viernes, 14 de noviembre de 2014

El enfermo y la estructura

Cada vez los caminos se estrechan más, los horizontes se difuminan, las ideas alternativas no fluyen, o no se deja que fluyan, la pendiente se hace más acusada.

El enfermo sigue agonizando y nadie lo quiere mirar directamente al rostro. Los medicamentos que podrían sacarlo del coma se hallan abajo, en el sótano, encerrados bajo siete llaves y protegidos por un can Cervero vestido de uniforme, de cualquier uniforme. Arriba, en el ático de la gigantesca estructura, un extraño personaje de traje negro golpea una mesa de caoba –que es símil de féretro- con un martillo de piedra. Un maletín repleto de papel, una cartuchera vacía y un símbolo endiosado son colocados sobre un extraño sofá, donde se halla sentado en reposo, meditando, dubitativo, un engominado directivo de urnas de cristal.

Sobre una fachada cercana alguien –algún miembro de un grupúsculo de inadaptados- ha escrito con su propia sangre: “Que se pare el mundo, que quiero apearme”. El viento arrastra basuras ancestrales, las eleva a las alturas y las deja caer, suavemente, sobre el gigantesco edificio, sobre el único edificio, sobre el omnipresente edificio.

viernes, 31 de octubre de 2014

Sueños de la sinrazón

¡Oh, sueños de la sinrazón que producen los monstruos! ¡Desvaríos que se convierten en ley y norma a cumplir! El viento sopla muy fuerte en estos páramos, y no sé qué hacer, qué decir, dónde refugiar mis instintos.

Mis ideas están desnudas, desprotegidas frente al caballero negro que blande la espada flamígera del poder y la imposición. Esto no es el paraíso, no al menos para mí. La noche oscura se adelanta en el tiempo, mil infantes más mueren de hambre, y un ave de metal arroja sus entrañas de muerte sobre una aldea miserable.

¡Oh, sueños de la sinrazón que producen los monstruos! Los sensatos dirimen, en asientos de terciopelo, cuál ha de ser nuestra sensatez, a pesar de que la razón se niega a admitirla. El cielo ve caer sus estrellas, y no hay futuro, sólo la oscuridad del deseo silenciado, el pesimismo de los desesperados, la tristeza de las viudas y los huérfanos.

sábado, 18 de octubre de 2014

Aminora el paso

Aminora el paso, mira el paisaje. No dejes que el horizonte te hipnotice y la tierra que pisas te sea ajena. ¿Me escuchas? Ensimismada en futuros hipotéticos, crees que eres infinitud y eternidad, mas sólo puedes compararte con una mota de polvo, una gota de lluvia, un suspiro en medio de un huracán. Desciende.

Estás aquí de alquiler: todo lo que tienes está arrendado por tiempo limitado. Hay una hora en la que el horizonte se apagará y sólo verás la oscuridad que sí será infinita y eterna. Aprovecha ahora, ausente, y recréate en el paisaje que vas recorriendo, porque, tal vez, nunca más tengas la oportunidad de respirar su aire o pisar su tierra

Desciende a los infiernos. Vive fuera de paraísos hipotéticos. Adórate a ti mismo como si fueses dios, y ódiate como a tu peor enemigo cuando dejes de serlo. Asciende entonces. El futuro no existe, debes saberlo, como tampoco existe el presente. Sólo pasado, sólo momento vivido.

miércoles, 8 de octubre de 2014

Ser o no ser

¡Ser o no ser, he aquí el dilema! Romperse las espaldas en luchas ideológicas que nunca parece que puedan realizarse, o refugiarse entre las acogedoras sombras dentro de la torre de cristal ¿Hay término medio?

Miro la calavera, y el fantasma aparece en lo alto de las escaleras-mente, y me grita: ¡Necio ¿acaso crees poder cambiar el mundo? No sé qué responderle y de nuevo miro al descarnado rostro sin ojos ¿Sabes qué responderme? El espectro ríe a carcajadas mientras el resto del mundo aguarda en silencio.

¡Nunca más! Grita la calavera-conciencia, y mi corazón palpita, angustiado, sin querer saber qué ha entendido, qué entiende ¡Destino, dime qué he de hacer! La niebla ha sustituido al fantasma y cubre ahora, mortaja-olvido, las ruinas del Templo. Una solitaria y desgarrada bandera ondea breves instantes y luego cae, engullida por el olvido ¡Nunca más!

Despierto. Giro la cabeza y observo el despertador-calavera-espectro. Son las seis y media de la madrugada: hora de levantarse ¡Ser o no ser! Hoy, ser; mañana, no se sabe.

martes, 30 de septiembre de 2014

Cataluña, el derecho a decidir

Hay falacias que es necesario desmontar a la hora de hablar del legítimo derecho a decidir de cada pueblo. Falacias que sustenta tanto el gobierno de la nación como muchos de los partidos políticos nacionales, además de tertulianos de derechas y de la falsa izquierda, de esa progresía que tanto daño ha hecho a esta sociedad.

No ha habido voluntad del gobierno central por buscar una solución negociada al conflicto. Se ha criticado, denunciado, vilipendiado el nacionalismo catalán… desde posiciones claramente nacionalistas españolas. Y nadie olvide que el peor de los nacionalismos que ha dado esta tierra es el español, culpable, entre otras cosas, de la guerra civil española y la posterior dictadura.

Cataluña quiere votar. Se le niega. Los catalanes quieren decidir si son independientes o permanecen con España. Se les niega. Además, se les quiere amedrentar anunciándoles tragedias económicas, crisis sociales y ninguneo en Europa. Como si a los pueblos solo les moviera el interés monetario, y no la identidad y las tradiciones.

¿Qué miedo hay a un referéndum en Cataluña? Si tan españoles se sienten, no debería haber ese pánico a la consulta. Y si sale un sí rotundo a la autodeterminación… que se asuma, que en la democracia es el pueblo el que decide.

Pero ¡ojo! Quien ha de decidir es el pueblo catalán. Que esa es la otra falacia de los nacionalistas españoles, que piden que, si hay referéndum, ha de votarlo todo el pueblo español. Los mismos de los recortes, de las promesas incumplidas, de los fraudes en los programas electorales, de la corrupción… Los mismos anti demócratas que todavía no han juzgado los crímenes del franquismo se erigen ahora en líderes de la democracia y de la sacrosanta constitución.

