viernes, 25 de abril de 2014

La miseria de la intelectualidad

Se supone que el intelecto se utiliza para pensar, y que el ser humano, por ser capaz de utilizarlo como ninguna otra especie, debe aspirar a hacer de él un instrumento de cambio; tanto de uno mismo, como de la sociedad en la que se vive.

El llamado “intelectual”, debería aplicar su mayor conocimiento –o su mejor aprovechamiento del cerebro- para, amén de crear, aportar ideas para cambiar al ser humano, o sus condiciones sociales.

Algunos, que el universo del poder endiosa para sus fines particulares, se convierten en adalides de las injusticias, en defensores de lo añejo y lo caduco, en meros heraldos que hablan de “libertades” y defienden un capitalismo salvaje, unas democracias vigiladas por occidente, o unas diferencias sociales basadas en el dinero y en la meritocracia. Para ellos, libertad es la de empresa, igualdad es la del dinero, y fraternidad, la de sus mismos colegas de profesión mentirosos.

Así, en estos días que hemos perdido a un intelectual de los comprometidos auténticamente con el pueblo, el bueno de “Gabo”, su némesis, un tal Mario Vargas Llosa, aboga por la más rancia derecha, por el desprecio a los movimientos sociales, y por hacer la “ola” a Aznar y sus adláteres de América Latina.

Eso tiene la miseria del intelectual vendido al poder.

viernes, 18 de abril de 2014

Las "tradiciones" populares

Hay “tradiciones populares” que soy incapaz de comprender. Es más: no quiero ni entenderlas ni justificarlas. Son aquellas que se agarran a una historia de siglos para seguir manteniendo conductas y actitudes propias de otras épocas y que no deberían tener cabida en pleno siglo XXI.

Por supuesto, me estoy refiriendo a “fiestas” como la famosa de los toros de la Vega, en Tordesillas, en la que una partida de “personas” se divierte persiguiendo y acosando a un toro con lanzas de doble filo hasta matarlo, ante la atenta mirada de otros miles de “personas” que disfrutan con tan “edificante” espectáculo.

¡Pero que no se les diga que eso es una salvajada! No. Tienen la excusa perfecta: es una tradición que se remonta al siglo XV. Por tanto, es historia y hay que conservarla. ¡Sí señor, bonita excusa! Puestos a conservar, pues eso: que recuperen también hermosas tradiciones como la quema de libros, brujas y herejes, la esclavitud o la decapitación pública en la plaza del pueblo, “tradiciones” también muy históricas e instructivas que, además, congregaban a gran cantidad de público en aquellos tiempos.

Justificar la muerte de un animal para gozo y disfrute de un grupo más o menos amplio de personas me es incomprensible. Debe ser que no llego a la capacidad mental y la sensibilidad exquisita de ese grupo de lanceros que acosan a un animal que ni sabe ni entiende qué está pasando.

viernes, 11 de abril de 2014

Sombras

Cuéntame lo que hay. ¿Sombras? ¿Fríos? Una flecha espacial cruza los cielos pero ¿de qué sirven las dianas vacías? El Universo parece una burla del destino.

Agarras la tumba con las dos manos, aferrándote a ella como si fuese lo último que te hiciera falta, apenas respirando, reptando por un suelo estéril que hace eones que dejó de serte querido. Es así como te sientes: poseyendo o sobreponiendo tu sombra a las sombras. El mármol está helado, la mariposa nunca se posa sobre las flores de plástico.

Has afilado tus dientes bajo piedras de molino, y recorrido mil caminos ya pisados antes, sin desviarte un ápice de lo que te marcaban las señales. En ningún momento viste las luces que añorabas esperando, esperando, esperando, sin saber muy bien qué era lo que tenía que acontecer. ¿Sigues mirando la flecha?

Mírate. Has muerto y has vivido, y has vuelto a morir y has vuelto a nacer. Nada nuevo bajo el sol inmóvil, sólo un viento frío, una losa helada, una sombra que se alarga cada vez más.

domingo, 6 de abril de 2014

Independiente

Independiente. Curiosa palabra que más de uno utiliza para justificar sus actitudes y darles un aire de coherencia y sentido. Ser independiente, para esta clase de personas, significa no tener ningún tipo de carné, ni pertenecer a ningún sindicato o partido, ni ser defensor de una determinada ideología. Ser neutro, en definitiva.

En esta sociedad amorfa y borreguil en la que cada vez estamos más inmersos, ser “independiente” es la aspiración de la gran mayoría, pero confunden esa independencia con la monotonía, la carencia de ideas propias o el seguidísimo a rajatabla del ocupante del poder en cada momento. No es una generalización, por supuesto, pero es curioso que muchas veces es precisamente ese tipo de personas que cambian de chaqueta como quien cambia de calzoncillos, quien acusa a los que defienden determinadas ideas de no ser “independientes”, de seguir consignas de partidos o sindicatos, o cualesquiera otras organizaciones.

Hay que abogar por una “dependencia” militante. Es decir, que no es más honrado o decente aquel o aquella que van por libre que los que se han señalado de alguna forma militando, participando o, simplemente, afirmando públicamente su ideología o sus convicciones. Se puede pertenecer a cualquier organización y tener un espíritu crítico, feroz y constructivo, coherente y formador. Y se puede ser “independiente” y ser cómplice del engaño de Estado, de la corrupción y de otras mil barbaridades.