viernes, 31 de mayo de 2013

Vivir para recordar

Propósitos nuevos, o viejas promesas que nunca se han cumplido; mejorar lo mejorable; enmendar los pequeños defectos porque los grandes -esos que siempre nos acompañan- es casi imposible; terminar aquél trabajo que nos marcamos, o dejarlo definitivamente en el cofre de los sueños rotos.

Pasamos por el tiempo como un viento a través de los pinares. Apenas dejamos otro rastro que unas huellas en la arena de esa playa que es la Vida, en mayúsculas. Somos un grano anónimo en una infinitud de desiertos. Pero que nadie se engañe: no es la tristeza, ni la melancolía, la que hablan por mi boca, sino la conciencia, clara, abierta, diáfana, de que vivir es lo importante, y aprovechar el momento, fundamental. Demás añadidos, luces de candilejas, pueriles adornos, honores, carne, materia, no son sino el barniz, la capa vacía que es la primera en caer una vez llegada la Noche Eterna.

Lo que queda, lo que hay, es lo que somos: el recuerdo que la memoria retiene como paño de oro. Vivimos lo que recordamos, como bien dice Gabriel García Márquez. Vivamos para recordar.

viernes, 24 de mayo de 2013

Vivir, vivir

No puedo dejar de pensar en lo corta que es la vida, en lo rápido que pasa el tiempo. Somos lo que somos, no más que un grano de polvo en el universo, o un segundo en la eternidad. Paréntesis entre la no vida de antes de nacer, y la no vida tras la muerte. La noche eterna, como decían los romanos, nos acogerá en su mando tranquilo de silencio y olvido.

Hoy estamos aquí; respirando, comiendo, riendo, llorando, amando, paseando por las calles de nuestro pueblo o ciudad. Mañana, nadie sabe. Mañana podemos estar muertos, o no estar a pesar de seguir vivos. Por eso hay que vivir, aprovechar cada momento, sentir cada instante. Se hace difícil porque nos acostumbramos a los olores, colores, experiencias, y llegamos pensar que es algo habitual, común, simple cuando, en realidad, es lo más maravilloso de la vida: precisamente eso, estar vivo.

Piensa, mírate dentro. Dentro de veinte, treinta, cuarenta años, yo no estaré aquí. Pero ya no importará. Lo que interesa ahora, en este momento, en cada instante en que se respira, es que se vive; una sola vez, una sola, para bien y para mal. Que sea para bien, en lo que sea posible.

viernes, 17 de mayo de 2013

La negación del silencio

Recogiendo una frase, que aparece en algunos cómics de superhéroes, hay que decir siempre que: “un gran poder conlleva una gran responsabilidad”. No me refiero al poder político, ni al moral o ético, ni al económico, sino a los otros “poderes”: aquellas situaciones en las que, por un motivo u otro, nos encontramos en una posición de, valga la expresión, “privilegio o responsabilidad”.

El silencio es cómplice del crimen conocido. Cuando se tiene ese “poder” hay que estar para lo bueno y lo malo y, como he dicho en varias ocasiones, no se puede ser amigo de todo el mundo, porque ya se sabe que quien es amigo de todos no es amigo de nadie.

Así que, rotos los silencios cómplices, los silencios que pueden hacer que el que grita se sienta más fuerte, llegan luego los silencios inteligentes: los silencios que sirven para que el que grita quede afónico en el desierto de sus propios alaridos.



viernes, 10 de mayo de 2013

Buscando la cabra

No sé dónde anda la cabra, la puñetera cabra. La busco bajo la almohada, debajo de la alfombra de la entrada, miro y remiro los estantes superiores de la biblioteca, o en el fondo de la más intransitable alacena. Imposible. Es como buscar el final del arco iris, y más difícil aún que meter a un camello por el ojo de la aguja.

Tampoco sé dónde están las soluciones a tantos problemas que afectan a la humanidad en general. Busco alternativas y sólo encuentro negativas y rechazos por parte de los que deberían tomar nota de los recursos disponibles. El capital se perpetúa a sí mismo, crece, degenera, y vuelve a perpetuarse, sin importarle ni un ápice las muchedumbres de desarraigados que quedan atrás. Predomina la competitividad, falta la solidaridad.

Supongo que, al final, lograré encontrar la cabra, o el final del arco iris e, incluso, podré atravesar, montado en un brioso camello, el ojo de la aguja, pero temo, más de lo que debería, que jamás veré convertirse al capital en humano, ni al gobernante en sensatez. Claro que, dicen, la esperanza es lo último que se pierde, pero Pandora la tiene bien oculta en la caja que cerró a destiempo.

martes, 7 de mayo de 2013

Un pueblo libre

Los pueblos son libres, han de serlo sin quieren decidir su futuro. No hay pueblo libre si está oprimido por otros. Donde no hay alegría, interna, segura, convencida, no hay lugar para la libertad. Cuando un pueblo sabe lo que quiere, y así lo afirma y se reafirma en su sabiduría –que puede ser más o menos acertada pero que es la que piensa que es- la alegría y la fiesta surgen a borbotones. Nadie puede negar las evidencias.

La libertad de los pueblos no es contraria a la eliminación de las fronteras: éstas son creaciones artificiales: decididas para poder controlar, desde los poderes de una minoría privilegiada, a la población. Las diferentes culturas, en cambio, son creaciones de siglos y siglos de antigüedad, y han crecido, y seguirán haciéndolo, por sus mutuas interrelaciones, influencias, contactos y aportaciones.

Que nadie pretenda confundir la libertad de los pueblos para decidir su camino y defender sus culturas con la imposición de fronteras y la parálisis del progreso. Al contrario: es precisamente esa libertad y defensa de lo propio lo que hace posible que siga existiendo esa multiculturalidad que tanto necesitamos hoy en día para poder combatir la monotonía de esa anticultura que algunos llaman “globalización”.

viernes, 3 de mayo de 2013

La caverna

Dice Saramago, en su libro “La Caverna”, que no se puede recuperar el tiempo perdido: que el tiempo que ha pasado, pasado está. Y es así. Lo más que podemos conseguir es reconocer esa pérdida e intentar que no se produzca en futuros más o menos próximos. El tiempo, en definitiva, no pasa, no existe; es un lugar de encuentro en donde desarrollamos nuestras efímeras existencias, a las que, ingenuamente, cronometramos.

La vida es tiempo cronometrado, está compuesta de momentos, recuerdos, experiencias, incluso memorias. La vida es eterna; la de cada uno y cada una de nosotros. Somos tan absurdos en muchos momentos que creemos que viviremos siempre, y actuamos como si fuésemos a construir nuestros propios paraísos de existencia ininterrumpida. Vivimos así egoístamente, adquiriendo cosas materiales como quien absorbe aire en sus pulmones; recogiendo migajas en ese espacio al que hemos llamado tiempo, engañándonos con futuros inalcanzables.

Hay que vivir la vida, lo demás es pura parafernalia, estúpido engaño, imaginaciones desbordadas de mentes ofuscadas por la posesión y la irracionalidad. Vivir porque, ante todo –y mientras no se nos demuestre lo contrario- sólo se vive una vez.