La solución, porque la hay, es un estado federal. Una república federal ibérica, con una constitución consensuada y, esta vez sí, votada por todos los ciudadanos de esta tierra. Solo así se impedirá una ruptura anunciada y, desgraciadamente, irremediable, tanto por la estupidez del gobierno central como por su incapacidad de asumir compromisos consensuados con todos.

viernes, 26 de septiembre de 2014

Yihaidistas y Cruzados

Han pasado casi mil años, y seguimos en tiempos de cruzadas y de yihad o guerra santa. Occidente contra Oriente por la hegemonía en el mundo.

Ahora Obama se erige en el papa Urbano II, o en Gregorio VII, y sus adláteres son los reyes de Inglaterra, Francia, Alemania… Y el enemigo, los sarracenos del estado islámico, que avanzan, paradojas de la historia, por los mismos caminos que lo hicieron sus antecesores del siglo X.

Sigue siendo una guerra de religión, pero ahora los móviles de esa religión son económicos y geoestratégicos; petróleo, gas, control de las comunicaciones marítimas y terrestres.

Los unos llaman a los otros invasores, los otros denominan a los unos terroristas, pero sigue siendo el mismo mensaje que se lanzaba por parte de los líderes medievales.

Nadie ha de engañarse. No solo es una guerra en toda la regla, con bombas, fusiles, blindados y muertos. También es una batalla propagandística donde los unos son los buenos y los otros son los malos. Y en todas las guerras, y en todas las campañas propagandísticas, la verdad es la primera víctima.

No, Obama y occidente no son los liberadores, sino los cruzados ávidos de botín y rapiña. Y tampoco el estado islámico es la panacea para la liberación de los pueblos árabes, porque no se puede libertar bajo amenaza y terror.

Esta guerra la ganarán los de siempre: aquellos que fabrican las armas.

viernes, 19 de septiembre de 2014

Cogeré el martillo



Cogeré el martillo y pondré un clavo en la pared. Y sobre la pared un cuadro. Y en el cuadro una fotografía. Y la fotografía será el fantasma de una imagen. Y la imagen es la mía. Soy yo, con un martillo y un clavo, dispuesto a poner un cuadro sobre la pared.
Recorro el camino. La bifurcación. Una serpiente me saca su lengua. El sol, detrás de mí, alarga mi sombra que vacila indecisa. Un pie señala izquierda, otro, derecha. Mi pelvis se mueve al ritmo del viento. La serpiente, tras rodear mis dos piernas con un abrazo de amante desazonada, sigue su camino, único, mientras con su lengua olisquea el caliente aire. Cierro los ojos y comienzo a andar. Da igual: el horizonte es el mismo.
Subí las escaleras. Diez, cien, diez mil escalones. Guerreros vencidos por mi constante esfuerzo. Sudé. Un río de agua salada bajó por las escaleras. Diez mil cascadas formaron un torrente de necesidades. Subí, subí, subí. Al llegar arriba me encontré en el sótano de la vida.

domingo, 14 de septiembre de 2014

Fantasmas



Hay quien está muerto, y no lo sabe. Como árboles muertos y que aún permanecen en pie, sombras de vida. ¿No los veis? ¡Mirad despacio, a vuestro alrededor! ¡Observad las luces de los ojos que os observan! Los silencios son más delatores que las palabras o los hechos. Demasiados fallecidos pasean por las calles...
¿Por qué caen las hojas si no es otoño? Fluye el río, pero nadie escucha. Entre los árboles, el aire toca instrumentos de madera, pero nadie los oye. Quizá, alguna pareja, aún enamorada, se percate de ello o, quizá también, un pequeño deje la pelota a un lado y se ponga a sentir... ¿Por qué caen las hojas si ya no es otoño, si nunca ha sido otoño?
Los fantasmas han invadido las ciudades, y no sé dónde esconder mi sombra...

sábado, 6 de septiembre de 2014

Los nuevos persas

Se reunieron los matones, como nuevos persas, allá en mitad del páramo del Imperio. Los Jerjes, Cambises y Daríos, rodeados de sus gerifaltes repletos de medallas, de banderas con historia llena de sangre, y de medios de comunicación acríticos y sostenedores del sistema, traman sus nuevas campañas de conquista.

Cierto que ya no las llaman así. ¡Faltaría más! Ellos llaman “libertad” al dominio sobre otros pueblos, “democracia” al gobierno de los suyos, “economía libre” al oligopolio de unos pocos que se enriquecen saqueando países enteros.

¿Qué pueden decir los persas sobre democracia? ¿Acaso Obama no recuerda las invasiones de la isla de Granada, Panamá, Irak, Vietnam, y un largo etcétera? ¿Acaso Cameron y Hollande han olvidado el pasado colonial de sus países? ¿Sabe Merkel de los campos de exterminio y las chimeneas echando humo? ¿Es Rajoy consciente de los crímenes coloniales de su país en el denominado Nuevo Mundo? ¿Estos son los salvadores de la paz mundial?

Rusia es el enemigo, por supuesto. Y también Venezuela, y Corea del Norte, y China, y cualquier país que ponga en tela de juicio el poder económico-militar de EE.UU. y Europa Occidental.

Cualquiera, medianamente informado, o con un poco de juicio, no creerá el hatajo de mentiras con las que los grandes medios nos bombardean diaria e impunemente, como drones de la información, mucho más terribles que una bomba o un disparo en la sien.

Los nuevos persas caerán. Quizá en unas nuevas Termópilas, o en una llanura de Maratón. Pero ellos aún no lo saben, tan ensoberbecidos están. ¿Acaso no dicen en sus himnos que Dios está con ellos, o que sus países están por encima del resto?

viernes, 15 de agosto de 2014

Las verdades del imperio

La prensa occidental, hábilmente controlada por los EE.UU. de Obama, mantiene su campaña para convencer a la opinión pública de la “bondad” de las actuaciones del Imperio y la OTAN. Las noticias no tienen por dónde cogerlas, y un mero análisis de las mismas pone en evidencia las profundas contradicciones que mantienen.

Así, cuando son los EE.UU. y sus adláteres los que bombardean otros países, se justifica aludiendo a “motivos humanitarios”. Si se facilitan armas a uno de los bandos, se hace para “salvaguardar vidas” o “proteger civiles inocentes”. Al mismo tiempo, se apoyan regímenes de clara tendencia fascista implantados mediante un golpe de estado, como es el caso de Ucrania, se condena a Rusia porque envía ayuda humanitaria a los prorrusos de Donetz, o se mira hacia otro lado cuando la población civil de Palestina es masacrada por el sionismo israelí.

