sábado, 28 de junio de 2014

Mundos imaginarios

El empresario Warren Buffet ya lo dijo hace poco tiempo: “Existe la lucha de clases, y la estamos ganando nosotros”. Por supuesto, con el “nosotros”, se refería a los suyos; capitalistas, grandes multinacionales, y políticos que medran en el poder.

Vivimos en un mundo en donde la historia, lejos de desaparecer -como pronosticaba Francis Fukuyama, quizá con el ánimo de que nada cambiase una vez fijadas las bases del capitalismo más salvaje- da una oportunidad para retomar las relaciones sociales, que deberían basarse en la solidaridad y no en una falsa democracia burguesa que siempre favorece a los mismos. Un cambio que debe producirse desde abajo hacia arriba, y desde arriba hacia abajo. Lo segundo es mucho más difícil, vista la postura de los gobernantes ante los problemas de salud, educación, vivienda y alimentación de las clases populares.

Es incomprensible que se pretenda actuar como los niños pequeños, cerrando los ojos para que el problema desaparezca. Nada es intocable, habría que repetirles una y otra vez. Hasta la saciedad si es preciso, hasta que en sus cabezas entre la idea de que todos merecemos los mismos derechos, y todos tenemos las mismas obligaciones. Ellos más que nadie, porque están ahí para defender y representar los intereses de sus conciudadanos.

Viven en mundos imaginarios, donde todo es perfecto y sus amigos y familiares nadan en la abundancia, se enriquecen y gastan en lujos. Creen que nunca nada les va a afectar, y que la justicia está siempre de su parte. Piensan que tienen todo controlado, y que sus fuerzas del orden –que son suyas, nadie se equivoque- mantendrán todo en perfecto estado de revista, y darán palo al que se pase de esa raya que han puesto entre ellos y esa otra clase a la que están ganando la batalla.

La batalla, que no la guerra, aclaremos. La guerra aún no ha terminado, y aún no se ha dicho la última palabra. Quizá entonces, cuando llegue el final, pidan clemencia y perdón, y sus víctimas tengan en sus manos el futuro de tamaña caterva de individuos.

miércoles, 18 de junio de 2014

Cadenas doradas

¿Por qué lo llaman democracia cuando quieren decir monarquía? ¿Por qué prohíben manifestaciones prorrepublicanas el día de la proclamación de un nuevo borbón? ¿Por qué se anulan las banderas republicanas de las balconadas del trayecto de los reyes? ¿Por qué hay tanto meapilas, genuflexista profesional, periodista de pacotilla con sueldo millonario, político de “izquierdas” con una verborrea decimonónica, miserables que abogan por una institución caduca? ¿Acaso piensan que en este país solo viven borregos apoltronados y sin seso?

No. No nos callarán. No deben callarnos. No lo van a conseguir. Y no porque tengan razón alguna, que la historia los desmontará, como ya hizo con sus ancestros, sino porque el pueblo es el que decidirá finalmente. No un pueblo aborregado, sumiso, súbdito de los poderosos, oprimido por la banca y el capital, vilipendiado por el bipartidismo, engañado por todos, sino un pueblo libre, que va a cambiar las cosas, de una forma definitiva y radical. Radical de profundo, de honesto, de transparente, de decir las cosas claras. Radical de tender la mano a los más desfavorecidos y sacarlos del hoyo donde los han metido las políticas del capital del PPSOE.

¡Basta ya de insultos! ¡Basta ya de descalificaciones, de prohibiciones, de engañifas para estúpidos! ¡No hay que consentir que este particular juego de tronos se imponga vía decreto, que no es otra cosa que un golpe de estado barnizado con una retahíla de leyes firmadas –curiosamente- por el mismo que va a ser beneficiado absolutamente.

¿Dos reyes? ¿Dos reinas? ¿Acaso los lacayos habrán de pagar el doble para mantener a los caza elefantes de toda la vida, que no han dado palo al agua desde que se sepa, y que son herederos de una casta que ha dado personajes tan “ejemplares” como Fernando VII o Isabel II?

Ya lo dijo Franco en su momento: “Todo está atado y bien atado”. Con cadenas doradas como las coronas de los borbones, y símbolos tan parecidos en sus ideales e intereses como la gaviota sobre fondo azul y el puño sobre fondo rojo. Dos caras de la misma moneda: mantener el sistema para que medren los de siempre a costa del pueblo.

Por una sociedad digna: ¡Tercera República Ya!

sábado, 14 de junio de 2014

Aviso para navegantes

Tras las elecciones europeas el bipartidismo, y todas las instituciones que viven de él y le soportan –monarquía borbónica incluida- han temblado. Tras los insultos, descalificaciones y demás memeces que los medios de comunicación y los políticos de los grandes partidos han arrojado sobre Podemos y Pablo Iglesias, viene un remanso de aparente tranquilidad.

