viernes, 31 de octubre de 2014

Sueños de la sinrazón

¡Oh, sueños de la sinrazón que producen los monstruos! ¡Desvaríos que se convierten en ley y norma a cumplir! El viento sopla muy fuerte en estos páramos, y no sé qué hacer, qué decir, dónde refugiar mis instintos.

Mis ideas están desnudas, desprotegidas frente al caballero negro que blande la espada flamígera del poder y la imposición. Esto no es el paraíso, no al menos para mí. La noche oscura se adelanta en el tiempo, mil infantes más mueren de hambre, y un ave de metal arroja sus entrañas de muerte sobre una aldea miserable.

¡Oh, sueños de la sinrazón que producen los monstruos! Los sensatos dirimen, en asientos de terciopelo, cuál ha de ser nuestra sensatez, a pesar de que la razón se niega a admitirla. El cielo ve caer sus estrellas, y no hay futuro, sólo la oscuridad del deseo silenciado, el pesimismo de los desesperados, la tristeza de las viudas y los huérfanos.

sábado, 18 de octubre de 2014

Aminora el paso

Aminora el paso, mira el paisaje. No dejes que el horizonte te hipnotice y la tierra que pisas te sea ajena. ¿Me escuchas? Ensimismada en futuros hipotéticos, crees que eres infinitud y eternidad, mas sólo puedes compararte con una mota de polvo, una gota de lluvia, un suspiro en medio de un huracán. Desciende.

Estás aquí de alquiler: todo lo que tienes está arrendado por tiempo limitado. Hay una hora en la que el horizonte se apagará y sólo verás la oscuridad que sí será infinita y eterna. Aprovecha ahora, ausente, y recréate en el paisaje que vas recorriendo, porque, tal vez, nunca más tengas la oportunidad de respirar su aire o pisar su tierra

Desciende a los infiernos. Vive fuera de paraísos hipotéticos. Adórate a ti mismo como si fueses dios, y ódiate como a tu peor enemigo cuando dejes de serlo. Asciende entonces. El futuro no existe, debes saberlo, como tampoco existe el presente. Sólo pasado, sólo momento vivido.

miércoles, 8 de octubre de 2014

Ser o no ser

¡Ser o no ser, he aquí el dilema! Romperse las espaldas en luchas ideológicas que nunca parece que puedan realizarse, o refugiarse entre las acogedoras sombras dentro de la torre de cristal ¿Hay término medio?

Miro la calavera, y el fantasma aparece en lo alto de las escaleras-mente, y me grita: ¡Necio ¿acaso crees poder cambiar el mundo? No sé qué responderle y de nuevo miro al descarnado rostro sin ojos ¿Sabes qué responderme? El espectro ríe a carcajadas mientras el resto del mundo aguarda en silencio.

¡Nunca más! Grita la calavera-conciencia, y mi corazón palpita, angustiado, sin querer saber qué ha entendido, qué entiende ¡Destino, dime qué he de hacer! La niebla ha sustituido al fantasma y cubre ahora, mortaja-olvido, las ruinas del Templo. Una solitaria y desgarrada bandera ondea breves instantes y luego cae, engullida por el olvido ¡Nunca más!

Despierto. Giro la cabeza y observo el despertador-calavera-espectro. Son las seis y media de la madrugada: hora de levantarse ¡Ser o no ser! Hoy, ser; mañana, no se sabe.