Se habla continuamente de combatir el terrorismo islámico, al tiempo que la administración Obama arma a las milicias yihadistas que combaten contra el gobierno de Siria, y que fueron responsables, entre otras barbaridades, del uso de armas químicas contra la población.

Si un país se niega a seguir los dictados marcados por los organismos internacionales controlados por las multinacionales o los países occidentales, su gobierno es tachado de antidemocrático. Si una nación se niega a pagar sus deudas con los usureros multimillonarios que se enriquecen con la pobreza de poblaciones enteras, este es tachado de actuar contra la “legalidad internacional”. Tanto Venezuela, como Bolivia, Perú, o Argentina, están siendo acosados, en una suerte de neocolonialismo, para que tuerzan su brazo y se pliegue a las condiciones impuestas desde Europa occidental y EE.UU. Y los medios, a todo esto, haciendo campaña a favor de la “democracia” y la “economía de mercado”. Las mismas que nos están llevando al caos, las guerras y la extrema pobreza.

Estas son las verdades del Imperio. Las auténticas verdades del famoso y engañoso discurso del “Yes, wen can”. Porque el gato, sea del color que sea, siempre comerá ratones.



domingo, 3 de agosto de 2014

Palestina

Hablar a favor de Palestina y en contra de los gobiernos de Israel supone, en muchas ocasiones, la acusación de antisemitismo. Israel está aplicando la misma política de “lebesraum” que los nazis alemanes, sin más. Obama, que ha demostrado que el “yes, wes can” no es sino el “se puede seguir haciendo las mismas barbaridades”, confiesa torturas, mantiene el campo de prisioneros de Guantánamo, sigue vendiendo armas al gobierno sionista, y veta cualquier resolución de apoyo a Palestina, vamos, igual que hacían los nazis con los gobiernos aliados (léase la Italia de Mussolini o la España de Franco), sin más.

Si alguien critica la guerra de exterminio llevada a cabo por Israel, apaga y vámonos, que saltan los Jon Voight de turno –mequetrefes fascistas metidos a actores- a defender lo indefendible, con los mismos argumentos manidos de siempre. Si un periodista habla de lo que está pasando en Palestina, llega el bocazas de la embajada israelí y exige al gobierno español que retire a dicha corresponsal, hecho que, por cierto, ha denunciado la organización Reporteros Sin Fronteras. Vamos, que se hace lo que el “bueno” del nazi Goebbels practicaba en la Alemania de los años treinta y cuarenta.

Que hace falta mentir, acusando a Hamás de haber secuestrado y asesinado a tres jóvenes israelís, cuando después se ha demostrado por los propios investigadores judíos que fueron dos palestinos sin vínculo alguno con la organización los que cometieron el crimen, pues se miente. Si se dice que han secuestrado a un soldado judío y que ha sido Hamás, pues viene el Obama y toda la prensa internacional, y lanzan la campaña para justificar más bombardeos y muertes… aunque después el propio gobierno sionista confiese que se confirma que el soldado… murió en combate.

Si se firma una carta de apoyo al pueblo palestino, clara y contundente, los medios sionistas lanzan su campaña de acoso y derribo, para que el inocente que ha cometido la imprudencia de condenar un exterminio se deba retractar y firmar otro documento en el que equipara a víctimas y verdugos. Vamos, igual que se justificaban los nazis cuando invadieron Francia, Polonia, Grecia, Yugoslavia, o Rusia.

Quien a estas alturas no tenga claro que el estado sionista israelí es igual, en esencia, al nacionalista alemán de Hitler, sigue viviendo en otro mundo; en esa realidad paralela en la que los EE.UU. e Israel, con sus líderes a la cabeza, defienden la democracia, la libertad y la justicia ante un enemigo maquiavélico, despiadado, satánico y violento, que puede ser la Rusia de Putin, la Venezuela de Maduro, la Cuba de Casto, o la Palestina de Hamás. Vamos, igualito, igualito que hacía Hitler.

Y ya sabemos qué hubo que hacer para acabar con el del bigotito.

miércoles, 9 de julio de 2014

El caos controlado

Irak, Palestina, Afganistán, Siria, Ucrania, Libia, Egipto… ¿qué tienen en común todos estos países? Respuesta: una intervención estadounidense, directa o indirecta, justificada como una lucha “por la libertad” de esos pueblos. Nada más falso, y nada más lejano de la realidad.

La política exterior estadounidense se basa en la teoría del caos controlado, esto es: provocar caos en aquellas zonas de interés geoestratégico, pero de tal forma que no afecte al equilibrio mundial y, por supuesto, refuerce la presencia militar y económica de EE.UU.

Lejos quedan ya los apoyos a dictadores sanguinarios, como fue el caso de América Latina, o de muchos países de África, aunque quedan vestigios en países amigos de Obama, como Arabia Saudí, o Marruecos. Ahora se trata de invadir, apoyados por la OTAN, aquellos países a los que se acusa de terrorismo, o de albergar cédulas terroristas. Luego, se nos garantiza que retornará la democracia y vivirán en el mejor de los mundos… y el resultado siempre es el mismo: caos, guerra, matanzas, radicalismo religioso.

¿Está mejor Irak ahora que con Saddan Hussein? ¿Es Afganistán un país más libre para sus mujeres? ¿Libia es la tierra de la paz eterna? ¿Ucrania ha salido beneficiada de su rendición ante la Comunidad Europea dirigida por Alemania y Gran Bretaña? ¿Egipto es más democrático ahora que con los partidos islamistas que ganaron unas elecciones generales? Y así hasta el infinito. La política de la administración Obama, basada en el “sí, se puede”, no ha sido más que una falacia, un engaño que ha calado hasta hoy mismo, porque aunque los resultados son nefastos para la paz y el equilibrio mundiales, su figura sigue siendo ensalzada y apoyada por los pazguatos de los gobiernos occidentales, más preocupados en mantener sus parcelas de poder que en conseguir una auténtica paz mundial basada en la igualdad, la solidaridad y la democracia participativa.

sábado, 28 de junio de 2014

Mundos imaginarios

El empresario Warren Buffet ya lo dijo hace poco tiempo: “Existe la lucha de clases, y la estamos ganando nosotros”. Por supuesto, con el “nosotros”, se refería a los suyos; capitalistas, grandes multinacionales, y políticos que medran en el poder.

