sábado, 25 de agosto de 2012

Que se pare el mundo

Cada vez los caminos se estrechan más, los horizontes se difuminan, las ideas alternativas no fluyen o no se deja que fluyan, la pendiente se hace más acusada.

El enfermo sigue agonizando, y nadie lo quiere mirar directamente al rostro. Los medicamentos que podrían sacarlo del coma se hallan abajo, en el sótano: encerrados bajo siete llaves, protegidos por un can Cervero vestido de uniforme, de cualquier uniforme. Arriba, en el ático de la gigantesca estructura, un extraño personaje vestido de negro golpea una mesa de caoba –que es símil de féretro- con un martillo de piedra, y un maletín repleto de papel, una cartuchera vacía, y un símbolo endiosado son colocados sobre un extraño sofá donde se halla sentado en reposo, meditando, dubitativo, un engominado directivo de urnas de cristal.

Sobre una fachada cercana alguien –algún miembro de un grupúsculo de inadaptados- ha escrito con su propia sangre: “que se pare el mundo, que quiero apearme”. El viento arrastra basuras ancestrales, las eleva a las alturas y las deja caer, suavemente, sobre el gigantesco edificio, sobre el único edificio, sobre el omnipresente edificio.

sábado, 18 de agosto de 2012

El fracaso de la enseñanza

Giner de los Ríos y otros intelectuales y sociólogos de finales del siglo XIX y principios del XX estudiaron el sistema educativo y hablaron de la “Nueva Escuela”. De hecho la idea se llevó a la práctica como experimento en diversos colegios públicos de España en los años 20 y 30, con un espectacular resultado, aunque sin continuidad en el tiempo debido a las presiones de la iglesia católica (siempre muy defensora de “su derecho” a la enseñanza) y de las clases más reaccionarias de la sociedad.

La enseñanza es la base de cualquier sociedad. La familia, se argumentará, también cuenta, y mucho. De acuerdo, pero es en la enseñanza en común, en la colectividad estudiantil, donde se crean los hombres y mujeres del futuro, los pensamientos de progreso, la nueva mentalidad que ha de tener una sociedad que quiera, de verdad, cambiar el mundo que nos rodea. Desgraciadamente la enseñanza actual sólo mantiene los cánones sociológicos actuales, sin intentar crear hombres y mujeres libres, sólo se buscan técnicos y personal cualificado y “competitivo”.

El sistema educativo sigue siendo el mismo desde hace mucho tiempo. Sólo han cambiado los planes de estudio, la libertad de enseñanza y el sistema de aprendizaje, pero no se educa en valores, en ética, y la “Nueva Escuela” dista aún mucho de ponerse en práctica. No se trata de “comer el coco” a nadie, pero sí de que todo el mundo empiece a razonar y a dudar sobre todo; porque en la duda está el razonamiento, la rebelión, y ésta, lo quieran o no admitir los poderosos, es la primera piedra de la libertad individual y del progreso colectivo.