viernes, 27 de abril de 2012

Nunca pasa nada

Nunca pasa nada... cuando a los poderosos interesa que eso sea así. ¿Qué fue del “síndrome de los Balcanes”, o de las “vacas locas”, o de la fiebre aftosa? En África no ha pasado nada y, por consiguiente, no se investigará la actuación del monarca español. Kyoto fue una reunión para jugar a las cartas, nada más, y ni hablar de la cumbre de las Américas, que no es sino una pantomima para que los poderosos sigan controlando las economías y las vidas de los latinoamericanos.

La OTAN se fundó para combatir al “peligro comunista”. Cayó el telón, y la organización militar sigue funcionando a pleno rendimiento, ahora contra el “peligro integrista”… y lejos de su ámbito de actuación. Nada de extrañar.

Las cárceles sólo están llenas de pobres desgraciados porque los ricos, los poderosos, pueden permitirse contratar a los mejores abogados y juristas para seguir en libertad. La policía ayuda en los desahucios, y apenas unos minutos en golpear y disolver una manifestación de estudiantes antiglobalizadores o de trabajadores a los que han despedido... Nada pasa nunca.

viernes, 20 de abril de 2012

Noticias de un mundo descreído

Si las primeras noticias de los informativos de radio y televisión, y las portadas de los periódicos son los fichajes de las estrellas “futboleras”, vamos listos. Va siendo habitual que las noticias deportivas (entiéndase, fútbol) van “comiendo” terreno a todas las demás. Es un claro síntoma de los tiempos: Pan y Circo.

Dar patadas a una pelota es mucho más importante que cualquier clase de huelga, accidente de circulación o crisis hambrunas. Ya no existen Sócrates, Platones o Shopenhauer: han sido sustituídos por los Ronaldos, Messi, Etoo y compañía. El coste de uno sólo de esos jugadores bastaría para solucionar la vida de miles de personas del Tercer Mundo... pero eso no interesa.

Vivimos en un mundo lleno de absurdos. Absurdos que van creciendo, que se van acrecentando. Quizá es que la humanidad ya no sabe hacia dónde camina, ni tan siquiera si está haciéndolo o está parada en alguna encrucijada.

La Idea no ha muerto: ha sido el recipiente el que se ha roto.

viernes, 13 de abril de 2012

El ritmo del silencio

Hemos perdido el disfrute del silencio. No del silencio de los olvidados, o de las penas, sino el de la contemplación: el silencio que nos descubre cosas nuevas está perdido, desaparecido entre el ruido de la vida moderna.

Ayer, abriendo las ventanas para refrescar la casa, sólo pude oír coches, camiones, motos con el tubo de escape "arreglado", voces estridentes, gritos... Realmente, para deprimirse. Estamos tan acostumbrados a ese ruido de fondo que ya casi lo asumimos como algo consustancial a la vida diaria, y es un error. Algunas mañanas de domingo, a temprana hora, a través de esas mismas ventanas abiertas oigo a los pájaros cantar e, incluso, una fuente privada que sigue brotando escondida en un pequeño jardín. Se puede, incluso, oír algunas lejanas pisadas, o los ecos profundos que producen las ramas de los árboles al ser agitadas por el relente de la madrugada.

Hemos perdido el silencio, asesinado por este ritmo asesino que ha convertido a nuestras ciudades en fábricas de estrés (odioso término anglosajón que sería preciso sustituir por "angustia"), agobio y ruidos. Por eso, cuando llegan las vacaciones, o los días de asueto, buscamos el silencio cómplice, aunque muchas veces no lo sepamos ni nosotros mismos, tan profundo lo tenemos clavado en el subconsciente.