Vivimos en un mundo en donde la historia, lejos de desaparecer -como pronosticaba Francis Fukuyama, quizá con el ánimo de que nada cambiase una vez fijadas las bases del capitalismo más salvaje- da una oportunidad para retomar las relaciones sociales, que deberían basarse en la solidaridad y no en una falsa democracia burguesa que siempre favorece a los mismos. Un cambio que debe producirse desde abajo hacia arriba, y desde arriba hacia abajo. Lo segundo es mucho más difícil, vista la postura de los gobernantes ante los problemas de salud, educación, vivienda y alimentación de las clases populares.

Es incomprensible que se pretenda actuar como los niños pequeños, cerrando los ojos para que el problema desaparezca. Nada es intocable, habría que repetirles una y otra vez. Hasta la saciedad si es preciso, hasta que en sus cabezas entre la idea de que todos merecemos los mismos derechos, y todos tenemos las mismas obligaciones. Ellos más que nadie, porque están ahí para defender y representar los intereses de sus conciudadanos.

Viven en mundos imaginarios, donde todo es perfecto y sus amigos y familiares nadan en la abundancia, se enriquecen y gastan en lujos. Creen que nunca nada les va a afectar, y que la justicia está siempre de su parte. Piensan que tienen todo controlado, y que sus fuerzas del orden –que son suyas, nadie se equivoque- mantendrán todo en perfecto estado de revista, y darán palo al que se pase de esa raya que han puesto entre ellos y esa otra clase a la que están ganando la batalla.

La batalla, que no la guerra, aclaremos. La guerra aún no ha terminado, y aún no se ha dicho la última palabra. Quizá entonces, cuando llegue el final, pidan clemencia y perdón, y sus víctimas tengan en sus manos el futuro de tamaña caterva de individuos.

miércoles, 18 de junio de 2014

Cadenas doradas

¿Por qué lo llaman democracia cuando quieren decir monarquía? ¿Por qué prohíben manifestaciones prorrepublicanas el día de la proclamación de un nuevo borbón? ¿Por qué se anulan las banderas republicanas de las balconadas del trayecto de los reyes? ¿Por qué hay tanto meapilas, genuflexista profesional, periodista de pacotilla con sueldo millonario, político de “izquierdas” con una verborrea decimonónica, miserables que abogan por una institución caduca? ¿Acaso piensan que en este país solo viven borregos apoltronados y sin seso?

No. No nos callarán. No deben callarnos. No lo van a conseguir. Y no porque tengan razón alguna, que la historia los desmontará, como ya hizo con sus ancestros, sino porque el pueblo es el que decidirá finalmente. No un pueblo aborregado, sumiso, súbdito de los poderosos, oprimido por la banca y el capital, vilipendiado por el bipartidismo, engañado por todos, sino un pueblo libre, que va a cambiar las cosas, de una forma definitiva y radical. Radical de profundo, de honesto, de transparente, de decir las cosas claras. Radical de tender la mano a los más desfavorecidos y sacarlos del hoyo donde los han metido las políticas del capital del PPSOE.

¡Basta ya de insultos! ¡Basta ya de descalificaciones, de prohibiciones, de engañifas para estúpidos! ¡No hay que consentir que este particular juego de tronos se imponga vía decreto, que no es otra cosa que un golpe de estado barnizado con una retahíla de leyes firmadas –curiosamente- por el mismo que va a ser beneficiado absolutamente.

¿Dos reyes? ¿Dos reinas? ¿Acaso los lacayos habrán de pagar el doble para mantener a los caza elefantes de toda la vida, que no han dado palo al agua desde que se sepa, y que son herederos de una casta que ha dado personajes tan “ejemplares” como Fernando VII o Isabel II?

Ya lo dijo Franco en su momento: “Todo está atado y bien atado”. Con cadenas doradas como las coronas de los borbones, y símbolos tan parecidos en sus ideales e intereses como la gaviota sobre fondo azul y el puño sobre fondo rojo. Dos caras de la misma moneda: mantener el sistema para que medren los de siempre a costa del pueblo.

Por una sociedad digna: ¡Tercera República Ya!

sábado, 14 de junio de 2014

Aviso para navegantes

Tras las elecciones europeas el bipartidismo, y todas las instituciones que viven de él y le soportan –monarquía borbónica incluida- han temblado. Tras los insultos, descalificaciones y demás memeces que los medios de comunicación y los políticos de los grandes partidos han arrojado sobre Podemos y Pablo Iglesias, viene un remanso de aparente tranquilidad.

Pero, no se equivoque nadie: es la calma que antecede a la tempestad. Los poderes fácticos –monarquía borbónica incluida, repito- saben que un continuo ataque a las nuevas maneras de hacer política y estado puede repercutir en su contra. Ya se sabe que el común tiende a identificarse con los perseguidos. El poder, corrupto y que quiere perpetuarse, también sabe de esa máxima y ya está preparando los cimientos para que nadie lo quite de en medio.

Todo pasa por una coalición bipartidista, que defienda una constitución caduca, en la que la forma de estado ha sido impuesta tras un golpe de estado legitimado en unas cámaras que ya no representan al pueblo. Pero no basta con ese dueto de los dos grandes partidos. También se necesitan otras armas. Y ahí está el responsable de la Policía Nacional de España, que advierte sobre el aumento y el peligro del terrorismo anarquista, haciendo referencia al ataque perpetrado en la basílica del Pilar. ¿A qué viene este alarmismo cuando no hay datos de que haya cédulas organizadas anarquistas? ¿A qué este aviso a navegantes?

Reflexionemos. ¿Nadie recuerda ya del intento de ilegalización de Bildu, acusada de ser lo mismo que ETA? Hay precedentes, y no sería de extrañar que de aquí a poco alguien, desde algún juzgado, un tribunal o una instancia de poder, acuse a Podemos, o a Pablo Iglesias, de estás detrás de esas supuestas redes terroristas anarquistas. Ilegalizando esta opción política se acaba con una más que posible alternativa a la corruptela y el nepotismo. Tiempo al tiempo.

sábado, 7 de junio de 2014

La democracia de los súbditos

Un rey necesita súbditos, y genuflexiones, y alabanzas inmerecidas, y privilegios, y aplausos de magnates, tiranos, aristócratas o exiliados de sangre azul. También necesita de políticos sinvergüenzas ajenos a las necesidades del pueblo, amigos de la caza, toreros, intelectuales de medio pelo o de ninguna ética, meapilas, mentecatos, gente simple que no ve más allá de sus narices, un clero vilipendiador de libertades y adorador de inquisiciones pasadas y presentes, una justicia de ojos cerrados según quién sea el acusado, un buen coto de caza, una mansión en la montaña, o en la playa, una holgada cuenta bancaria, un aparato propagandístico que ejerza la censura, unas masas aborregadas, y un sinfín de despropósitos que lo cubran todo con la vitola de “legal”. Eso es lo que necesita una monarquía.

