jueves, 28 de febrero de 2013

Las alimañas

Las alimañas que andan por ahí no descansan. Llevan ya una temporada calentando el ambiente, señalando a los responsables de todos nuestros males y desastres: los de “fuera”. Las alimañas, que necesitan de la ignorancia para seguir sobreviviendo, cierran los ojos cuando sus bestiales hijos salen a la calle y apalean, como dignos discípulos de la secta de la caperuza blanca, a un grupo de negros, moros o chinos, o se manifiestan portando banderas nazis por las calles de cualquier ciudad del país que dirigen. Cuando los manifestantes protestan contra sus políticas reaccionarias, lanzan sus bestias represoras a la calle y les ordenan el reparto “equitativo” de “leña” a diestro y siniestro, como ángeles vengadores que deben arrojar a la serpiente del paraíso capitalista y culturalmente monolítico que defienden estos neonazis en ciernes.

Alimañas que inventan patrañas para acabar con sus enemigos políticos, o que inventan leyes para limitar la oposición política e ideológica a sus planteamientos carroñeros. Hablan bien, como buenos alumnos educados en colegios jesuíticos e influidos por sectas opusinas de ilustres y canonizados hechiceros. emiten encuestas más falsas que las monedas de tres euros, o bajan los precios ficticios mientras los monederos se vacían con más rapidez que hace unos meses. Pero no importa, aúllan las bestias, esto va bien... mientras ellos lo digan.

¿Fabricarán dentro de unos meses estrellas amarillas para colgar en los pechos de todos aquellos y aquellas que no entren en el rebaño? ¿Harán romper los cristales de los edificios antiglobalización? Tal vez convoquen a sus lacayos para iniciar una nueva noche de cristales rotos, y concentren al adversario, al diferente, al pensador y pensadora, en los particulares campos de exterminio del aislamiento y el desprecio, fabricando el sistema a su medida.

viernes, 22 de febrero de 2013

Correctamente democráticos

¡Sé libre! Y lo obligan a limpiar los adoquines de la calle mientras sus liberadores sonríen satisfechos. ¡Intégrate! Y le hacen un conveniente lavado de cerebro para que abandone sus prácticas “cavernícolas” y se identifique con la sociedad que, benévolamente, lo ha acogido. ¡Democratízate! Y le cachean vehementemente para evitar que pueda hacerse daño con el velo, turbante o cualquier otro adminículo que pueda llevar encima. Puede que hasta le regalen un curioso colgante para el cuello...

Seguramente cualquier día de estos se publicará algún libro que contemple la correcta conducta a seguir en un estado democrático; cómo vestir, qué pensar, dónde ir, cómo hablar y qué es lo políticamente correcto. Quizá termine con un “dios mediante”, o “dios guarde a usted muchos años”, o alguna simpleza similar. Tal vez haya que comprarlo obligatoriamente, y llevarlo en la mochila mental, al igual que los soldados alemanes llevaban en su mochila de combate un ejemplar del Mein Kampf de Adolf Hitler.

Ellos, los sabios, pronuncian grandilocuentes discursos de lo que es el ejercicio de un derecho, despotrican de culturas, religiones, formas de pensar que no son las suyas... y se quedan tan satisfechos, respaldados y aplaudidos por una sociedad en la que la ignorancia es el pan nuestro de cada día. Así nos va, cornudos y apaleados.

viernes, 15 de febrero de 2013

Con el mazo dando

¡Atemoricemos, que es la época!. Pasamos por una etapa que me recuerda a la de la restauración del absolutismo, allá por los años veinte del siglo XIX, justo después de la caída del “revolucionario” Napoleón. La triple Entente –Rusia, Austria, Prusia- apoyaba y sostenía a todos los gobiernos absolutistas: los progresistas se veían acorralados, perseguidos, exterminados. El pueblo gritaba “Vivan las cadenas”, tan ignorante de su situación como los cerdos antes de su sacrificio. Se nominan al Nobel de la Paz a asesinos institucionales como Tony Blair y George Bush, o se ensalzan viejos y arcaicos valores patrios, religiosos o tradicionalistas. Todo vale ya que nadie parece tener la fuerza suficiente para oponerse a los designios del Señor, o sea, el Capital triunfante.

Demos a las masas fútbol a espuertas, culebrones interminables de los que uno sólo aprende que las mamás son muy buenas y las mujeres están para ser amantes esposas y perfectas amas de casa, concursos estúpidos y manipulados, materialismo y consumismo a cambio de silencios y consentimientos... Démosles opio, o circo, para que no piensen.

Eso sí, si alguno o alguna saca los pies del tiesto, mano dura, golpe en el cogote, arresto nocturno y calabozo para que allí enfríe sus ánimos, que no interesa un carácter ardoroso, o unas ideas demasiado claras, o una mente excesivamente lúcida.

viernes, 8 de febrero de 2013

Los hombres educados

Se reúnen, educadamente hablan, discuten soluciones y las aplican, educadamente también. Educadamente engañan, se enriquecen y benefician a sus amigos y compinches, sitúan en posiciones de poder a los acólitos, siempre con buenas palabras, siempre educadamente. Se sienten ofendidos cuando los engañados les dicen cuatro verdades a la cara, les rompen los asientos de terciopelo donde posan sus culos gordos y sebosos, los cogen de las solapas y les preguntan cuándo van a escuchar lo que piden los de abajo. Educadamente, manchan sus pantalones. Educadamente, se refugian tras cuatro o seis gorilas, perdón, guardias de seguridad o miembros de las fuerzas del orden, y callan.

Luego, en la seguridad de sus aposentos, delante de las cámaras de sus adláteres y seguidores, amenazan, hablan en nombre de la urbanidad y del derecho (su derecho, por supuesto), se hacen los fuertes con los débiles. Eso sí, siempre de forma educada.

A este tipo de pandillas y cohortes de vividores, burguesitos de toda índole, clasistas veteranos, defensores del orden, la moral y la ética del poder, ya les llegará su particular san Martín. Los bárbaros terminarán exterminándolos, eso sí, habrá que hacerlo de forma educada, para que no se sientan mal.