viernes, 26 de octubre de 2012

Soy legión

Soy un soldado alemán, o uno soviético, o uno rumano, o italiano, o húngaro, luchando en mitad de ninguna parte, combatiendo en las ruinas de Stalingrado, muriendo sin saber bien por qué motivo. Soy un judío errante, encerrado entre alambres de espino de un campo de exterminio en cuya puerta un letrero anuncia, irónicamente: “El trabajo os hará libres”. Las chimeneas arrojan humo negro...

Camino descalzo bajo un sol de justicia, buscando refugio donde ampararme, beber agua y calmar esta sed que me abrasa, comer... lo que sea. Quiero alimentar a mi hijo, pero mi pecho no da más que aire... y él, o ella, muere entre mis brazos marchitos sin haber siquiera vivido.

¿Quién incendió Samarkanda? ¿Quién destruyo Nínive? ¿Acaso Bagdad no es ya más que una ruina? Nueva York tiene una cicatriz que aún sangra. A mil millones de millas mil muertos inocentes pagan los platos rotos. Una mina olvidada destruye un camión repleto de civiles. Soy un trabajador de Mahattan, y una mujer condenada dos veces, por mujer y por pobre.

Somos nuestro propio dios, y nuestro propio infierno, o acaso, ¡ah, terrible duda! tal vez dios, el demonio, luz y oscuridad sean la misma cosa y estén dentro de todos y cada uno de nosotros y nosotras.

viernes, 19 de octubre de 2012

No al silencio

El día en el que uno se calle, o deje que lo silencien, ese día habrá muerto. Será un cadáver que ande, coma, duerma y respire, pero sin alma, o sin espíritu. Una sombra de un viajero a ninguna parte. Hay que gritar con toda la fuerza cada vez que haga falta, criticar cuando se necesite, poner el dedo en la llaga... y clamar una y otra vez contra las injusticias. El silencio nunca, a no ser que no haya algo mejor que decir.

El día en el que yo me calle, o deje que me silencien, habré muerto, y ya no seré yo, el que quise, o el que pretendí ser, sino lo que los demás, o el Sistema, hayan querido que sea. Entonces, seguramente, balearé como las ovejas, o seguiré el sendero ya trazado y, cuando llegue mi óbito, mi conciencia me martirizará y repetirá hasta el silencio definitivo: “dejaste que te dijeran”.

El día en que me callen, os callen, nos callen, estaremos muertos, enterrados en vida, vacíos de esperanzas, contenidos, futuros e ideales. No hay que dejar que ese día acontezca; ni por abandono, ni por la derrota continua, ni por los fraudes ajenos, ni por los fracasos propios... nunca. Sólo cuando la dama de la última cita venga a recogernos en su regazo podremos decir, sólo entonces, sólo así, que ya debemos callarnos, pero nuestra conciencia nos dirá, con susurros benevolentes: “hiciste lo que pensaste”.

jueves, 11 de octubre de 2012

Así funciona el cortijo


Siempre ha de ser lo que Ellos quieren que sean. Nadie es inocente hasta que no demuestre lo contrario. Si no hay pruebas, se intuyen, o se inventan. Se acusa sin fundamento, y luego se busca el mismo: que se encuentre da igual, lo importante es que se ha arrojado ya la sombra de la duda sobre el objeto de la acusación. Las imágenes pueden ser utilizadas según interese, los sentimientos son hábilmente dirigidos. El control es casi total.

A las minorías se las desprecia, silencia o insulta: de todas formas son “grupúsculos” de nostálgicos. El Mundo va bien, dicen Ellos, y hay que creérselo, porque son más sabios, más ricos, más capaces, a pesar de que veamos que a nuestro alrededor no es así. Ellos dirigen, y el mundo va detrás. El señor es nuestro pastor y nosotros somos sus borregos. ¿Qué “señor” es ese que mueve los hilos?

Si hay beneficios, unos pocos de los amigos de Ellos se enriquecen; cuando hay pérdidas las palabras “solidaridad” y “esfuerzo común” son de general aplicación al colectivo social. Sólo se aprietan el cinturón aquellos que no pueden permitirse engordar más de la cuenta.

Así funciona el cortijo, y así quieren que siga funcionando.

viernes, 5 de octubre de 2012

Enfrentarse a la mayoría

Quien se enfrenta a la mayoría, a cualquier mayoría, sea cual sea el motivo que alegue, por muy fútil que pueda parecer, es más digno de respeto que el que desprecia a la minoría, refugiado en la seguridad y el anonimato –o en el apoyo unánime o borreguil- de la masa.

Digo que es más digno porque el hecho concreto del enfrentamiento contra un estado de opinión dominante significa ya de por sí un gesto de rebeldía, y la rebeldía es uno de los aspectos de la personalidad humana que más hay que valorar, respetar y admirar. Donde no existe la rebeldía, el inconformismo y la lucha contra el Sistema –cualquier sistema-, se asienta el demonio del nihilismo, el mono tema, la desidia o el amorfismo político y humano.

Decía Nietzsche (tan denostado y tan desconocido), que el hombre (yo añadiría, y la mujer) auténticamente libre era aquél, o aquella, que se enfrentaba a las circunstancias dominantes de su época. No quiso decir –yo tampoco lo afirmo, ni mucho menos- que esto signifique llevar la razón, pero sí que hay una voluntad –voluntad de poder- de existir como ente diferente, como persona distinta a una entidad “cósmica” y “general” en la que buscar el refugio cómodo y el anonimato son unas tentaciones demasiado fuertes.

Luchar contra la corriente puede terminar agotando, pero sólo los salmones más fuertes, los que persisten en su intento, logran llegar a su destino y procrear nuevas generaciones. Los débiles viven –y mueren- en las pantanosas aguas de la dejadez y la impotencia camufladas de “seguridad”.