Una democracia solo requiere de un pueblo libre que decida en cada momento lo que quiere ser, a quién quiere como jefe de estado, y a dónde desea ir.

¿Es tan difícil la elección? Pues parece ser que al bipartidismo, y a sus adláteres no les interesa preguntar el pueblo. Para eso está la sacrosanta constitución, pergeñada en una situación política donde oponerse a la monarquía significaba quedar fuera del sistema –cuando no la continuación de la persecución política franquista-.

El que quiera hacer genuflexiones, que las haga en la intimidad de su domicilio, y el que desee ver coronas, coronados, altezas y demás simplezas heredadas de la edad media, que bucee en los libros de historia… Como bien dijo Manuel Azaña, presidente de la República, que equiparaba en sus discursos la Libertad con la propia existencia de la república: “La libertad no hace más felices a los hombres, los hace sencillamente hombres”.

Pues eso, ¿abogamos por la libertad, en su sentido más amplio, o asumimos como corderos el mantenimiento de una institución obsoleta que el pueblo no ha elegido? ¿Seremos hombres libres o, simplemente, súbditos al arbitrio de los poderosos?

miércoles, 4 de junio de 2014

Razones para ser republicano

Ahora que quieren imponernos un nuevo monarca, a pesar de que se llenan la boca de palabras como “democracia”, “participación popular”, o “soberanía”, es importante e imprescindible preguntar a la ciudadanía por qué forma de estado apuesta. Lo demás serán imposiciones, que siguen manteniendo –cosa curiosa- los dos partidos que se han repartido el pastel desde el principio de esta democracia que se ha demostrado vacía de contenidos en esta época de crisis.

¿Por qué ser republicano y no monárquico?

Porque en una República sus habitantes son ciudadanos, no súbditos.

Porque a un presidente de la República se le elige libremente y por un mandato establecido y limitado, y si lo hace mal, pues se cambia con unas votaciones democráticas, sin tener que soportar sus defectos, carencias y arrogancia durante el resto de su vida.

Porque todos los ciudadanos son iguales, y nadie puede ser más que nadie solo por la herencia de la sangre.

Porque nadie ha de hacer genuflexiones ante nadie, ni exigir a otros que lo hagan.

Porque la “gracia de Dios” no es ningún argumento para ostentar una corona, ni ningún otro poder.

Porque la República es la verdadera herencia democrática, la heredera de la que los golpistas derribaron en 1939, y no debe nada a nadie salvo al pueblo, que la votó y la hizo posible. El régimen dictatorial que la sustituyó es quien impuso a su sucesor, un monarca hereditario.

Porque esta constitución, y esta monarquía, fueron votadas hace casi cuarenta años, y más de la mitad de la población no ejerció ese derecho, porque no tenía la edad o no había nacido. Es el momento de volver a someter a la soberanía nacional una decisión tan trascendental como continuar con la monarquía o instaurar la república.

Porque esta monarquía jamás se ha manifestado a favor de los trabajadores, ni ha criticado las políticas de recortes de los poderosos, ni ha dado ejemplo de austeridad y solidaridad para con el pueblo que dice representar.

Por esas, y otras muchas razones, o se es republicano o se es súbdito. A quien le apetezca besar manos, arrodillarse, o agachar la cerviz ante un señor cuyo único mérito es ser hijo de su padre, que defienda la monarquía. A los hombres y mujeres libres, sin embargo, esto no les vale.

lunes, 2 de junio de 2014

El último Borbón

El rey ha abdicado. ¡Viva la República! Por mucho que los medios de comunicación, los grandes partidos que han vivido del régimen, o de los soplagaitas de medio pelo que medran en el clasismo y sobreviven de la servidumbre, el borbón se marcha.

Pero no ha de bastarnos con ello. Sus posibles méritos –si es que tiene alguno aquél que ha sido nombrado sucesor por un tirano genocida- no pueden justificar la herencia del reino por parte de su hijo. Un país no es una casa, ni un coche, ni unos millocenjos en una cuenta bancaria. Un país está habitado por ciudadanos, que no por siervos, ni por súbditos, ni por esclavos, aunque sean del capital. Una democracia que se precie no puede permitir que el más alto cargo del país sea hereditario, porque eso es un insulto a la inteligencia y a la propia participación del pueblo soberano.

Es el momento de pedir, de exigir, un referéndum sobre la continuidad de esta monarquía, que ha demostrado con creces que el pueblo le importa un carajo, o el cambio de régimen, que pasa por una tercera República, que conlleve además la revisión de toda le estructura estatal y la refundación del estado.

Si los poderes fácticos, el bipartidismo corrupto, o los medios de comunicación controlados por el gran capital se niegan a permitir este referéndum ni el borbón heredero, ni el propio régimen que lo sustente, tendrán legitimación alguna sobre la ciudadanía.

Y si no hay legitimación, estaríamos gobernados por esa casta de corruptos anti demócratas que nos están llevando al abismo.

domingo, 1 de junio de 2014

Se puede

Si se quiere, se puede. Podemos, si queremos. Todo reside en la fuerza de la voluntad. De esa voluntad que desea cambiar el mundo, la sociedad, el género humano, y que lucha contra un sistema corrupto, egoísta, individualista, vendido a los valores monetarios, consumista y destructor del medio ambiente. Hay conciencia social para buscar otras soluciones que no pasen por la eliminación de derechos sociales, el atropello de los más débiles y el enriquecimiento de unos pocos. Se puede acabar con los privilegios de la casta –de los que algunos tienen la desfachatez de presumir de pertenecer a ella-, las instituciones caducas heredadas de la antigüedad, las judicaturas politizadas, las injerencias de la religión en la vida ciudadana, la falta de democracia creciente en todas las instituciones… Se puede. Queda la esperanza de que la ciudadanía empieza a abrir los ojos.

Es poco, pero es un primer paso muy importante. Los grandes cambios no se producen de un día para otro: requieren de una toma de conciencia por parte de cada vez una mayor cantidad de personas. Aquí sobran las ideologías, porque lo que importa es el ser humano. ¿Y quién no puede estar de acuerdo en que sus conciudadanos tengan una sanidad decente, una justicia equitativa, una vivienda digna, un trabajo bien remunerado, o una educación que fomente la inteligencia y la creatividad? Solo los egoístas, los individualistas, los corruptos, los consumistas, y los que ponen lo monetario sobre lo social defenderán una sociedad desestructurada. Ellos son la casta, y con ellos hay que acabar.

