viernes, 26 de abril de 2013

Sueños de la sinrazón

¡Oh, sueños de la sinrazón que producen los monstruos! ¡Desvaríos que se convierten en ley y norma a cumplir! El viento sopla muy fuerte en estos páramos, y no sé qué hacer, qué decir, dónde refugiar mis instintos.

Mis ideas están desnudas, desprotegidas frente al caballero negro que blande la espada flamígera del poder y la imposición. Esto no es el paraíso, no al menos para mí. La noche oscura se adelanta en el tiempo, mil infantes más mueren de hambre, y un ave de metal arroja sus entrañas de muerte sobre una aldea miserable.

¡Oh, sueños de la sinrazón que producen los monstruos! Los sensatos dirimen, en asientos de terciopelo, cuál ha de ser nuestra sensatez, a pesar de que la razón se niega a admitirla. El cielo ve caer sus estrellas, y no hay futuro, sólo la oscuridad del deseo silenciado, el pesimismo de los desesperados, la tristeza de las viudas y los huérfanos.

viernes, 19 de abril de 2013

No nos callemos

Al más paciente –que no es mi caso- termina por acabársele la virtud del santo Job y termina por decir ¡basta! y no consentir ni una más. Quizá el error sea no decirlo cuando acontece la primera vez, pero somos humanos y podemos aguantar mucho más de lo que creemos o intuimos.

Hay que parar los pies a todos aquellos, sean personas o instituciones, grupitos o naciones, “lumbreras” o mentecatos, que intentan imponernos mediante la fuerza de sus convicciones morales, lo que ellos, y sólo ellos, consideran justo, necesario y bueno. ¡Basta ya de presunciones de culpabilidad! ¡Basta ya de consentir discursos manifiestamente reaccionarios que desprecian al adversario político y desprecian, igualmente, la inteligencia del que los escucha!

Una democracia, cualquier democracia verdadera, no se fundamenta en palabras, sino en hechos, y pierde todo su valor cuando no elimina las desigualdades, corrige injusticias, escucha al pueblo o controla sus propias instituciones. Una democracia no se construye con más medidas represivas, con menos impuestos a los que más ganan, con ilegalizaciones más que dudosas, con insinuaciones racistas y con ánimos belicistas. Eso no es democracia sino fascismo. En eso estamos viviendo ahora.

Si nos callamos, otra vez más, si nos quedamos sentados, mirando, de nuevo vencerán, y cada paso delante de ellos es un paso atrás en la solidaridad y el progreso del hombre.

viernes, 12 de abril de 2013

Hay quien está muerto

Hay quien está muerto, y no lo sabe. Como árboles muertos y que aún permanecen en pie, sombras de vida. ¿No los veis? ¡Mirad despacio, a vuestro alrededor! ¡Observad las luces de los ojos que os observan! Los silencios son más delatores que las palabras o los hechos. Demasiados fallecidos pasean por las calles...

¿Por qué caen las hojas si no es otoño? Fluye el río, pero nadie escucha. Entre los árboles, el aire toca instrumentos de madera, pero nadie los oye. Quizá, alguna pareja, aún enamorada, se percate de ello o, quizá también, un pequeño deje la pelota a un lado y se ponga a sentir... ¿Por qué caen las hojas si ya no es otoño, si nunca ha sido otoño?

Los fantasmas han invadido las ciudades, y no sé dónde esconder mi sombra...

viernes, 5 de abril de 2013

De ciudadanos, no súbditos

Bajo determinados soles el camino se hace más pesado, menos machadiano y bastante laberíntico. Arrojamos nuestros pensamientos contra las escarpadas paredes de esos desfiladeros construidos por Hobbes, y nos preguntamos también, acompañando a la sombra de Hamlet, si somos o dejamos de ser porque los demás, reyes corruptos, nos obligan a ello. Sabemos que no somos nada y deberíamos tomar cicuta, como Sócrates, y no vender nuestras almas por una migaja de exilio.

Sentir el calor tostar nuestra faz no demuestra que estemos vivos; al contrario: puede ser que nuestra piel, mal acostumbrada al sufrimiento inadvertido, se ha vuelto demasiado blanda, excesivamente débil. Se agrieta, se convierte en pergamino donde alguien, tal vez algún misterioso arcano, escribe, con letras salpicadas en oro extraído de las montañas de la Locura, epitafios escritos, tiempo ha, en los más recónditos rincones de la memoria, de nuestra memoria.

Arrostrar las cadenas impuestas es merecer la esclavitud aceptada, porque nadie es más esclavo que quien admite los designios dictados por otros. Romper los grilletes, aunque las manos sangren por mil heridas y el alma grite de dolor, resucita a Rousseau de entre las tinieblas, domestica a los cuatro jinetes del propio Apocalipsis, y sirve de bálsamo –nunca definitivo, siempre agradable- de Fierabrás, de pócima mágica, de sagrado Cáliz donde beber, de nuevo, la sustancia que hace que podamos seguir caminando, a pesar de esos singulares y ardientes soles que, de vez en cuando, hacen parecer más fúnebres los senderos, más duros los repechos, más terribles los precipicios, más lejanos los horizontes...