sábado, 13 de febrero de 2016

Orgulloso de ser de izquierdas



Parece ser que en este mundo dominado por lo políticamente correcto, que tan hábilmente –y a veces, también tan burdamente- difunden los mal llamados medios de comunicación, ser de izquierdas está condicionado por los qué dirán. 
           
Ser de izquierdas se permite, por supuesto, pero dentro de unos límites. Se puede ser progresista, pero no castrista ni chavista. Se puede hablar de los abusos del capitalismo, pero no de implantar una sociedad socialista real. Se puede hablar de los derechos humanos y de las injusticias sociales, pero no se puede decir que el sistema hay que cambiarlo radicalmente. No, si se hace eso lo mismo llega una denuncia por apologismo del terrorismo y vaya usted a saber qué cosas más.

            La izquierda que renuncia a su pasado, con sus errores y aciertos, hace el juego a la derecha, que es lo que se pretende. ¿Por qué no puedo manifestar mi admiración por Hugo Chávez, a pesar de sus errores? ¿Por qué no puedo glorificar la revolución cubana que acabó con un dictador impuesto por EE.UU.? ¿Por qué no puedo echar de menos a la URSS y lo que significaba como contrapunto al imperialismo occidental?

            Pues no se puede porque es políticamente incorrecto. La derecha puede seguir manteniendo monumentos al dictador Franco, y calles con nombres de militares asesinos como Mola, pero la izquierda, por mor de esa traición a las clases obreras que supuso la transición a este remedo de democracia, se calla, consiente y se limita a poner parches a un sistema que no funciona.

            Ejemplos los tenemos, como el de los líderes de Podemos, que de pasar a elogiar lo acontecido en Venezuela llegaron a renunciar a ello, como si fueran Pedro negando a Cristo.

            Cosas de esta izquierda que pretende conseguir el voto de centro. Vacíos ideológicos que no se llenan con frases políticamente correctas. Uno es de izquierdas, para lo bueno y para lo malo. Y en eso consiste básicamente ser progresista: en enfrentarse a la realidad para intentar cambiarla y no para quedar bien ante los auditorios o los medios de comunicación.

            Así nos va.

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