miércoles, 17 de febrero de 2016

Tarasov, Putin y la furia de la UEFA



Polémica porque un jugador ruso se quitó la camiseta, al final del partido contra un equipo turco, en la que mostraba su apoyo… a su propio presidente, Putin. Indignación en Turquía, claro, que el Erdogan no puede consentir que apoyen en sus narices a un hombre que le está desbaratando sus planes petrolíferos en Siria. Indignación en la prensa occidental, que no puede concebir que un ruso apoye a su presidente. Indignación en la UEFA (un nido de buitres especulando con el fútbol como negocio) que sigue intentando separar política de deporte, como si el fútbol fuera algo alejado del tiempo y del espacio.

            ¿Es que Dimitri Tarasov, ese futbolista que mostró su apoyo a su presidente, no tiene derecho a hacerlo donde y cómo quiera? No lo hizo ni al principio ni durante el partido, sino al final… y en campo contrario. No decía nada contra Turquía, ni ofendía a Erdogan ni los suyos… pero la UEFA ha intervenido. En manos de políticos occidentales, con intereses occidentales, cualquier excusa para castigar a Rusia o a los deportistas de este país es válida. Se suma a la sanción en atletismo, castigando a todo un país por unos casos de dopaje puntuales, y la amenaza de suspender la celebración del mundial de fútbol en Rusia, procedente del demócrata Reino Unido. Curioso que haya tantas casualidades.

            Tarasov ha apoyado a su presidente. Podremos estar más o menos de acuerdo con algunas de sus políticas (la de Siria, en cambio, está demostrando hacer tanto daño al terrorismo del ISIS como a sus apoyos occidentales), pero de lo que no se puede acusar a Tarasov es de traidor o hipócrita. Tal vez, si la camiseta hubiera tenido la imagen del bonachón de Obama, la historia hubiera sido otra, y hasta se le reiría la gracia y se le entrevistaría.

            Lo de siempre. Doble rasero de medir. Espanto por unas actuaciones perfectamente democráticas y lógicas, y mirar para otro lado cuando no interesa ofender los intereses propios.

            Más haría la UEFA en limpiar su casa, dejarse de falsas consignas antipolíticas, y conseguir que el fútbol no siga siendo un negocio, un cortijito en el que muchos medran a costa del común de los mortales.

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