Pero, no se equivoque nadie: es la calma que antecede a la tempestad. Los poderes fácticos –monarquía borbónica incluida, repito- saben que un continuo ataque a las nuevas maneras de hacer política y estado puede repercutir en su contra. Ya se sabe que el común tiende a identificarse con los perseguidos. El poder, corrupto y que quiere perpetuarse, también sabe de esa máxima y ya está preparando los cimientos para que nadie lo quite de en medio.

Todo pasa por una coalición bipartidista, que defienda una constitución caduca, en la que la forma de estado ha sido impuesta tras un golpe de estado legitimado en unas cámaras que ya no representan al pueblo. Pero no basta con ese dueto de los dos grandes partidos. También se necesitan otras armas. Y ahí está el responsable de la Policía Nacional de España, que advierte sobre el aumento y el peligro del terrorismo anarquista, haciendo referencia al ataque perpetrado en la basílica del Pilar. ¿A qué viene este alarmismo cuando no hay datos de que haya cédulas organizadas anarquistas? ¿A qué este aviso a navegantes?

Reflexionemos. ¿Nadie recuerda ya del intento de ilegalización de Bildu, acusada de ser lo mismo que ETA? Hay precedentes, y no sería de extrañar que de aquí a poco alguien, desde algún juzgado, un tribunal o una instancia de poder, acuse a Podemos, o a Pablo Iglesias, de estás detrás de esas supuestas redes terroristas anarquistas. Ilegalizando esta opción política se acaba con una más que posible alternativa a la corruptela y el nepotismo. Tiempo al tiempo.

sábado, 7 de junio de 2014

La democracia de los súbditos

Un rey necesita súbditos, y genuflexiones, y alabanzas inmerecidas, y privilegios, y aplausos de magnates, tiranos, aristócratas o exiliados de sangre azul. También necesita de políticos sinvergüenzas ajenos a las necesidades del pueblo, amigos de la caza, toreros, intelectuales de medio pelo o de ninguna ética, meapilas, mentecatos, gente simple que no ve más allá de sus narices, un clero vilipendiador de libertades y adorador de inquisiciones pasadas y presentes, una justicia de ojos cerrados según quién sea el acusado, un buen coto de caza, una mansión en la montaña, o en la playa, una holgada cuenta bancaria, un aparato propagandístico que ejerza la censura, unas masas aborregadas, y un sinfín de despropósitos que lo cubran todo con la vitola de “legal”. Eso es lo que necesita una monarquía.

Una democracia solo requiere de un pueblo libre que decida en cada momento lo que quiere ser, a quién quiere como jefe de estado, y a dónde desea ir.

¿Es tan difícil la elección? Pues parece ser que al bipartidismo, y a sus adláteres no les interesa preguntar el pueblo. Para eso está la sacrosanta constitución, pergeñada en una situación política donde oponerse a la monarquía significaba quedar fuera del sistema –cuando no la continuación de la persecución política franquista-.

El que quiera hacer genuflexiones, que las haga en la intimidad de su domicilio, y el que desee ver coronas, coronados, altezas y demás simplezas heredadas de la edad media, que bucee en los libros de historia… Como bien dijo Manuel Azaña, presidente de la República, que equiparaba en sus discursos la Libertad con la propia existencia de la república: “La libertad no hace más felices a los hombres, los hace sencillamente hombres”.

Pues eso, ¿abogamos por la libertad, en su sentido más amplio, o asumimos como corderos el mantenimiento de una institución obsoleta que el pueblo no ha elegido? ¿Seremos hombres libres o, simplemente, súbditos al arbitrio de los poderosos?

miércoles, 4 de junio de 2014

Razones para ser republicano

Ahora que quieren imponernos un nuevo monarca, a pesar de que se llenan la boca de palabras como “democracia”, “participación popular”, o “soberanía”, es importante e imprescindible preguntar a la ciudadanía por qué forma de estado apuesta. Lo demás serán imposiciones, que siguen manteniendo –cosa curiosa- los dos partidos que se han repartido el pastel desde el principio de esta democracia que se ha demostrado vacía de contenidos en esta época de crisis.

¿Por qué ser republicano y no monárquico?

Porque en una República sus habitantes son ciudadanos, no súbditos.

Porque a un presidente de la República se le elige libremente y por un mandato establecido y limitado, y si lo hace mal, pues se cambia con unas votaciones democráticas, sin tener que soportar sus defectos, carencias y arrogancia durante el resto de su vida.

