viernes, 29 de junio de 2012

No hay más ciego

No hay más ciego que el que no quiere ver, ni más sordo que el que no escucha, ni más loco que el que se niega a razonar. Niños muertos sobre una mesa deben hacer reflexionar y no provocar airadas respuestas de adolescente consentido. El terror no conoce fronteras, ni banderas, ni países, sólo sabe de irracionalidad, egoísmo y odios.

Por cada niño o mujer muertos en la guerra que aparezcan en nuestras cómodas televisiones o nuestros modernos medios de comunicación, mil imágenes, documentales, noticiarios, películas, dibujos animados, anuncios... se emitirán para “demostrarnos” y hacernos “razonar” de que nadie los mató, que ellos solos se murieron.

El silencio es tan responsable del crimen como la acción cuando su presencia es tan absoluta como se manifiesta continuamente. Tal vez sea el silencio del hastío, tal vez el de la impotencia. Pero, sea lo uno o la otra, el silencio es lo mismo de inútil. Mientras haya voz habrá que gritar: gritar aunque sea en el desierto, gritar hasta que uno reviente, gritar hasta la muerte. Porque no se puede vivir con miedo, y tampoco se puede vivir en silencio.

viernes, 22 de junio de 2012

Piedras de molino

No comulgar con piedras de molino. No dejarse llevar por la marea humana. No convertirse en masa simplemente por el hecho de que la masa es más fuerte o más numerosa. Es difícil hacerlo, porque es mucho más cómodo refugiarse en el nuevo “útero” primigenio, buscar la postura fetal a la que inconscientemente regresamos siempre que dormimos, y creer que nadie nos ve escondidos en la seguridad del anonimato.

Ayer fueron unos, hoy son otros, siempre diferentes a uno mismo, siempre ajenos a los problemas e inquietudes de uno mismo, pero mañana, ¡ay, mañana! puede acontecer que sea ese “uno mismo” el afectado, el señalado como un virus que corroe la “perfecta sociedad” del mañana, y los vientos arreciarán fuertes para intentar acabar con quien una vez se sintió seguro en el silencio.

La palabra está para destruir las piedras de molino, romper las presas que contienen las aguas que quieren correr libres, levantar la arena del desierto y lanzarla a los ojos de los ciegos, para arrancarles las legañas, o limpiarles el opaco cristalino que les impide pensar. La palabra no nos la pueden quitar. No hay silencio que no sea cómplice, ni grito que sea innecesario. Mañana nos puede tocar a cualquiera de nosotros: a mí, a ti, a él o a ella, y entonces, entonces, ¡ay, mañana!, nada podremos hacer.

viernes, 15 de junio de 2012

Occidente versus resto del mundo

El tiempo da o quita la razón. En estos días es mucho más importante para los medios de comunicación y los poderosos lo que piden los mercados, o los intereses occidentales en Siria, que lo que está sufriendo la población por culpa de los recortes. El racismo propio de la cultura eurocéntrica –mejor decir, aunque no sé si el término sería válido, occidentocéntrica- utiliza una balanza donde mide las muertes utilizando diferentes pesas.

Dos muertos por un asesino psicópata en EE.UU. son objeto de más prensa que cien muertos en una aldea cercana a Kabul. Un ministro israelí de la extrema derecha, radical, fanático del integrismo hebreo, tiene más “credibilidad” en occidente que un pueblo, como el palestino, que sigue siendo víctima del imperialismo sionista y el olvido de Europa y Estados Unidos.

La campaña –directa o inconsciente, da igual- que se está realizando contra todo lo que suene a islámico, árabe o antioccidental, está dando sus frutos. ¡Qué fácil es atacar al débil! Las sociedades muestran su verdadera cara en situaciones críticas: la solidaria o la más bestial. Hay una guerra que no se está desarrollando en Afganistán, que se está produciendo dentro de las sociedades que se llaman a sí mismas “democráticas”.

Los mismos países occidentales que fueron los impulsores del imperialismo y el colonialismo depredador desde el siglo XVI, son los que se consideran adalides de las libertades. Lo demás, según su punto de vista, ha de copiar sus modelos. Pero quieren hacernos olvidar que son, precisamente, sus modelos, los que están generando las guerras y las desigualdades.

viernes, 8 de junio de 2012

Lobo estepario

No puedo asegurar si se es más feliz cuanto más se ignoran las cosas, o si el conocimiento conlleva inevitablemente el pesimismo y la tristeza. Por supuesto, es mucho más cómodo abandonarse que intentar tirar del carro; dejar que los demás piensen por ti en vez de intentar razonar por uno mismo. El ser humano, animal de costumbres, parece que gusta de buscarse complicaciones para dar algún sentido a su vida (a su muerte ya le “dan sentido” tantas y tan variadas religiones y credos que en el mundo son), lo que pasa es que la mayoría de las veces tales complicaciones no son más que banalidades (vanidad de vanidades) que, mirándolas detenidamente, son absurdas y carecen de sentido. Pero el ser humano es así.

Tal vez, al fin y al cabo, lo que el ser humano necesite es tener unos símbolos, ideas o razones a los que seguir, atenerse o mantenerse fiel. ¿Complejo de rebaño o naturaleza humana? Las leyes, religiones, patrias, banderas, himnos, culturas... son las fronteras mentales que nos “sitúan” en un lugar determinado; que “evitan” que nos perdamos, que nos convirtamos en apátridas de la humanidad; que seamos lobos esteparios. El problema –grave, común, necesario muchas veces- surge cuando es precisamente lo contrario lo que se busca, buscamos, a lo largo de nuestro quehacer cotidiano que es, simplemente, la libertad de pensamiento.

viernes, 1 de junio de 2012

El más inútil de los inventos

Si existen cosas que embrutecen el cerebro y hacen que nos convirtamos en mentes obtusas, sin lugar a dudas una de ellas, y no la menos importante, es la televisión. Un invento que debería servir para elevar el nivel cultural y ético de una sociedad se ha convertido, debido a las imposiciones de consumo y manipulación ideológica, en un cubo de basura del que se van sacando inmundicias que se muestran como verdades, obras de arte, cultura u ocio, transformando la actividad de contemplación de la imagen en la pasividad del que se deja hacer.

Ya han desaparecido casi completamente los concursos culturales (quedan algunos, perdidos aquí y allá, apenas esbozos de lo que fue, en un primer momento, una programación cultural); los documentales son pocos, dispares, emitidos en horarios imposibles o en competición con grandes eventos deportivos o cinematográficos, o en mitad de los interminables culebrones; los debates no políticos son ahora monotemáticos, sin apenas diferenciación ideológica entre los contertulios, donde predomina lo “políticamente correcto”; los dibujos animados, antaño con contenidos constructivos, son ahora patrimonio de la cultura “manga”, de la violencia sin sentido, de los argumentos absurdos, de la idiotez. Y así, prácticamente todo.

Llevo meses en los que sólo veo los telediarios -porque coinciden con las comidas- y utilizo el televisor para ver películas o documentales con el video. Fuera de eso la televisión es un objeto que se limita a acumular polvo. Si algún día se avería tengo mis dudas, serias dudas, de que comprara otra. Lo más seguro es que me olvidara definitivamente de un trasto que ha devenido en objeto inútil.