Por las buenas, o por las peores. Se puede. Podemos.

viernes, 23 de mayo de 2014

Los límites del tiempo

¿No es cierto, ángel oscuro, que atravesamos el tiempo al igual que las estrellas fugaces rasgan el velo del firmamento, sin dejar nada a nuestro paso salvo una estela leve que desaparece rápidamente? ¡Ah, demonios de la conciencia que herís sin pausa al pobre mortal que se pregunta, cuando cesa en sus espasmódicos movimientos y, en la quietud de la meditación, siente un vacío interior que debe rechazar porque implicaría su condena!

Hay más cosas en la tierra de las que podemos conocer, Horacio, y más cosas dentro de nosotros de las que queremos reconocer. El tiempo las va desmadejando, como parca infinitamente paciente que no se aparta de la rueca donde se tejen todos los sueños y las pesadillas, las realidades y las metamorfosis, los pasados y los futuros en ciernes. El Tiempo, la palabra indefinida a la que pretendemos imponer unos límites, marcar unos números en donde se contenga... medir lo imposible, lo que carece de mesura.

Araño el cristal del espejo del reflejo de una sombra, floto sobre mí mismo, contemplando un cadáver de un viejo roble hendido por el rayo, y Ella, ángel oscuro, toma mi mano y la aprieta con firmeza. Lo viejo yace sobre un camastro, y una luz brillante rodea el nacimiento, lo nuevo que surge, cual ave Fénix, de las cenizas y el aprendizaje llameante del pasado fenecido.

viernes, 16 de mayo de 2014

Tiempo

Pasan los días como si pasaran las horas. Uno a uno van cayendo en la marmita en la que se cuecen los recuerdos. El sol, como si de un cuento de Hodgson se tratara, atraviesa el cielo en un segundo, y cien años caen de golpe sobre los imprevisibles corazones.

Se espera con ansiedad un fin de semana que luego queda atrás y deviene en la espera de otro fin de semana mejor. La rueda gira, gira, eterna, y engaña con espejismos de ayeres desvaídos y futuros abiertos. No hay presente: sólo un pasado que crece y un porvenir por hacer.

sábado, 3 de mayo de 2014

Una pesadilla

A veces sueño que sueño y que, dentro de ese sueño, tengo una pesadilla. El mundo es un círculo cerrado por un alto muro creado por un demiurgo que no quiere que salgamos más allá de ese límite material.

En una torre central, alta como las ilusiones que uno se marca y casi nunca se cumplen, un ojo inquisidor, enigmático y eterno observa sin el menor pestañeo las leves figuras que nacen, crecen y se desvanecen en apenas un suspiro, sin dejar otra huella que una fútil imagen en un espejo que se rompe nada más nacer un nuevo alba.

Pegados al muro, cien millones de leprosos raspan sus paredes buscando menos hambre. Aquí y allá, dispersos y envueltos en harapos, cien millones de nómadas se acurrucan en los huecos apenas abiertos en el gran muro, intentando refugiarse de la sombra y de la luz que quema con demasiada insidia.

La pesadilla sigue, entre vuelta y vuelta en la cama, y ese muro se repite sin cesar y crece, crece, aunque lleguen el alba y el despertar.

viernes, 25 de abril de 2014

La miseria de la intelectualidad

Se supone que el intelecto se utiliza para pensar, y que el ser humano, por ser capaz de utilizarlo como ninguna otra especie, debe aspirar a hacer de él un instrumento de cambio; tanto de uno mismo, como de la sociedad en la que se vive.

El llamado “intelectual”, debería aplicar su mayor conocimiento –o su mejor aprovechamiento del cerebro- para, amén de crear, aportar ideas para cambiar al ser humano, o sus condiciones sociales.

Algunos, que el universo del poder endiosa para sus fines particulares, se convierten en adalides de las injusticias, en defensores de lo añejo y lo caduco, en meros heraldos que hablan de “libertades” y defienden un capitalismo salvaje, unas democracias vigiladas por occidente, o unas diferencias sociales basadas en el dinero y en la meritocracia. Para ellos, libertad es la de empresa, igualdad es la del dinero, y fraternidad, la de sus mismos colegas de profesión mentirosos.

Así, en estos días que hemos perdido a un intelectual de los comprometidos auténticamente con el pueblo, el bueno de “Gabo”, su némesis, un tal Mario Vargas Llosa, aboga por la más rancia derecha, por el desprecio a los movimientos sociales, y por hacer la “ola” a Aznar y sus adláteres de América Latina.

Eso tiene la miseria del intelectual vendido al poder.

viernes, 18 de abril de 2014

Las "tradiciones" populares

Hay “tradiciones populares” que soy incapaz de comprender. Es más: no quiero ni entenderlas ni justificarlas. Son aquellas que se agarran a una historia de siglos para seguir manteniendo conductas y actitudes propias de otras épocas y que no deberían tener cabida en pleno siglo XXI.

Por supuesto, me estoy refiriendo a “fiestas” como la famosa de los toros de la Vega, en Tordesillas, en la que una partida de “personas” se divierte persiguiendo y acosando a un toro con lanzas de doble filo hasta matarlo, ante la atenta mirada de otros miles de “personas” que disfrutan con tan “edificante” espectáculo.

¡Pero que no se les diga que eso es una salvajada! No. Tienen la excusa perfecta: es una tradición que se remonta al siglo XV. Por tanto, es historia y hay que conservarla. ¡Sí señor, bonita excusa! Puestos a conservar, pues eso: que recuperen también hermosas tradiciones como la quema de libros, brujas y herejes, la esclavitud o la decapitación pública en la plaza del pueblo, “tradiciones” también muy históricas e instructivas que, además, congregaban a gran cantidad de público en aquellos tiempos.

Justificar la muerte de un animal para gozo y disfrute de un grupo más o menos amplio de personas me es incomprensible. Debe ser que no llego a la capacidad mental y la sensibilidad exquisita de ese grupo de lanceros que acosan a un animal que ni sabe ni entiende qué está pasando.

viernes, 11 de abril de 2014

Sombras

Cuéntame lo que hay. ¿Sombras? ¿Fríos? Una flecha espacial cruza los cielos pero ¿de qué sirven las dianas vacías? El Universo parece una burla del destino.