Porque todos los ciudadanos son iguales, y nadie puede ser más que nadie solo por la herencia de la sangre.

Porque nadie ha de hacer genuflexiones ante nadie, ni exigir a otros que lo hagan.

Porque la “gracia de Dios” no es ningún argumento para ostentar una corona, ni ningún otro poder.

Porque la República es la verdadera herencia democrática, la heredera de la que los golpistas derribaron en 1939, y no debe nada a nadie salvo al pueblo, que la votó y la hizo posible. El régimen dictatorial que la sustituyó es quien impuso a su sucesor, un monarca hereditario.

Porque esta constitución, y esta monarquía, fueron votadas hace casi cuarenta años, y más de la mitad de la población no ejerció ese derecho, porque no tenía la edad o no había nacido. Es el momento de volver a someter a la soberanía nacional una decisión tan trascendental como continuar con la monarquía o instaurar la república.

Porque esta monarquía jamás se ha manifestado a favor de los trabajadores, ni ha criticado las políticas de recortes de los poderosos, ni ha dado ejemplo de austeridad y solidaridad para con el pueblo que dice representar.

Por esas, y otras muchas razones, o se es republicano o se es súbdito. A quien le apetezca besar manos, arrodillarse, o agachar la cerviz ante un señor cuyo único mérito es ser hijo de su padre, que defienda la monarquía. A los hombres y mujeres libres, sin embargo, esto no les vale.

lunes, 2 de junio de 2014

El último Borbón

El rey ha abdicado. ¡Viva la República! Por mucho que los medios de comunicación, los grandes partidos que han vivido del régimen, o de los soplagaitas de medio pelo que medran en el clasismo y sobreviven de la servidumbre, el borbón se marcha.

Pero no ha de bastarnos con ello. Sus posibles méritos –si es que tiene alguno aquél que ha sido nombrado sucesor por un tirano genocida- no pueden justificar la herencia del reino por parte de su hijo. Un país no es una casa, ni un coche, ni unos millocenjos en una cuenta bancaria. Un país está habitado por ciudadanos, que no por siervos, ni por súbditos, ni por esclavos, aunque sean del capital. Una democracia que se precie no puede permitir que el más alto cargo del país sea hereditario, porque eso es un insulto a la inteligencia y a la propia participación del pueblo soberano.

Es el momento de pedir, de exigir, un referéndum sobre la continuidad de esta monarquía, que ha demostrado con creces que el pueblo le importa un carajo, o el cambio de régimen, que pasa por una tercera República, que conlleve además la revisión de toda le estructura estatal y la refundación del estado.

Si los poderes fácticos, el bipartidismo corrupto, o los medios de comunicación controlados por el gran capital se niegan a permitir este referéndum ni el borbón heredero, ni el propio régimen que lo sustente, tendrán legitimación alguna sobre la ciudadanía.

Y si no hay legitimación, estaríamos gobernados por esa casta de corruptos anti demócratas que nos están llevando al abismo.

domingo, 1 de junio de 2014

Se puede

Si se quiere, se puede. Podemos, si queremos. Todo reside en la fuerza de la voluntad. De esa voluntad que desea cambiar el mundo, la sociedad, el género humano, y que lucha contra un sistema corrupto, egoísta, individualista, vendido a los valores monetarios, consumista y destructor del medio ambiente. Hay conciencia social para buscar otras soluciones que no pasen por la eliminación de derechos sociales, el atropello de los más débiles y el enriquecimiento de unos pocos. Se puede acabar con los privilegios de la casta –de los que algunos tienen la desfachatez de presumir de pertenecer a ella-, las instituciones caducas heredadas de la antigüedad, las judicaturas politizadas, las injerencias de la religión en la vida ciudadana, la falta de democracia creciente en todas las instituciones… Se puede. Queda la esperanza de que la ciudadanía empieza a abrir los ojos.

Es poco, pero es un primer paso muy importante. Los grandes cambios no se producen de un día para otro: requieren de una toma de conciencia por parte de cada vez una mayor cantidad de personas. Aquí sobran las ideologías, porque lo que importa es el ser humano. ¿Y quién no puede estar de acuerdo en que sus conciudadanos tengan una sanidad decente, una justicia equitativa, una vivienda digna, un trabajo bien remunerado, o una educación que fomente la inteligencia y la creatividad? Solo los egoístas, los individualistas, los corruptos, los consumistas, y los que ponen lo monetario sobre lo social defenderán una sociedad desestructurada. Ellos son la casta, y con ellos hay que acabar.

Por las buenas, o por las peores. Se puede. Podemos.