viernes, 15 de agosto de 2014

Las verdades del imperio

La prensa occidental, hábilmente controlada por los EE.UU. de Obama, mantiene su campaña para convencer a la opinión pública de la “bondad” de las actuaciones del Imperio y la OTAN. Las noticias no tienen por dónde cogerlas, y un mero análisis de las mismas pone en evidencia las profundas contradicciones que mantienen.

Así, cuando son los EE.UU. y sus adláteres los que bombardean otros países, se justifica aludiendo a “motivos humanitarios”. Si se facilitan armas a uno de los bandos, se hace para “salvaguardar vidas” o “proteger civiles inocentes”. Al mismo tiempo, se apoyan regímenes de clara tendencia fascista implantados mediante un golpe de estado, como es el caso de Ucrania, se condena a Rusia porque envía ayuda humanitaria a los prorrusos de Donetz, o se mira hacia otro lado cuando la población civil de Palestina es masacrada por el sionismo israelí.

Se habla continuamente de combatir el terrorismo islámico, al tiempo que la administración Obama arma a las milicias yihadistas que combaten contra el gobierno de Siria, y que fueron responsables, entre otras barbaridades, del uso de armas químicas contra la población.

Si un país se niega a seguir los dictados marcados por los organismos internacionales controlados por las multinacionales o los países occidentales, su gobierno es tachado de antidemocrático. Si una nación se niega a pagar sus deudas con los usureros multimillonarios que se enriquecen con la pobreza de poblaciones enteras, este es tachado de actuar contra la “legalidad internacional”. Tanto Venezuela, como Bolivia, Perú, o Argentina, están siendo acosados, en una suerte de neocolonialismo, para que tuerzan su brazo y se pliegue a las condiciones impuestas desde Europa occidental y EE.UU. Y los medios, a todo esto, haciendo campaña a favor de la “democracia” y la “economía de mercado”. Las mismas que nos están llevando al caos, las guerras y la extrema pobreza.

Estas son las verdades del Imperio. Las auténticas verdades del famoso y engañoso discurso del “Yes, wen can”. Porque el gato, sea del color que sea, siempre comerá ratones.



domingo, 3 de agosto de 2014

Palestina

Hablar a favor de Palestina y en contra de los gobiernos de Israel supone, en muchas ocasiones, la acusación de antisemitismo. Israel está aplicando la misma política de “lebesraum” que los nazis alemanes, sin más. Obama, que ha demostrado que el “yes, wes can” no es sino el “se puede seguir haciendo las mismas barbaridades”, confiesa torturas, mantiene el campo de prisioneros de Guantánamo, sigue vendiendo armas al gobierno sionista, y veta cualquier resolución de apoyo a Palestina, vamos, igual que hacían los nazis con los gobiernos aliados (léase la Italia de Mussolini o la España de Franco), sin más.

Si alguien critica la guerra de exterminio llevada a cabo por Israel, apaga y vámonos, que saltan los Jon Voight de turno –mequetrefes fascistas metidos a actores- a defender lo indefendible, con los mismos argumentos manidos de siempre. Si un periodista habla de lo que está pasando en Palestina, llega el bocazas de la embajada israelí y exige al gobierno español que retire a dicha corresponsal, hecho que, por cierto, ha denunciado la organización Reporteros Sin Fronteras. Vamos, que se hace lo que el “bueno” del nazi Goebbels practicaba en la Alemania de los años treinta y cuarenta.

Que hace falta mentir, acusando a Hamás de haber secuestrado y asesinado a tres jóvenes israelís, cuando después se ha demostrado por los propios investigadores judíos que fueron dos palestinos sin vínculo alguno con la organización los que cometieron el crimen, pues se miente. Si se dice que han secuestrado a un soldado judío y que ha sido Hamás, pues viene el Obama y toda la prensa internacional, y lanzan la campaña para justificar más bombardeos y muertes… aunque después el propio gobierno sionista confiese que se confirma que el soldado… murió en combate.

Si se firma una carta de apoyo al pueblo palestino, clara y contundente, los medios sionistas lanzan su campaña de acoso y derribo, para que el inocente que ha cometido la imprudencia de condenar un exterminio se deba retractar y firmar otro documento en el que equipara a víctimas y verdugos. Vamos, igual que se justificaban los nazis cuando invadieron Francia, Polonia, Grecia, Yugoslavia, o Rusia.

Quien a estas alturas no tenga claro que el estado sionista israelí es igual, en esencia, al nacionalista alemán de Hitler, sigue viviendo en otro mundo; en esa realidad paralela en la que los EE.UU. e Israel, con sus líderes a la cabeza, defienden la democracia, la libertad y la justicia ante un enemigo maquiavélico, despiadado, satánico y violento, que puede ser la Rusia de Putin, la Venezuela de Maduro, la Cuba de Casto, o la Palestina de Hamás. Vamos, igualito, igualito que hacía Hitler.

Y ya sabemos qué hubo que hacer para acabar con el del bigotito.