Agarras la tumba con las dos manos, aferrándote a ella como si fuese lo último que te hiciera falta, apenas respirando, reptando por un suelo estéril que hace eones que dejó de serte querido. Es así como te sientes: poseyendo o sobreponiendo tu sombra a las sombras. El mármol está helado, la mariposa nunca se posa sobre las flores de plástico.

Has afilado tus dientes bajo piedras de molino, y recorrido mil caminos ya pisados antes, sin desviarte un ápice de lo que te marcaban las señales. En ningún momento viste las luces que añorabas esperando, esperando, esperando, sin saber muy bien qué era lo que tenía que acontecer. ¿Sigues mirando la flecha?

Mírate. Has muerto y has vivido, y has vuelto a morir y has vuelto a nacer. Nada nuevo bajo el sol inmóvil, sólo un viento frío, una losa helada, una sombra que se alarga cada vez más.

domingo, 6 de abril de 2014

Independiente

Independiente. Curiosa palabra que más de uno utiliza para justificar sus actitudes y darles un aire de coherencia y sentido. Ser independiente, para esta clase de personas, significa no tener ningún tipo de carné, ni pertenecer a ningún sindicato o partido, ni ser defensor de una determinada ideología. Ser neutro, en definitiva.

En esta sociedad amorfa y borreguil en la que cada vez estamos más inmersos, ser “independiente” es la aspiración de la gran mayoría, pero confunden esa independencia con la monotonía, la carencia de ideas propias o el seguidísimo a rajatabla del ocupante del poder en cada momento. No es una generalización, por supuesto, pero es curioso que muchas veces es precisamente ese tipo de personas que cambian de chaqueta como quien cambia de calzoncillos, quien acusa a los que defienden determinadas ideas de no ser “independientes”, de seguir consignas de partidos o sindicatos, o cualesquiera otras organizaciones.

Hay que abogar por una “dependencia” militante. Es decir, que no es más honrado o decente aquel o aquella que van por libre que los que se han señalado de alguna forma militando, participando o, simplemente, afirmando públicamente su ideología o sus convicciones. Se puede pertenecer a cualquier organización y tener un espíritu crítico, feroz y constructivo, coherente y formador. Y se puede ser “independiente” y ser cómplice del engaño de Estado, de la corrupción y de otras mil barbaridades.

sábado, 29 de marzo de 2014

Lo pretérito y lo vivible

¿Cuándo fue ayer? ¿Cuándo me dijiste cualquier cosa? ¿Cómo fue el tiempo en el que el tiempo apenas contaba? ¿Dónde se pierden las fuerzas y se gana la ambición? Es fácil acomodarse a lo que se tiene y creer que es esencial la posesión de lo que no es sino algo prestado, como todo lo que hay o será en este mundo de sueños que vivimos.

Somos materia e irrealidad, islas perdidas en un océano de misterios. Para no enloquecer debemos inventarnos la historia, creernos que desenrollamos el hilo que las parcas, pacientes, nos han dado al nacer, cuando es el hilo el que va deshilachándonos y dejándonos al final como al principio venimos: desnudos.

¿Lo oyes? Es el sonido de tu propia respiración. Mueves tus manos buscando algo a lo que agarrarte, mas sólo encuentras un enorme e impalpable vacío. Aspiraste aire y olvidaste oler las flores, igual que agarraste una piel y fuiste incapaz de palpar, un cuerpo. Gritaste de ira y no supiste murmurar una palabra de perdón.

No, no mires atrás. Te equivocaste, lo sabes, pero el atrás, el pasado, no tiene más sentido que el futuro que se desconoce. Sólo el presente, ese compañero variable e inestable que siempre está con cada sombra con sombra, es asequible, aunque sólo sea por el breve momento que transcurre entre lo pretérito y lo vivible.

viernes, 21 de marzo de 2014

Salvar una estrella de mar

Algunas veces uno puede preguntarse si merece o no la pena luchar por cambiar las cosas, el mundo, la forma de ser de la gente. Parece que la pelea contra el sistema está condenada al fracaso y que todo va a seguir igual por lo siglos de los siglos.

Viene a cuento una historia que circula por ahí:

“Un hombre iba paseando por una solitaria playa, recogiendo estrellas de mar que se encontraban sobre la arena, bajo el sol, y arrojándolas al agua de nuevo. Otro hombre estuvo observándolo durante un buen rato, después se acercó y le dijo:

-Pero, hombre, ¿no ve que lo que está haciendo es un trabajo inútil? A lo largo del mundo hay miles de playas en las que decenas de miles de estrellas de mar quedan sobre la arena y mueren bajo los rayos de sol. Usted nunca podrá hacer nada para evitarlo. No podrá salvarlas a todas.

El otro hombre lo miró fijamente, se agachó después y, recogiendo otra estrella de mar, la arrojó al agua. Entonces contestó, con una sonrisa en los labios:

-Pregúntele usted a esa estrella de mar que acabo de lanzar al agua si ella ha notado o no la diferencia”.

Pues eso, que algo se consigue, seguro.

viernes, 14 de marzo de 2014

El tiempo perdido

Marcel Proust hablaba de la búsqueda del tiempo perdido, e Indiana Jones buscaba un templo perdido en el espacio y el tiempo. Wells viajó en su máquina del tiempo hacia atrás y hacia delante, enfrascado en la misma búsqueda.

El Tiempo, esa cuarta dimensión que no podemos tocar y de la que, además, no tenemos otros instrumentos para medirla que nuestra subjetividad porque los relojes lo marcan utilizando dos dimensiones. No hay dos tiempos iguales, como no hay dos vidas iguales, o dos muertes iguales.

Buscar el tiempo, el tiempo perdido en este caso, es tan absurdo como intentar atrapar un sueño, o mirar cara a cara al sol sin deslumbrarse y quedar ciego para siempre. El Tiempo, ese compañero vital e inaccesible, nos supera en paciencia y duración. Intentamos controlar las otras tres dimensiones, midiéndolas, subyugándolas a nuestros deseos, pero somos incapaces de hacer los mismo con los días, con las horas, con los minutos incluso.

Somos una peonza que baila en el torbellino infinito del Tiempo. Cada giro (que siempre es el mismo, igual, eterno) nos arroja más y más a esa profundidad de la que emergimos un día y en la que algún día volveremos a penetrar.

Tiempo. No hay que buscarlo, porque no existe. Lo más que podemos hacer es aprovechar cada instante procurando aspirarlo como si fuese el último de nuestra vida. Sucede también, y eso es humano, demasiado humano, que somos incapaces de valorar las cosas hasta que las perdemos.

