viernes, 26 de julio de 2013

Recuerdos

Parafraseando a Machado, mi infancia son recuerdos de unos jardines en Lanjarón, puerta de las Alpujarras granadinas.
Recuerdos de arrayanes y un melocotonar que daba buenos frutos; de una parra frondosa que me daba escondrijo; de un muro alto para un crío de seis años, que escondía misterios que sólo pude descubrir cuando mi edad, mi estatura, me permitió atisbar el otro lado: barro oscuro, estiércol, desperdicios.

Tal vez sea la distancia en el tiempo, o un no sé qué subjetivo lo que me hace pensar que con la edad los días se acortan, las horas son más breves, la vida se desmadeja con mucha más rapidez, pero mi memoria me trae jornadas eternas de juegos y diversiones, batallas infantiles en trincheras de margaritas y maizales, excursiones prohibidas a castillos abandonados. Todo a la vez, entremezclado en un aquelarre sin control y sin limitación. La infancia no conoce de cortapisas propias, aunque sí de prohibiciones externas.

Recuerdo los buñuelos, una masa frita similar a la de los churros, a las seis de la tarde, sentado en la puerta de la casa de mis abuelos, y cómo los engullía rápido para poder ir a jugar de nuevo con los amigos. El sol no parecía jamás abandonarnos y la noche, arrendada por mil y un sonidos de desconocidas criaturas, llegaba casi de improviso, como pidiendo perdón por obligarme a retornar al dormitorio. Eternidad que se fue marchando.

martes, 23 de julio de 2013

Aminora el paso

Aminora el paso, mira el paisaje. No dejes que el horizonte te hipnotice y la tierra que pisas te sea ajena. ¿Me escuchas? Ensimismado en futuros hipotéticos, crees que eres infinitud y eternidad, mas sólo puedes compararte con una mota de polvo, una gota de lluvia, un suspiro en medio de un huracán. Desciende.

Estás aquí de alquiler: todo lo que tienes está arrendado por tiempo limitado. Hay una hora en la que el horizonte se apagará y sólo verás la oscuridad que sí será infinita y eterna. Aprovecha ahora, ausente, y recréate en el paisaje que vas recorriendo, porque, tal vez, nunca más tengas la oportunidad de respirar su aire o pisar su tierra.

Desciende a los infiernos. Vive fuera de paraísos hipotéticos. Adórate a ti mismo como si fueses dios, y ódiate como a tu peor enemigo cuando dejes de serlo. Asciende entonces. El futuro no existe, debes saberlo, como tampoco existe el presente. Sólo pasado, sólo momento vivido.

sábado, 20 de julio de 2013

Los ríos

Nos vamos poco a poco. Algunos más deprisa. Nos diluimos entre meandros de gozos y sombras, precipitándonos, a veces, en cascadas de placer o en torbellinos de odio. Somos remansos de paz en orillas soñadas y, otras veces, aguas profundas y peligrosas con mirada de asesino.

Nacemos para ser río, ya lo dijo Manrique. Podemos vivir como arroyo anónimo e incapaz de llegar a ninguna parte, condenado a desparramarse y desaparecer en campos yermos. También podemos ser río fugaz y violento, cargado de furiosas aguas y destructor de frágiles presas, y terminar cayendo al mar por precipicios de roca yerma y tierra estéril. Y río suave, de recorrido tranquilo, acariciando las orillas que atravesamos como si fueran niños de pecho o amantes necesitados de un primer o un último beso. Río solaz, río casa, río vida.

De nosotros y nosotras depende qué aguas llevemos, cómo las llevemos y hacia dónde las llevemos.

viernes, 12 de julio de 2013

¿Dónde estamos?

¿Dónde están? Acaso las cifras macroeconómicas han vuelto a conformar a la ciudadanía? El mundo va bien, y una sonrisa de autocomplacencia se dibuja en un rostro. El planeta sigue girando, arrastrando sus muertos y sus injusticias. El movimiento perpetuo, como dicen los físicos, no existe.


Mañana todo será olvido. Lo único que parece importar es un voto, un escaño, un trabajo, un coche nuevo, la hipoteca, los niños, la tele, que no funciona. Los “negritos” sólo son una anécdota en una vida monótona y a salvo de sobresaltos. ¿Estamos o nos hemos ausentado en una quinta y definitiva dimensión?

Dios no ha muerto: simplemente, está aburrido de su obra y se dedica a jugar con una consola de juegos a construir y destruir sueños. La vida sigue, con todo, y tras los muros no parece haber nadie dispuesto a derribarlos con el martillo de la razón.

viernes, 5 de julio de 2013

Los rincones oníricos de la memoria

Los rincones. El lugar donde refugiarse. Misterios de niños. En la primera casa donde viví recuerdo la azotea. Era una casa de vecinos, y yo vivía en el ático, al que se llegaba por una desvencijada y estrella escalera. Frente al mismo se encontraba la azotea; cubierta, con sus lavaderos y su aseo (nuestro piso era tan pequeño que no tenía uno propio). Recuerdo a mi madre lavando la ropa en la terraza mientras yo jugaba con soldaditos de plástico (no muchos, no había para más) en una esquina de mi territorio urbano.

Era mi país, el lugar del que yo era dueño. Nadie subía nunca por aquellas desvencijadas escaleras que iban hasta el ático y la azotea, salvo mis padres y yo mismo. En los lavaderos jugaba a aventuras submarinas. Algunas veces, valiente y despreocupado hasta la extenuación, subía por la pequeña pendiente del tejado del edificio y lograba asomarme por la cornisa, atisbando la calle, tres pisos más abajo.

Lugares de recuerdos. No tenía muchos juguetes: custodiaba como si fuese oro aquel pequeño submarino de plástico barato y unos vaqueros e indios, con los que desarrollaba mil y una historias. Era mi país esa azotea mágica, y sus fronteras –aquella escalera desvencijada, aquél tejado en pendiente y la cornisa que daba al mundo exterior- me protegían y resguardaban ese paraíso que sentía mío.

Hace apenas diez años, una constructora derribó el edificio totalmente y levantó uno nuevo en su lugar. El edén, o su recuerdo, desaparecieron para siempre en el universo físico de las cosas, pero no en el onírico de la memoria.

lunes, 1 de julio de 2013

Como las nubes en el cielo

No podemos recuperar el pasado y nos tenemos que conformar con la memoria, extraño lugar que nos gasta malas pasadas, extraviando recuerdos o desvaneciendo imágenes entre nieblas de tiempo y palabras que son arrastradas por el viento como si fuesen papeles usados. La Memoria, vieja amiga y mortal enemiga; nos dice, a veces en sueños, lo que fuimos y qué traicionamos, y en otras ocasiones, mentirosa, nos hace olvidar rostros y situaciones, asesinatos y martirios inexpresables.

Mis primeros recuerdos... No lo sé, tan frágil es el alma –la memoria humana- que olvida la luz primera que lo hizo nacer. No lo sé... tal vez algún jardín cuidado en un pueblo de las Alpujarras donde jugaba a las canicas o me extasiaba bajo la lluvia, divina inocencia. Tal vez también un pequeño piso en un ático, viejo y destartalado, oliendo a cocina de carbón y leche en polvo. El tiempo lo cura todo, se dice, pero también se va llevando muchas rosas entre sus bravas aguas.

Soy lo que fui y perdí, lo que soy y mantengo, lo que seré y obtendré. Soy como todos y todas, memoria que se hace y deshace, como las nubes en el cielo.