viernes, 31 de enero de 2014

Los días eternos

Cuando era pequeño los días eran eternos, y las noches, un breve paréntesis entre aventuras. Las batallas más importantes se desarrollaban entre botones y canicas, y el almuerzo y la cena eran paradas obligatorias en las largas y divertidas historias que el chaval iba inventando sobre la marcha. Tenía un espíritu abierto, como sólo la infancia puede poseer, mil pasiones inocentes y un millón de historias que crear.

Cada rincón tenía su misterio, y cada muro alto ocultaba tras de sí enigmas para resolver. Cada ventana alta llamaba a la curiosidad, y cada callejón oscuro invitaba a la aventura. No había otra preocupación que encontrar al compañero de travesuras.

El viento azotaba los cabellos, y la tierra se entremetía entre los dedos de unos pies casi descalzos. Sol y sombra, tapias blancas, risas y carreras. No recuerdo el reflejo del niño en el espejo, pero no importa, lo imagino con toda claridad con esos ojos negros, el pelo ensortijado y la eterna sonrisa entre crédula y risueña.

Han pasado los años, y el niño permanece aún vivo en la memoria. Tan vivo que, muchas veces, no sé si el de ahora es el personaje real o sólo una invención más de un crío sureño de mil pasiones inocentes y un millón de historias para contar.

viernes, 24 de enero de 2014

Lo políticamente correcto

Quien se llama a sí mismo “políticamente correcto” no puede tener opiniones firmes y seguras, o es un mentiroso y un hipócrita capaz de adaptarse a cualquier tiempo y en cualquier lugar.

Esa técnica, muy de moda en los últimos años, de no decir nada tras un largo discurso, o intentar quedar bien con todo el mundo, está haciendo que la ideología, el pensamiento propio, queden atrás: desdibujados y perdidos entre frases hechas y realidades dadas por definitivas. A todo se le puede poner un “pero”, pero a cada “pero” se le busca el lado bueno y, de esta manera tan curiosa, nadie se puede dar por ofendido.

Se puede comparar lo “políticamente correcto” al apoliticismo, esa extraña y curiosa doctrina de todos y todas aquellos que no quieren identificarse con ningún partido político, que quieren dar la imagen de imparcialidad y pureza (algo inaudito en el ser humano, subjetivo donde los haya). Quien es apolítico consiente cualquier tipo de gobierno, cualquier tipo de ideología, pues en el momento en que se opone a una de ellas está haciendo política.

¿Es más independiente quien tiene su propia forma de pensar, ideología muy definida y dice las cosas con claridad sin miedo al daño que pueda hacer, o aquellos que piensan lo que en cada momento exigen las circunstancias y que nunca, en su hablar o su actuar, intentan dañar a nadie con sus palabras, midiéndolas a cada momento para quedar bien con todo el mundo?

viernes, 17 de enero de 2014

Gaia

Queremos llegar a la Luna y a Marte: colonizarlos, habitarlos. Queremos convertir planetas muertos en territorios llenos de vida, preferiblemente humana. No está mal la idea si no fuera por la terrible paradoja de que los mismos que pretenden tal hazaña histórica son los que más están haciendo por destruir lo poquito que aún nos queda en el planeta en el que hemos vivido desde hace eones.

¿Residiremos en el futuro en la Luna y en Marte y, en cambio, la vida en la Tierra será poco menos que inviable? ¿Tendremos astronautas viajando por toda la Galaxia y, al mismo tiempo, seguirán muriendo personas en el mundo de hambre y enfermedades cuya cura hubiese sido posible con un poco más de dinero para la investigación?

Aspiramos a lo que no tenemos, y dejamos de valorar lo que está a nuestro alrededor, apreciándolo, como muy bien dice el refrán, cuando nos falta.

Menos Lunas y menos Martes, y más mirarse el ombligo que, en este caso sí, es lo verdaderamente importante. Nuestro ombligo es el planeta Tierra y, ya se sabe: el ombligo es el recuerdo del cordón umbilical que una vez nos unió a la Madre.

viernes, 10 de enero de 2014

Pesadilla

Dejándome llevar. Arrastrando mi cuerpo por los pasillos. Respiro. Inspiro, expiro. Sueños desmadejados. Timbres. Estrépito entre silencios. Oscuridad rota en un instante de desasosiego. Luz y parpadeo. Agua que corre. Agua.

Frío sobre el rostro. Mirada inexpresiva. El tiempo avanza y yo me siento aún dormido. Soñar que se sueña y morir, o vivir entre sueños. Más luces. Líquido oscuro. ¡Desperta, ferro! Una planta se despereza en un rincón. Se oye el aullido lejano de un perro. Líquido oscuro, agua, vientre, despertar.

El día clarea, y los pensamientos también. Las pesadillas van desapareciendo del recuerdo, y la noche, traicionera como trampa de araña, se esconde hasta que quiera regresar hasta mis dominios.

viernes, 3 de enero de 2014

Empezar o reiniciar

Eso de empezar el año cuesta. Cuesta superar tanto turrón, mantecado y anís. Cuesta recuperarse del gasto, a pesar de que uno haya salido a la calle poco menos que armado hasta los dientes con la idea de no soltar un euro de más e innecesariamente. En vano, claro, como todos los años.

Cuesta volver a madrugar. Vamos, las sábanas parecen brazos de un pulpo gigante que quiera arrastrarnos hasta el fondo del mar, la cama, y no dejarnos ir, acogiéndonos en el falso calor que será nuestra perdición.

Cuesta, sobre todo, volver a aguantar tanta idiotez y tontería que se dicen por los medios de comunicación sobre la felicidad, el nuevo año que ha de ser diferente, y mil etcéteras más. Las imágenes vuelven a ser, como no podía ser menos, las de siempre: guerras, muerte, enfermedad, injusticia, hipocresía, mentiras justificadoras de delitos contra la humanidad, y otra vez mil etcéteras.

Cuesta -quizá lo que más- seguir creyendo en el género humano. Cuesta, pero se sigue creyendo, porque si no sería mejor echar el cierre a la puerta y abandonarse, y eso es lo último que hay que hacer.

Aunque cueste, seguiremos ahí, sigamos ahí. Mientras haya una sola vela encendida la oscuridad nunca podrá ser total.