miércoles, 9 de julio de 2014

El caos controlado

Irak, Palestina, Afganistán, Siria, Ucrania, Libia, Egipto… ¿qué tienen en común todos estos países? Respuesta: una intervención estadounidense, directa o indirecta, justificada como una lucha “por la libertad” de esos pueblos. Nada más falso, y nada más lejano de la realidad.

La política exterior estadounidense se basa en la teoría del caos controlado, esto es: provocar caos en aquellas zonas de interés geoestratégico, pero de tal forma que no afecte al equilibrio mundial y, por supuesto, refuerce la presencia militar y económica de EE.UU.

Lejos quedan ya los apoyos a dictadores sanguinarios, como fue el caso de América Latina, o de muchos países de África, aunque quedan vestigios en países amigos de Obama, como Arabia Saudí, o Marruecos. Ahora se trata de invadir, apoyados por la OTAN, aquellos países a los que se acusa de terrorismo, o de albergar cédulas terroristas. Luego, se nos garantiza que retornará la democracia y vivirán en el mejor de los mundos… y el resultado siempre es el mismo: caos, guerra, matanzas, radicalismo religioso.

¿Está mejor Irak ahora que con Saddan Hussein? ¿Es Afganistán un país más libre para sus mujeres? ¿Libia es la tierra de la paz eterna? ¿Ucrania ha salido beneficiada de su rendición ante la Comunidad Europea dirigida por Alemania y Gran Bretaña? ¿Egipto es más democrático ahora que con los partidos islamistas que ganaron unas elecciones generales? Y así hasta el infinito. La política de la administración Obama, basada en el “sí, se puede”, no ha sido más que una falacia, un engaño que ha calado hasta hoy mismo, porque aunque los resultados son nefastos para la paz y el equilibrio mundiales, su figura sigue siendo ensalzada y apoyada por los pazguatos de los gobiernos occidentales, más preocupados en mantener sus parcelas de poder que en conseguir una auténtica paz mundial basada en la igualdad, la solidaridad y la democracia participativa.