “Gran Hermano” está a nuestro alrededor, invadiendo el ambiente, infiltrándose por cada uno de los poros de todos y todas nosotros y nosotras. Nos empapa, nos ahoga, nos transforma, nos convierte.

El “Gran Hermano” sigue incansable su senda; el camino único, el horizonte despejado que debemos mirar como alternativa válida. El camino sin cruces, sin atascos, sin desvíos... Todos en fila india, siguiendo a un “líder” incuestionable. Todo el mundo dejándose llevar, que es más fácil.

El “Gran Hermano” nunca duerme, no hay que confiar en él, aunque venga vestido de bella dama o galante caballero.

viernes, 10 de febrero de 2012

La dictadura de las mayorías

El sistema actual en el que se defiende a las mayorías peca, muchas veces, de prepotencia, imposición, desprecio a las minorías o al que piensa o es diferente. Quizá sea uno de los fallos de la democracia que habría que intentar corregir de algún modo.

Si la mayoría decide algo, hay que acatar inmediatamente ese algo por parte de todos, incluso de los que no han estado con esa mayoría. La mayoría, incluso, a veces no es más que la mitad más uno, y la minoría, la mitad menos ese uno. Las minorías son las grandes discriminadas de este tipo de sistemas.

Por supuesto, no intento decir que esto siempre sea malo, ni mucho menos, pero sí que puede provocar incongruencias, absurdos e injusticias. Que una cosa o hecho sea apoyado por la mayoría no es sinónimo de razón, solamente de fuerza. La razón es otra cosa, diferente, que puede no coincidir con la mayoría.

Lo contrario de la mayoría, la dictadura de una minoría, también es para echarse a llorar. Puede ser que la decisión de esa o esas personas de la minoría sea razonable, pero también puede obedecer a intereses de la minoría a la que representan.
De una u otra forma, siempre estamos rayando en la línea que separa a las personas de los lemmings, esos animales que, cada cierto tiempo, se reúnen en grandes rebaños, recorren una enorme distancia, y se arrojan por unos precipicios al mar, para morir allí destrozados o ahogados... sin motivo aparente, sin razón alguna.

sábado, 4 de febrero de 2012

¡Romped las cadenas!

Dicen –las mayorías, como siempre- que a los veinte años todo el mundo quiere cambiar el mundo; que a los treinta sólo pretende cambiar lo más evidente; que a los cuarenta se renuncia a cambiar todo; a los cincuenta incluso se justifica la sociedad en que se vive; y a partir de los sesenta se odia cualquier tipo de cambio. Eso dicen las mayorías... razón de más para llevar la contraria.

¿Significa eso que los jóvenes son estúpidos por idealistas y que esa “enfermedad” se cura con los años? ¿Justifica esa actitud que las sociedades persistan en sus errores y avancemos, cuando lo logramos, muy poco a poco? En absoluto. Los prejuicios son perniciosos, lo que se da por sabido, más aún. Nada hay escrito hasta que nosotros empuñemos el estilete y escribamos sobre la dura piedra lo que pensamos del mundo.

Si con veinte se es idealista, con sesenta se ha de ser aún más idealista. ¿Por qué? Porque ya no hay nada que perder, sólo la vida –que ya está cerca de las penumbras- y también –como siempre- las cadenas. ¡Romped las cadenas!

viernes, 27 de enero de 2012

Las prisas cotidianas

Ejercito mis dudas. ¿Nadie se ha fijado que cada día que pasa la gente camina por las calles con más prisa? ¿qué cada día que pasa las personas van pareciéndose más a las máquinas, que se alejan unas de otras? Quizá el “progreso” sea eso: transformación del sosiego en prisa, y pérdida de la propia humanidad.

Es curioso. Se dice continuamente que cada vez se tiene más tiempo libre para disfrutar; y cada día, en cambio, corremos más, hacemos las cosas más rápido para tener más tiempo para nosotros. Pero ¿tiempo para qué? ¿para ver la televisión? ¿para poder hacer horas extras para poder comprar otro automóvil al año de haber adquirido otro? ¿para seguir yendo a los sitios con prisa, para seguir “ahorrando” tiempo?

Sigo ejercitando mis dudas. En este mundo que nos está tocando vivir, basado en ese lema de la “competitividad”, “perder” el tiempo parece que es sinónimo de vagancia, insolidaridad o estupidez, cuando “perderse” es la mejor forma de encontrarse.

viernes, 20 de enero de 2012

Internet

Se dice algo así como que Internet es una forma más de relación, con sus características propias, como todas las demás actividades sociales. También afecta a los sentimientos, a la razón, al espíritu, y por eso mismo puede generar también problemas... como toda relación social.

Internet no es diferente a las demás actividades humanas. Tiene sus propias características, evidentemente, unas buenas y otras menos buenas o, incluso, malas o perniciosas. Pero ni es un pozo de despropósitos, ni el paso a la deshumanización, ni nada de todo eso que preconizan los alarmistas y los desconocedores de este mundillo. Es, simplemente, un medio más, no un fin en sí misma.

Internet es un producto más a disposición de quien quiera tomarlo. Con él también se producen los contactos entre personas, las implicaciones sociales y el intercambio de sentimientos y conocimientos.

viernes, 13 de enero de 2012

Reid, reid, malditos

La risa, el estornudo del alma alegre, es fundamental, imprescindible para sentirse vivo o viva. Dicen que reír mucho provoca arrugas en la frente y las comisuras de los labios, ¿y llorar o estar triste, no provoca arrugas en el alma? Quien no ríe nunca envejece mucho más rápido.

No hay nada más bello que la risa de los mayores (de los ancianos, de los viejos, de la “tercera edad”, como prefiráis llamarlos), ni más triste que el sollozo de los niños. Y es así. Sin risa la vida es mucho más pesada.

Que es difícil reír nadie lo va a negar, por eso hay que buscar cualquier excusa alegre para hacer estornudar al alma. Para llorar, desgraciadamente, siempre tendremos tiempo. La vida es eso, risas y lágrimas; las primeras hay que aprovecharlas cada vez que haya oportunidad. Las segundas vienen sin llamarlas.

jueves, 5 de enero de 2012

Tomar el mando

Embarcados en este barco que es el mundo en su totalidad, podría caerse en la tentación de seguir ese dicho ácrata tan conocido de “que se pare el mundo, que me quiero apear” o, por el contrario, evitar esa tentación y seguir embarcado en esta pequeña mota de polvo espacial e intentar hacer lo posible –y lo imposible- para cambiar el rumbo y evitar que la nave se estrelle contra las rocas.

¿Qué las cosas seguirán así por mucho que se intente lo contrario? Puede ser, pero también es verdad que si no se hace nada sí que es seguro que no cambiarán. Por eso hay que mantenerse firme, y nada de apearse de ningún barco; al contrario, hay que tomar el mando porque el capitán ha demostrado con creces su incompetencia.