En el caso del tiempo, la vida en suma, el problema es que cuando ya ha pasado no estamos aquí para recomponernos e intentar empezar de nuevo.

viernes, 7 de marzo de 2014

El ejercicio de la crítica

El ejercicio de la crítica es sano. Más aún: en el momento en el que se deja de ejercer, se produce lo que podríamos denominar un proceso de “aburguesamiento”. El alma, o el espíritu, quedan aletargados y ya nada hay que hacer salvo esperar, tranquilamente sentado en el sofá, a la jubilación y a vivir sin molestar a nadie.

Ser crítico no es ser destructivo sino preguntar, preguntarse a cada momento por todo aquello y de todo aquello que no entendamos. En las sociedades actuales, consumistas y cómodas, egoístas e individualistas, el crítico molesta, es cierto, pero por eso mismo hay que estar ahí, en la brecha, para hacer ver que todo no está atado y bien atado.

Cierto es que muchas veces se grita en el desierto, y que en otras ocasiones puede dar la sensación de que se es un Mesías, un defensor de ideas que los “otros” (los de sofá e individualismo) consideran “superadas”, cuando ni siquiera saben bien en qué consisten esas ideas. En otros momentos la sensación de derrota llega de golpe, como una tormenta de verano, y devienen las ganas de retirarse de batallas incruentas y que presagian nuevas derrotas.

Pero se sigue estando ahí, a pesar del tiempo y de la edad, de los medios de comunicación y de que el mundo no se para (bueno, aunque se pare no hay que apearse).

Ser crítico con lo que te rodea es estar vivo. ¿No es suficiente eso?

viernes, 28 de febrero de 2014

A vueltas con los idiomas

No voy a presumir de desconocer otro idioma que no sea el castellano, pero no estoy dispuesto a avergonzarme por no hablar una lengua diferente a la de Cervantes. No lo voy a hacer a pesar de esa corriente “moderna” muy crítica con los que no hablan inglés, que es el idioma de las finanzas, de las comunicaciones y de, por qué no decirlo, del Imperio. ¿Que nuestros dirigentes no parlotean la lengua de Chespi? Habría de preocuparnos más que no sepan llevar al país por el buen camino y se limiten a destruir todo lo de bueno que teníamos; educación, sanidad, justicia…

La estupidez no tiene límites, y ahora se llama “couches” a lo que son entrenadores, y “talents” a lo que debería denominarse talentos. ¿No hay palabras suficientes en nuestro idioma como para inundarlo de extranjerismos? Será la moda, pero es una moda que deberíamos rechazar por eso, por ser moda.

Deberíamos preguntar a esos adláteres del bilingüismo (siempre con otra lengua, no con una de la piel de toro, que eso parece ser que no es tan interesante de defender) qué idiomas hablan, aparte del suyo propio, los Obama, Blair, y otros, tan premiados y tan elogiados. Nunca se les habrá visto hacerlo, o al menos intentarlo, salvo alguna frase mal pergeñada dicha en campaña electoral, o para agradar a oídos ingenuos.

Defendamos nuestro idioma, nuestra cultura. Sin exclusiones, por supuesto, pero sin consentir que nos impongan desde allende nuestras fronteras hábitos, conceptos, formas de vivir que nada tienen que ver con lo que sentimos los habitantes de la vieja piel de toro.

viernes, 21 de febrero de 2014

Veranos eternos

En la casa de mis abuelos maternos, en Lanjarón, pasé largas temporadas en mis años más tempranos. Recuerdo veranos eternos en los que jugaba con otros niños, amigos de la infancia que ya no sé por dónde andan, corriendo, descubriendo, fantaseando por veredas y caminos de mi amado pueblo.

Las mañanas eran soles de tortas de cabello de ángel o bollos de azúcar, de piar de pájaros y campanas de iglesias en mitad del silencio. Las tardes, más sosegadas por culpa del calor, eran ensoñaciones en las que nos perdíamos jugando al escondite o inventando historias para ocupar el tiempo y el espacio. La noche era lugar para que grillos y luciérnagas habitaran y crearan el misterio.

En la memoria, sobre todo, queda una ventana misteriosa que estaba situada justo enfrente de la habitación donde yo dormía. Una ventana que permanecía cerrada durante el día y que al anochecer, como por arte de magia, se abría, mostrando un interior poco iluminado, repleto de estanterías y anaqueles, misteriosamente ubicados. Algunas noches, curiosidad infantil, me quedaba agazapado, escondido entre las sombras del dormitorio, esperando ver al habitante de aquella habitación de enfrente, pero nunca supe quién entraba allí. La imaginación, hay que decirlo, juega grandes pasadas, buenas y malas, y siempre creí entonces (algunas veces, incluso lo sigo creyendo ahora) que allí enfrente, en aquella casa desvencijada cuya ventana del piso superior tanto me atraía, vivía una bruja.

Algún día, si el tiempo y la imaginación me lo permiten, escribiré la historia de aquella intuición.

viernes, 14 de febrero de 2014

Abuelas

Algunas veces, por esas cosas que tienen las situaciones asociadas, me sorprendo recordando la adolescencia o, más lejos aún, una infancia distante ya en el tiempo y en el espacio mental.

Paseo por una calle casi tan antigua como mi memoria y miro hacia un balcón viejo y oxidado: allí vivía una de mis abuelas: la que perdió a mi abuelo en la guerra fratricida y tenía ese carácter tan combativo e inconformista nada típico de las personas mayores. La veo entonces, en su casa, dándome galletas cuando la visitaba, sentada a mi lado, disfrutando con mi compañía, la de su nieto. La veo después, mucho más tarde, en el hospital… y prefiero tenerla impresa en mi memoria con aquella sonrisa con la que me recibía cuando iba a visitarla.

No sabemos lo importante que es una abuela hasta que la perdemos. Es como un viejo, pero robusto pilar, donde nos aferramos cuando somos críos. ¿Cómo era realmente mi abuela? ¿Cuáles fueron sus sueños, sus pesadillas? Pienso, ahora que ha pasado el tiempo, que su mirada debía ser triste por haber quedado viuda tan joven, pero ¿qué puede saber un chaval de muertes y soledades? ¡Era mi abuela, y sólo eso bastaba!

Hay recuerdos de todo tipo. El mío de mi adorable abuela no puede ser otro que una añoranza de las cosas amadas y perdidas de las que sólo nos queda un rincón en la memoria.